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Prólogo



​El Despertar de las Trompetas

​La cuenta regresiva no comenzó de la noche a la mañana. Sus engranajes empezaron a girar en las primeras décadas del siglo XX, cuando los estallidos bélicos de 1914 estremecieron al mundo, las pestes globales cobraron millones de vidas y la geografía de las naciones se reestructuró exactamente como estaba profetizado.

Lo que la historia humana registró simplemente como el inicio del siglo moderno, en el plano celestial marcaba la apertura del principio de dolores.

​Durante décadas, el reloj siguió su marcha inexorable. Las guerras se multiplicaron, la tecnología aceleró un sistema de control global omnipresente y los fenómenos climáticos pasaron de ser anomalías a advertencias cotidianas.

Sin embargo, la humanidad prefirió seguir dormida. ​Hasta que el tiempo de la paciencia divina alcanzó su límite.

​El sonido no provino de la tierra ni de los radares militares. Fue un estruendo espiritual que rasgó los cielos sobre la península coreana, haciendo eco del juicio escrito en la revelación antigua: la Primera Trompeta había tocado.

En cuestión de minutos, el sol perdió su brillo bajo una densa atmósfera cargada de fuego y un aire metálico que paralizó los sistemas digitales de la moderna metrópoli de Seúl.



​Sabiendo que su tiempo es corto, el adversario ha desatado una cacería feroz y sin precedentes sobre la Tierra.

Su objetivo es cruel y directo: arrastrar a los creyentes al engaño, quebrar su fe en medio de la persecución y hacer que pierdan la salvación eterna que les fue prometida.

​Pero en el diseño del Altísimo, la luz brilla con más fuerza en la noche más oscura.

​En medio del pánico que sacude a las naciones, Dios ha dispuesto un plan de rescate divino. Dos jóvenes escogidos en Seúl -un ex-agente de inteligencia acostumbrado a las sombras y una joven fortalecida en el don de la verdad- reciben una comisión celestial.

A través de dos medallones divinos, investidos con autoridad espiritual y el fuego de la fe, Kang Ji-Hoon y Seo Ye-Rin son enviados a la trinchera final.

​Ellos no lucharán por reinos terrenales; su misión es proteger al remanente, arrebatar a las almas del engaño de la serpiente y guiarlas con firmeza para que nadie pierda su corona.

​El primer sello se ha roto, la primera trompeta ha sonado y el reloj profético iniciado en los años 1900 ha llegado a su hora cero.

La batalla por la eternidad ha comenzado.






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