Aprendí a No Gritar

Capítulo 9 "Un Best Seller en Proceso"

La madre de mi verdugo, de la que ni siquiera sabía su nombre en el momento, pero luego me averiguaría tiempo después, seguía mirándome esperando una respuesta. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero también de algo más… miedo, preocupación, pánico.

—Por favor… —repitió—. Dime que esto no es real.

Sentí el cosquilleo en mi oído otra vez y luego su voz fría, tranquila y despreocupada del otro lado.

—Recuerda lo que te dije, Celeste —apreté los dientes—. Ni una palabra sobre mí, sobre lo que hacemos.

Mis manos estaban temblando.

No podía mirar a la madre de ese joven a los ojos porque sabía que estaba a punto de mentirle y yo era pésima mintiendo.

—Yo… no sé qué es eso —logré decir finalmente cuando la saliva de mi boca regresó aunque fuera en una cantidad precaria.

Las palabras me quemaron en la garganta y la mujer frunció el ceño como si no creyera en mis palabras y le enojara que le estuviera mintiendo en la cara.

—Pero tú la estabas mirando… —dijo señalando la libreta cerrada sobre la cama.

—Pensé que era… un cuaderno de la universidad.

Mi voz sonaba débil. Incluso a mí me costaba escucharla claramente.

Ella miró la libreta otra vez y sus dedos acariciaron la portada negra lentamente.

—Mi hijo no haría algo así…

La forma en que lo dijo no sonaba convencida por completo. Sonaba como alguien intentando desesperadamente aferrarse a una mentira para no tener que atrapar la verdad con ambas manos. Como una pelota de béisbol que acababa de ser arrojada a mitad del partido.

Aunque yo no sé absolutamente nada sobre béisbol, ya que no es un deporte muy popular aquí en Colombia.

—Él siempre fue un buen niño —continuó en voz baja y sus ojos brillaron con lágrimas contenidas—. Nunca se metía en problemas…

Sentí un nudo en el pecho porque en ese momento me di cuenta de algo terrible.

Para ella… él todavía era solo su niño.

No un monstruo, no el asesino, no la persona que me atormentaba desde hace apenas 3 días, pero que ya se sentían como si hubiera pasado una vida desde que lo había conocido.

El sonido de la puerta principal de la casa abriéndose con el chirrido de las llaves dentro de la cerradura hizo que las dos levantáramos la cabeza al mismo tiempo con sorpresa.

Mi corazón se detuvo.

Luego se escucharon sus pasos lentos acercándose por el pasillo, meticulosos, completamente tranquilos.

La mujer a mi lado se puso de pie rápidamente y yo la imité.

El silencio cayó sobre la habitación y fue entonces cuando la puerta se abrió. Él estaba ahí, entró solo un par de pasos y luego se apoyó en el umbral de la puerta con una expresión despreocupada. Como si nada estuviera fuera de lugar.

Sus ojos marrones recorrieron la habitación lentamente. Primero miró a su madre, luego la libreta sobre la cama, finalmente sus ojos se posaron en mí y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Veo que encontraron mi cuaderno.

Nadie habló.

Su madre quedó completamente paralizada.

—¿Qué es esto? —preguntó ella finalmente tomando la libreta nuevamente entre los dedos.

Su voz ya no temblaba, había algo diferente en ella.

Confusión y miedo.

Él caminó lentamente hacia la cama frente a la que estábamos ambas. Cada paso parecía calculado, como si estuviera calculando cada pisada mentalmente.

—Solo un proyecto —respondió con tranquilidad, tomando la libreta de manera despreocupada sobre las manos de su madre. Como si fuera un simple cuaderno y no la libreta del mal y el testimonio de sus pasados o futuros crímenes.

La mujer lo miró con incredulidad.

—¿Un proyecto?

Él no la miró en respuesta, solo abrió la libreta como si fuera cualquier cosa, pasando algunas páginas como si estuviera revisando notas normales y no el testimonio de su vida de asesino.

—Historias —explicó—. Para escribir una novela.

El silencio en la habitación era tan pesado que podía sentir mi propia respiración en el aire.

La mujer lo observaba con atención e intentaba leer su expresión inescrutable.

—¿Historias? —repitió ella.

Él asintió y luego levantó la mirada hacia mí nuevamente. Sus ojos se clavaron en los míos y yo sentí ese disparo con silenciador que siempre ocurría cuando sus orbes marrones me atravesaban. Pero todo se sentía como si en vez de balas normales, me lanzara patéticas balas de salva, que aunque sí dolían como el infierno, no llegaban a matarme.

—Celeste lo sabe, ella me ayudó a elegir las fotografías de algunas personas de su universidad, para poder hacer descripciones físicas que suenen reales para el lector. Todos nos dieron la autorización de tomar esas fotos sin ningún problema para apoyar la escritura de mi historia —sentí que el estómago se me hundía—. Ella también me está ayudando con la trama.

La mujer me miró esperando confirmación y luego el dispositivo en mi oído vibró suavemente. Miré a Óscar y tenía el teléfono dentro de las páginas de la libreta con la horrible aplicación de tortura abierta.

Advertencia.

Tragué saliva.

—Sí… —dije finalmente chasqueando la lengua como si me costara trabajo moverla para articular las palabras correctas—. Su hijo va a escribir un best seller.

Las palabras salieron casi en un susurro.

Su madre me observó durante varios segundos. Parecía estar intentando decidir si creer en mis palabras o no.

Finalmente suspiró en aceptación.

Fue demasiado fácil, pero creo que al enfrentar realidades así de oscuras. La ignorancia es una bendición como ya lo había mencionado. Creer que algo tan horrible es falso, es más sencillo que enfrentarlo.

—Me asustaron —su voz sonaba agotada—. Por un momento pensé…

No terminó la frase y él cerró la libreta con calma junto con el celular adentro y luego caminó calmadamente hasta quedar al lado de ella, bajando la cabeza para mirarla ya que la superaba drásticamente en estatura.




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