Atravez del Espejo

Fue de parte de Ambos?

A TRAVÉS DEL ESPEJO

Autora: Tonya.g

Capítulo 3 — ¿Y si él también lo sintió?

Esa tarde, Clara intentó continuar con su vida como si nada hubiera sucedido.

Llegó a su casa, dejó sus cosas y siguió con las pequeñas obligaciones de todos los días. Habló, sonrió y hasta se rio de alguna tontería. Por fuera, era la misma Clara de siempre. Alegre, espontánea, con esa manera suya de encontrarle el lado bueno a casi todo.

Pero por dentro, algo no la dejaba tranquila.

Una y otra vez, su mente regresaba a aquel instante.

Sus ojos encontrándose a través del espejo.

La sonrisa que se le había escapado sin querer.

Y esa sensación extraña que había aparecido de repente, como si su cuerpo hubiera reaccionado antes de que su cabeza pudiera entender lo que estaba pasando.

¿Había sido su imaginación?

¿Nicolás realmente la había mirado?

Y cuando ella bajó del colectivo, ¿él había vuelto a buscarla con los ojos o había sido solamente una coincidencia?

Clara se descubrió sonriendo sola al recordar su rostro. Inmediatamente negó con la cabeza, como si alguien pudiera verla y descubrir lo que estaba pensando.

—Ay, Clara, por favor… —murmuró para sí misma—. ¿Qué te pasa?

No tenía respuesta.

Ni siquiera sabía si aquel hombre estaba soltero, si tenía pareja, si era simpático o si detrás de esa expresión seria había alguien completamente diferente de lo que ella imaginaba.

No sabía absolutamente nada de él.

Y, sin embargo, quería saberlo todo.

Se preguntó si Nicolás habría seguido con su día sin recordar siquiera su cara. Tal vez para él no había sucedido nada. Tal vez miraba así a todos los pasajeros. Tal vez ella, con su corazón enamoradizo y su costumbre de encontrar magia en las cosas más simples, había convertido una mirada casual en una historia que solamente existía en su cabeza.

Esa posibilidad le produjo una tristeza absurda.

Porque, aunque todavía no podía llamarlo atracción y mucho menos amor, había algo en aquel encuentro que deseaba volver a sentir.

No quería admitirlo, pero necesitaba saber si había sido la única.

Si solamente ella había sentido ese pequeño temblor.

Si solamente ella había bajado la mirada por vergüenza.

Si solamente ella había continuado su camino con la sensación de que algo acababa de empezar.

¿Y si a él le había pasado lo mismo?

La pregunta se le instaló en la cabeza y no la abandonó durante el resto de la tarde.

Cuando llegó la noche, Clara se acostó con la intención de descansar. Al día siguiente no trabajaba, así que podía dormir un poco más, olvidarse del despertador y disfrutar de una mañana tranquila.

Sin embargo, el sueño no llegaba.

Se acomodó de un lado, después del otro. Cerró los ojos, los abrió y miró la hora en el teléfono.

Nada.

Cada vez que estaba a punto de dormirse, su mente volvía al mismo lugar.

Al espejo.

A los ojos de Nicolás.

A aquella sonrisa que ella había intentado esconder demasiado tarde.

Se preguntó cómo sería escucharlo hablar. Si tendría una voz grave o suave. Si sería tan serio cuando estaba fuera del trabajo. Si se reiría con facilidad cuando alguien consiguiera hacerlo sentir cómodo.

Y, sobre todo, se preguntó si él también estaría despierto pensando en aquella pasajera.

La idea le pareció ridícula.

—Ni siquiera sabe quién sos —se dijo en voz baja.

Se dio vuelta y abrazó la almohada.

Pero el corazón no siempre escucha a la razón.

Clara tenía treinta y seis años. No era una adolescente que confundiera cualquier sonrisa con una promesa de amor. Sabía que una mirada no significaba nada por sí sola, que las personas podían cruzarse miles de veces sin llegar a conocerse y que, muchas veces, lo que uno imaginaba no tenía nada que ver con la realidad.

Lo sabía perfectamente.

Pero también sabía que hacía mucho tiempo no sentía esa mezcla de nervios, ilusión y curiosidad.

Y no quería que desapareciera.

Al menos, no sin saber si había algo detrás.

Finalmente, se quedó dormida cuando la madrugada ya estaba avanzada.

A la mañana siguiente despertó sin la obligación de correr hacia la parada. No tenía que trabajar. No necesitaba tomar el colectivo a esa hora.

Y entonces comprendió algo que la hizo fruncir el ceño.

No iba a verlo.

Por primera vez desde que aquel hombre había aparecido en su rutina, no tenía ninguna excusa para cruzárselo. No sabía su nombre completo, no tenía su número de teléfono ni conocía a nadie que pudiera darle información sobre él.

No tenía absolutamente nada.

Solo una imagen reflejada en un espejo y una pregunta que no conseguía responder.

Clara se levantó, preparó su mañana y trató de distraerse. Se ocupó de otras cosas, pero cada tanto miraba la hora, imaginando que Nicolás estaría conduciendo por las calles de la ciudad, deteniéndose en las mismas paradas y dejando subir a las mismas personas.

¿Se acordaría de ella?

¿Notaría su ausencia?

¿O su día transcurriría con la misma tranquilidad de siempre?

Por primera vez, Clara deseó que llegara el día siguiente.

No porque tuviera ganas de ir a trabajar.

Sino porque quería volver a subir a aquel colectivo.

Quería mirarlo otra vez, aunque fuera un segundo.

Quería comprobar si sus ojos volverían a encontrarse.

Y si sucedía, tal vez podría descubrir algo.

O tal vez terminaría más confundida que antes.

No lo sabía.

Lo único que sabía era que una parte de ella necesitaba volver a verlo.

Porque la duda puede ser más poderosa que una certeza, especialmente cuando el corazón empieza a imaginar posibilidades que la razón todavía no se atreve a aceptar.

Y mientras Clara intentaba convencerse de que todo había sido una tontería, en algún lugar de la ciudad, Nicolás seguía con su rutina.

Sin saber que una mujer a la que apenas había visto estaba preguntándose si él también había sentido algo.



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En el texto hay: amor risas romance accidentado

Editado: 26.10.2026

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