Tonya.g
Capítulo 9: Necesitaba respuestas¿Cómo podía Clara saber su nombre?
¿Cómo podía estar segura de que era a ella a quien Nicolás miraba a través del espejo?
¿Y cómo podía acercarse sin quedar en evidencia, sin pasar vergüenza o, peor aún, sin descubrir que todo aquello que sentía no era más que una ilusión suya?
Las preguntas se acumulaban en su cabeza, pero ninguna tenía respuesta.
Pasaron los días, después las semanas, y todo continuó de la misma manera.
Un saludo al subir. Una mirada inesperada. Alguna sonrisa que se le escapaba a Clara cuando sus ojos se encontraban. Y después, cada uno seguía con su vida, como si entre ellos no estuviera pasando absolutamente nada.
Pero Clara ya no podía fingir que aquello le resultaba indiferente.
La curiosidad había empezado a ganarle.
Quería saber cómo se llamaba, de dónde era, cuántos años tenía, si tenía pareja, si tenía hijos. Quería conocer algo de su vida, aunque fuera una pequeña parte. Necesitaba descubrir quién era ese hombre que, sin haber mantenido con ella una conversación de verdad, se había instalado en sus pensamientos de una manera tan inesperada.
Y, sobre todo, necesitaba saber si esas miradas significaban algo.
Porque una cosa era imaginar que Nicolás la miraba y otra muy distinta era tener la certeza de que realmente lo hacía.
A veces, Clara se proponía saludarlo con una sonrisa y agregar alguna frase para iniciar una conversación. En su cabeza parecía sencillo. Se imaginaba diciendo cualquier cosa, algo natural, sin demasiada importancia.
Pero llegaba el momento de subir, lo tenía delante y todas sus ideas desaparecían.
Le daba vergüenza.
¿Qué iba a decirle? ¿Cómo podía acercarse a un hombre que apenas conocía sin que pareciera que estaba buscando algo más?
Además, estaba esa posibilidad que tanto miedo le daba: ¿y si él no sentía ninguna curiosidad por ella? ¿Y si aquellas miradas eran simples coincidencias y Nicolás ni siquiera pensaba en ella cuando terminaba su jornada?
Clara no quería ilusionarse con alguien de quien no sabía absolutamente nada. Sin embargo, tampoco podía seguir viviendo de preguntas.
Ella, que siempre había sido de hablar, de reírse, de encontrar conversación hasta con un desconocido, ahora parecía perder todas sus habilidades frente a un hombre que ni siquiera sabía cómo se llamaba.
Y eso la desesperaba un poquito.
Hasta que un día, mientras se preparaba para ir a trabajar, se miró al espejo y se quedó pensando.
No podía seguir así para siempre.
No pretendía declararle sus sentimientos, ni mucho menos. ¡Si ni siquiera sabía si tenía pareja! Solo quería conocer su nombre, escuchar su voz en una conversación que no fuera un simple saludo y comprobar si existía algo más que aquellas miradas fugaces.
Necesitaba dar un pequeño paso.
Uno solo.
El problema era encontrar el valor para hacerlo.
Porque Clara todavía no lo sabía, pero estaba llegando a un punto en el que la curiosidad podía más que el miedo.
Y tarde o temprano tendría que decidir si seguiría esperando una señal de Nicolás…
O si se animaría, por primera vez, a provocar ella misma un encuentro.
Porque algunas respuestas no llegan solas. A veces, hay que atreverse a buscarlas.