A TRAVÉS DEL ESPEJO
Autora: Tonya.g
Capítulo 2 — Una mirada inesperada
Clara viajaba como cualquier otra pasajera. Subía al colectivo a la misma hora, pagaba su boleto y seguía con su rutina, sin imaginar que aquel recorrido tan cotidiano podía llegar a despertar algo que no sabía explicar.
Nicolás estaba al volante, concentrado en el tránsito y atento a cada parada. Su rostro serio no parecía revelar demasiado. Conducía, cobraba los boletos cuando correspondía y continuaba su camino, como lo hacía cualquier otro día.
Hasta que una mañana sucedió algo diferente.
Clara acababa de subir. Pagó su boleto como siempre y, mientras el colectivo avanzaba, levantó la mirada distraídamente.
Fue entonces cuando lo vio.
No directamente, sino a través del espejo retrovisor.
Sus ojos se encontraron.
Fue apenas un instante. Una mirada breve, inesperada, de esas que duran tan poco que cualquiera podría pensar que no significaron nada.
Pero para Clara algo cambió.
Por primera vez, miró al hombre que conducía aquel colectivo y no vio solamente al chofer que formaba parte de su rutina. Vio sus ojos. Su expresión seria. Algo en aquella mirada que la hizo quedarse quieta durante una fracción de segundo.
Y entonces ocurrió lo más extraño.
Clara sonrió.
No fue una sonrisa planeada ni una manera de llamar su atención. Simplemente, le salió. Un gesto pequeño, espontáneo, casi involuntario.
Enseguida bajó la mirada.
Sintió una mezcla de vergüenza y nerviosismo que no supo de dónde venía. Se acomodó en su asiento, fingiendo estar pendiente de cualquier otra cosa, mientras su cabeza intentaba encontrar una explicación para lo que acababa de pasar.
¿Qué fue eso?
Se preguntó si Nicolás realmente la había mirado o si todo había sido producto de su imaginación. Tal vez sus ojos simplemente se habían cruzado por casualidad. Después de todo, él conducía y debía mirar los espejos constantemente.
No había ninguna razón para sentirse así.
Y, sin embargo, algo sentía.
No sabía si eran nervios, vergüenza o esa extraña inquietud que aparece cuando alguien despierta nuestra curiosidad sin haber pronunciado una sola palabra.
Lo único que sabía era que su corazón parecía haberse olvidado, por un momento, de seguir el ritmo habitual de las cosas.
Clara volvió a mirar por la ventana, intentando convencerse de que no había sido nada.
Una simple mirada.
Una casualidad.
Un instante sin importancia.
Pero, en algún rincón de su mente, la imagen de aquellos ojos seguía presente.
Mientras tanto, Nicolás continuó conduciendo.
Su rostro conservaba la misma seriedad de siempre. El tránsito exigía atención, las paradas se sucedían y los pasajeros subían y bajaban. A simple vista, nada había cambiado.
Sin embargo, aquel breve cruce de miradas había interrumpido por un instante la monotonía del recorrido.
Y aunque todavía no había palabras ni motivos para sacar conclusiones, algo había sucedido entre ambos.
Algo tan pequeño que cualquiera habría podido pasarlo por alto.
Algo tan sencillo como una mirada a través de un espejo.
Clara no sabía su nombre. Nicolás no sabía nada de ella.
No había promesas, no había ilusiones confesadas y mucho menos una historia de amor.
Solo una mujer que había sonreído sin saber por qué y un hombre que, al otro lado del espejo, formaba parte de una casualidad que todavía no tenía explicación.
Pero Clara, que siempre había creído en el amor y en esas cosas inexplicables que a veces suceden entre dos personas, no pudo evitar preguntarse, mientras el colectivo continuaba su recorrido, si aquella mirada habría significado algo.
Después se reprendió por pensar semejante tontería.
¿Cómo podía sentir algo por alguien con quien ni siquiera había hablado?
No tenía sentido.
Y, aun así, cuando llegó el momento de bajar, una parte de ella se quedó con ganas de volver a levantar la mirada.
Porque hay encuentros que empiezan mucho antes de que dos personas se conozcan.
Y a veces, sin darnos cuenta, una simple mirada se convierte en el comienzo de algo que todavía no nos atrevemos a nombrar.