JIN
El amanecer se extendía sobre Seúl como un presagio cuando los siete se prepararon para la batalla final. Las coordenadas que Hyun había proporcionado los llevaron a un complejo industrial en las afueras de la ciudad, un laberinto de almacenes y naves donde el padre de Jin había establecido su último bastión.
— Según Hyun, hay al menos veinte hombres armados en el interior — dijo Namjoon, revisando los planos en su tableta.
— Además de sistemas de seguridad avanzados —
— No importa — respondió Jin, su voz firme.
— Vamos a entrar y vamos a terminar esto —
— ¿Cuál es el plan? — preguntó Jungkook.
Jin los miró a todos, sus ojos recorriendo cada rostro antes de detenerse en Mina.
— Hyun y yo entraremos por la entrada principal — dijo.
— Namjoon y Yoongi cubrirán los flancos. Jungkook, Jimin y Taehyung asegurarán la retaguardia. Mina, tú te quedarás aquí con Hoseok —
— No — dijo Mina, su voz firme.
— Voy con ustedes —
— Mina — dijo Jin, su voz suave pero firme.
— Esto es peligroso. Si algo te pasa... —
— No me va a pasar nada — interrumpió ella, sus ojos de acero fijos en los de Jin.
— He estado esperando este momento durante años. No voy a quedarme al margen —
Jin la observó durante un largo momento, y luego asintió lentamente.
— Está bien — dijo.
— Pero te quedas cerca de mí. ¿Entendido? —
Mina asintió, y en sus ojos brilló una determinación que todos reconocieron.
— Entendido —
-------
EL COMPLEJO
El complejo industrial se alzaba frente a ellos como una fortaleza de hormigón y acero. Jin avanzó al frente, su pistola en alto, seguido por Hyun y el resto del grupo. El silencio era absoluto, roto solo por el crujido de la grava bajo sus pies y el latido acelerado de sus corazones.
— Ahí — dijo Hyun, señalando una puerta de acero.
— Esa es la entrada principal —
— ¿Qué hay al otro lado? — preguntó Namjoon.
— Un pasillo largo que lleva a la sala de control — respondió Hyun.
— Mi padre estará ahí —
Jin asintió y avanzó hacia la puerta. Con un movimiento rápido, la abrió y entró.
El interior estaba iluminado por luces tenues, y el pasillo se extendía frente a ellos como una garganta oscura. Avanzaron con sigilo, sus sentidos en alerta máxima.
Y entonces, el infierno se desató.
Los hombres armados surgieron de las sombras, sus disparos resonando en el espacio cerrado. Jin se lanzó a un lado, cubriéndose detrás de una columna, y respondió al fuego. A su alrededor, sus hermanos hacían lo mismo, moviéndose con la precisión de años de entrenamiento y batallas compartidas.
— ¡Cubran los flancos! — gritó Namjoon, su voz cortando el ruido de los disparos.
Yoongi y Jungkook se movieron en sincronía, eliminando a los atacantes con una eficiencia mortal. Jimin y Taehyung cubrían la retaguardia, mientras Hoseok y Hyun se encargaban de desactivar el sistema de seguridad que intentaba bloquearlos.
Mina estaba junto a Jin, su pistola en alto, sus ojos escudriñando la oscuridad en busca del siguiente objetivo.
— ¡Ahí! — gritó Jin, señalando una puerta al final del pasillo.
— ¡Esa debe ser la sala de control! —
Avanzaron con determinación, abriéndose paso entre los últimos defensores. Cuando finalmente llegaron a la puerta, Jin la abrió de una patada.
Y ahí, en el centro de la sala, estaba su padre.
El hombre mayor estaba de pie frente a una pantalla gigante que mostraba imágenes de las cámaras de seguridad. Llevaba un traje impecable y una sonrisa de triunfo en el rostro.
— Jin — dijo, su voz grave y controlada.
— Sabía que vendrías —
— Esto termina aquí, padre — dijo Jin, su pistola apuntando directamente al pecho del hombre.
— Ríndete —
El hombre sonrió, una sonrisa fría que no llegaba a sus ojos.
— ¿Rendirme? — preguntó.
— ¿Crees que puedes detenerme con un arma? —
— No lo creo — dijo Jin.
— Lo sé —
El padre de Jin guardó silencio durante un momento, y luego rió, una risa amarga que resonó en el espacio vacío.
— Eres tan ingenuo como tu madre — dijo.
— Siempre creyendo que el bien triunfa sobre el mal —
— No se trata de bien y mal — dijo Jin.
— Se trata de elegir lo correcto. Y tú has elegido el camino equivocado —
El hombre negó con la cabeza, y en sus ojos brilló un destello de algo que Jin no pudo identificar. Arrepentimiento. O quizás solo resignación.
Editado: 29.09.2026