Asher y Brandon

Veinte y cinco

Asher me estaba mirando de manera extraña, muy extraña. Nos encontrábamos los tres en el apartamento de Amet cenando pizza con unas cervezas y la mirada de Asher me tenía con ganas de salir huyendo.

Hacía ya unos minutos que no apartaba los ojos de mi, ni cuando hablaba con Amet, ni cuando tomaba una nueva rebanada de pizza, en ningún momento, yo, por otro lado, fingí que no me daba cuenta hasta que llegó la hora de irnos.

Él se encontraba un poco ebrio por lo que me tocó llevarlo hasta su apartamento para evitar que tenga un accidente si manejaba.

—Esto es extraño —exclamó cuando llegamos a su puerta.

—¿Qué cosa? —interrogué expectante.

—Estás muy diferente, no eres el mismo —explicó arrastrando las palabras—. Años atrás con solo una pequeña mirada mía te ponías nervioso, pero ahora, a pesar de que lo hice por un largo rato, fuiste indiferente.

—Ya no soy un adolescente, Asher, obviamente que no me voy a comportar igual.

—¿Acaso ya no te gusto? —su voz se quebró mientras hablaba—. Seguro es eso, esos tres años en Inglaterra te sentaron bien, estás jodidamente bueno.

«No me atormentes más de lo que ya estoy, por favor».

Esa noche no logré dormir, sus palabras taladraban mi cabeza, y yo ni siquiera sabía cuál era el significado de ellas, pero aún así no me dejaron en paz, ni esa noche, mi la siguiente, ni la siguiente a esa.

 

 

 


 




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