NAMJOON
La luz del amanecer se filtraba a través de las ventanas de la oficina de Namjoon cuando él comenzó a trabajar en el nuevo proyecto. Durante semanas, había estado recopilando información del teléfono del padre de Jin, desmantelando la red del Rey de Espadas pieza por pieza. Pero ahora, con la amenaza principal neutralizada, podía enfocarse en algo más importante: Reconstruir.
El club EL ÚLTIMO AS necesitaba una renovación. No solo física, sino también estratégica. La organización que habían construido estaba basada en el miedo y el control, pero Namjoon sabía que para sobrevivir a largo plazo, necesitaban algo más sólido. Algo basado en la confianza y la lealtad genuina.
— ¿Todavía estás trabajando? — preguntó una voz desde la puerta.
Levantó la vista y encontró a Yoongi, con una taza de café en la mano y el cabello desordenado por el sueño.
— No puedo dormir — admitió Namjoon.
— Hay demasiadas cosas en mi cabeza —
Yoongi entró y se sentó frente a él, deslizando una taza de café hacia él.
— Toma. Te hará bien —
Namjoon sonrió y tomó la taza, sintiendo el calor del líquido entre sus manos.
— Gracias —
— ¿En qué estás trabajando? —
— En el futuro — respondió Namjoon.
— En cómo podemos reconstruir esto para que sea más fuerte. Más justo —
Yoongi guardó silencio durante un momento, y luego asintió.
— Eso suena bien — dijo.
— ¿Cómo piensas hacerlo? —
— Primero, necesitamos limpiar la casa — dijo Namjoon.
— Eliminar cualquier rastro de la influencia del Rey de Espadas. Luego, necesitamos construir alianzas nuevas. Basadas en la confianza, no en el miedo —
— ¿Y crees que podemos hacerlo? —
Namjoon lo miró fijamente, y en sus ojos brilló una determinación que Yoongi no había visto antes.
— Lo sé — dijo.
— Porque tenemos a la gente adecuada. A ti. A todos nosotros —
Yoongi asintió lentamente, y en sus ojos brilló una determinación similar.
— Entonces empecemos — dijo.
— Juntos —
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JIN
El despacho de Jin estaba lleno de luz cuando él comenzó a revisar los planes de Namjoon. Había pasado la mañana reuniéndose con abogados y contadores, asegurándose de que las cuentas del club estuvieran en orden y de que no quedaran rastros de la influencia de su padre.
Pero lo que realmente ocupaba su mente era Hyun.
Su hermano había estado trabajando duro para redimirse, ayudando a desmantelar la red del Rey de Espadas y proporcionando información valiosa. Pero Jin sabía que el camino hacia la redención era largo y lleno de obstáculos.
— ¿Jin? —
Levantó la vista y encontró a Hyun en la entrada, con el rostro tenso y las manos temblorosas.
— ¿Qué pasa? — preguntó Jin, dejando los papeles a un lado.
— Necesito hablar contigo — dijo Hyun, entrando y cerrando la puerta tras de sí.
— De algo importante —
Jin señaló la silla frente a su escritorio.
— Siéntate. Cuéntame —
Hyun tomó asiento, pero sus ojos no se encontraban con los de Jin.
— He estado pensando — dijo.
— En lo que viene después. En cómo puedo contribuir realmente. No solo con información, sino con acciones —
— ¿Qué quieres decir? —
— Quiero trabajar aquí — dijo Hyun, finalmente levantando la mirada.
— En el club. Quiero ser parte de lo que están construyendo —
Jin guardó silencio durante un momento, evaluando la solicitud.
— ¿Estás seguro? — preguntó.
— No será fácil. La gente desconfiará de ti. Tendrás que ganarte su confianza día a día —
— Lo sé — respondió Hyun.
— Y estoy dispuesto a hacerlo. Porque esto es lo que quiero. Esta es mi oportunidad de empezar de nuevo —
Jin lo observó durante un largo momento, y luego asintió lentamente.
— Está bien — dijo.
— Te daremos una oportunidad. Pero quiero que sepas que será difícil. Y que tendrás que trabajar el doble que los demás —
Hyun asintió, y en sus ojos brilló una determinación que Jin no había visto.
— Lo haré — dijo.
— Te lo prometo —
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JUNGKOOK
El taller de coches estaba iluminado por la luz del mediodía cuando Jungkook recibió la visita inesperada. Estaba trabajando en el motor de un viejo Ferrari cuando escuchó pasos detrás de él.
Editado: 29.09.2026