Aquel que observa entre las sombras

Capitulo 3

Poco a poco, él le fue contando su historia. No todo de golpe, sino en fragmentos, como quien muestra un paisaje cubierto por la niebla.
Su nombre era Kael. No era un fantasma, ni un espíritu. Era un ser nacido de la esencia misma de las sombras, producto de un antiguo pacto sellado hace siglos entre dos familias: la suya y la de Elara.
—Mis antepasados hicieron un trato —le explicó una noche, mientras ella tejía junto al fuego y su voz resonaba suavemente en su mente—: a cambio de protección eterna para tu linaje, los míos quedaríamos atados a la oscuridad. Cada generación, uno de nosotros se convertiría en el guardián de uno de los tuyos. No podemos alejarnos. No podemos mostrarnos. Y no podemos intervenir salvo que la muerte sea inminente.
—¿Y cuánto tiempo llevas así? —preguntó ella con ternura.
—Casi un siglo. He visto nacer y morir a quienes amé. He visto cambiar el mundo… y yo sigo aquí, sin tiempo, sin forma, esperando. Hasta que llegaste tú.
—¿Y yo soy diferente?
—Tú no me ves como una carga. No me temes. Hablas conmigo como si yo fuera… igual a ti. Y eso… me ha cambiado de formas que no puedo explicar.
Elara sintió que el corazón se le hinchaba. Extendió la mano hacia la oscuridad donde él estaba.
—Para mí, eres igual a cualquier persona. Más que muchas personas que sí puedo ver.
—Si pudiera… te tomaría la mano ahora mismo. Si tan solo pudiera…
Su voz se desvaneció en un susurro, y Elara comprendió entonces que su soledad era mucho más profunda que la suya propia. Ella tenía un cuerpo, un nombre, una vida. Él solo tenía sombras y a ella.




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