Aprendí a No Gritar

Capítulo 25 "Jaula Fracturada"

El agua del caño se movía lentamente en la oscuridad en un sonido constante y abrumador que se mezclaba con la lluvia y me sobrecogía, me alarmaba y casi provocaba que los temblores de mi cuerpo y la ansiedad se salieran por completo de mi control. Todo eso se mezclaba con la adrenalina de estar a punto de terminar el juego; aunque no sabía qué rumbo tomaría la partida ahora que puedo ser sincera.

Era algo hipnótico y aterrador casi en partes iguales. Resaltando un poco más la parte de lo aterrador como siempre.

El ambiente se sentía completamente pesado. Como si el lugar mismo estuviera esperando lo que iba a pasar, como si el ambiente se estuviera preparando para la siguiente escena y hubiera sabido desde muchísimo antes, muchísimo antes que nosotros cómo terminaría esta historia.

Porque al final del día, todo está predestinado. Todo pasa por una razón o por el karma de una vida pasada.

Aunque nunca había sido muy creyente de la reencarnación o temas de un índole parecido.

Mis manos temblaban en ese momento.

Mis manos tiemblan mientras escribo esto también. Mientras escribo las últimas escenas de esta historia y los últimos diálogos que recuerdo. Mirando constantemente por la ventana de un sanatorio mental en el que me interné por voluntad propia.

Por tratar de superar un trauma que nunca en la vida, por más reencarnaciones que tuviera, iba a terminar de sanar.

Frente a mí, en ese caño de mis pesadillas. El oficial Angel estaba atado, apenas manteniéndose de pie con un esfuerzo que me resultaba casi admirable. Con el rostro empapado de una lluvia que no podía limpiar.

Digo casi porque si él había terminado ahí, si Óscar había conseguido capturarlo aún con toda esa preparación. Eso decía mucho sobre sus otras capacidades defensivas y sobre si había elegido la carrera correcta al final.

Su respiración era pesada, casi igual que la mía, pero a diferencia de esta. La suya poco a poco se iba agotando mientras la mía se intensificaba.

Me hubiera gustado preguntar si estaría igual o más asustado que yo, pero creo que ambos decidimos evitar el contacto para soliviar de alguna manera ese trauma conjunto.

Yo en el sanatorio y él retirándose por completo de la policía.

Como dije antes, se había equivocado de carrera.

Parado sobre el mismo lugar, Angel me miraba fijamente sin elevar el pánico hasta sus ojos. Siempre mantuvo la mirada tranquila, aunque yo podía identificar su absoluto terror en el ligero dilatado de sus ojos y en el constante movimiento nervioso de sus pies atados.

—No lo hagas… —susurró.

El asesino estaba a mi lado.

Tranquilo y paciente.

Como si tuviéramos todo el tiempo del mundo.

Como si todo fuera un juego para él. Y es que definitivamente así lo era, así lo fue y así lo será siempre.

Sin presiones.

—Empújalo —repitió.

Sentí que el corazón me golpeaba en el pecho. Que mis costillas dolían por las fuertes bocanadas de aire que estaba tomando y el frío horrible calándose hasta donde ni siquiera recordaba que se podía sentir frío en primer lugar. Pasando una y otra vez las manos por el rostro mojado por la lluvia para secarlo.

—No…

Él suspiró con hastío, perdiendo la paciencia lentamente.

—Celeste.

Su voz era suave, pero peligrosa.

La misma combinación aterradora de siempre.

—Sabes que esto no cambia nada.

Miré a Angel otra vez.

Él había intentado ayudarme.

Había sido la única persona que realmente vio que algo estaba mal. Que pudo mirar a través de mis mentiras tan elaboradas y seguir presionando por mi salvación con tal de sacarme de ese pozo oscuro del que ya no veía siquiera dónde empezaba y dónde iba a terminar.

—Si no lo haces tú —continuó Óscar y sus ojos se movieron hacia mí con una lentitud y un leve parpadeo—. Tendré que hacerlo yo. Y luego los dos iremos con tu madre.

Y entonces todo dentro de mí cambió durante sólo un momento.

Tal vez fue el miedo de que algo le pasara a mi madre.

Tal vez el cansancio acumulado desde hace meses.

O tal vez solo entendí algo que había ignorado durante demasiado tiempo.

Si seguía obedeciendo… nunca iba a terminar, y probablemente, aunque obedeciera. Él perfectamente podría ir por mi madre e ignorar su palabra de no hacerle daño después de terminar aquí.

Los asesinos no tienen palabra, solo actos.

Siempre habrá otra víctima, otra amenaza, otra prueba para ellos.

Y ya no quería nada más.

Tenía que acabar con esto. Aunque me costara la vida en el proceso. Aunque me costara el no haberme podido despedir de mi madre antes de hundirme por completo en las arenas movedizas y no verla nunca más.

Aún con el bonito pensamiento de poder reunirme con mi padre en lo que sea que nos esperara después de la vida mortal en la tierra.

Eso no podía ser del todo malo.

Respiré profundamente y di un paso hacia el oficial de policía.

Óscar me observaba con una pequeña sonrisa en los labios. Con una sonrisa que casi parecía de orgullo.

Esperando que lo obedeciera como lo había hecho siempre.

Angel cerró los ojos por un momento. Como si ya supiera lo que iba a pasar y como si ya estuviera preparado para morir. Como si entendiera que su destino ya estaba labrado por otra persona.

Pero cuando estuve lo suficientemente cerca... hice algo que ninguno de los dos esperaba. Con un movimiento rápido que Óscar nisiquiera presintió, llegué hasta él y lo empujé.

Empujé a mi verdugo.

Todo ocurrió en un segundo.

Él perdió el equilibrio, su expresión cambió de la sonrisa a la sorpresa y después a la furia. Yo solo me imaginé las emociones en su cabeza entrando en pánico como en la película de Intensamente.

Ese pensamiento casi me provocó satisfacción para ser honesta y me provocó una sonrisa ahora que estoy escribiendo esto.

Finalmente sus pies resbalaron en el borde húmedo del caño.




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