Había una vez un niño llamado Tito, que vivía en un pequeño pueblo. A Tito le encantaba jugar en el jardín de su casa, lleno de flores y árboles. Un día, decidió que era el momento perfecto para construir una gran fortaleza con ramas y hojas.
Mientras recogía materiales, Tito vio una escalera apoyada contra un árbol. Sin pensarlo, subió para alcanzar las ramas más altas. Pero, de repente, la escalera comenzó a tambalearse. Tito intentó aferrarse, pero perdió el equilibrio y cayó al suelo, aterrizando en un montón de hojas.
Afortunadamente, no se lastimó, pero se asustó mucho. Su madre, al escuchar el ruido, corrió al jardín. Al ver a Tito, le preguntó si estaba bien. Tito le contó lo que había pasado y su madre le explicó la importancia de ser cuidadoso, sobre todo cuando se juega con cosas como escaleras.
Esa tarde, Tito decidió que era mejor jugar con su amigo Lucas. Juntos, construyeron una fortaleza sin necesidad de escaleras, usando solo lo que encontraban en el suelo. Aprendieron a ser creativos y a trabajar en equipo.
Desde aquel día, Tito siempre recordaba la lección: jugar es divertido, pero siempre hay que hacerlo con cuidado. Y así, Tito y Lucas disfrutaron de muchas aventuras, siempre seguros y felices.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.