A TRAVÉS DEL ESPEJO
Autora: Tonya.g
Capítulo 1 — El hombre del colectivoClara tenía treinta y seis años y una manera muy particular de mirar la vida. Era alegre, simpática y de esas personas que siempre encontraban algo bueno en los demás, incluso cuando el mundo parecía empeñado en demostrarle lo contrario.
Creía en el amor. En las miradas que dicen más que las palabras, en las casualidades que llegan para cambiarlo todo y en esas mariposas en el estómago que aparecen cuando alguien consigue despertar algo especial dentro de nosotros.
Era enamoradiza, sí, pero no le daba vergüenza. Para ella, enamorarse era una de las cosas más bonitas que podían sucederle a una persona.
Lo que Clara no sabía era que, a veces, la vida prepara sus sorpresas más grandes en los momentos más comunes.
Todas las mañanas tomaba el mismo colectivo, a la misma hora. Era parte de su rutina, un recorrido que conocía de memoria y que realizaba casi sin pensar. Subía, saludaba al chofer, buscaba un asiento y dejaba que sus pensamientos y la música la acompañaran durante el viaje.
Nunca imaginó que un día aquella rutina cambiaría.
Hasta que apareció Nicolás.
Tenía treinta y seis años, una mirada seria y una sonrisa hermosa que no le regalaba a cualquiera. Había llegado desde un pueblo lejano para probar suerte en la gran ciudad, dispuesto a trabajar y luchar por un futuro mejor. Era un hombre reservado, acostumbrado a resolver sus problemas sin hacer demasiado ruido y a seguir adelante incluso cuando las cosas se ponían difíciles.
Conducir aquel colectivo era parte de su nueva vida.
Y aquella mañana, entre tantas personas que subían y bajaban durante el recorrido, apareció Clara.
Para ella, Nicolás era simplemente el chofer del colectivo que necesitaba tomar todos los días.
Para él, Clara no era más que una pasajera entre tantas.
Todavía no había razones para mirarse dos veces. No existían conversaciones pendientes, sonrisas cómplices ni secretos compartidos. Eran dos desconocidos que coincidían en el mismo lugar, a la misma hora, sin imaginar que sus caminos podían llegar a cambiar para siempre.
Clara seguía creyendo que el amor podía aparecer cuando menos lo esperaba.
Nicolás, en cambio, estaba concentrado en salir adelante, sin detenerse a pensar en las sorpresas que la vida podía tener preparadas para él.
Ninguno buscaba al otro.
Ninguno sabía que existía algo capaz de unir dos mundos tan diferentes.
Porque algunas historias no comienzan con un beso ni con una declaración de amor.
Comienzan con una casualidad.
Con alguien que aparece un día cualquiera y que, sin saberlo, termina convirtiéndose en esa persona que buscamos entre la multitud.
Y aunque Clara todavía no lo sabía, aquel hombre serio que conducía el colectivo estaba a punto de formar parte de una historia que jamás habría imaginado.
Una historia en la que el amor tendría que enfrentarse a los límites de lo posible.
Una historia en la que una mirada podría despertar sentimientos imposibles de controlar.
Una historia que comenzaría con dos desconocidos y una rutina cualquiera, pero que terminaría demostrando que, a veces, el destino encuentra la manera de unir aquello que la vida parece empeñada en mantener separado.
Porque hay amores que llegan sin avisar.
Y hay personas que, una vez que aparecen, ya no vuelven a ser simples desconocidos.