Tonya.g
Capítulo 11: Un sueño sobre ruedasDespués de regresar a su pueblo, Nicolás intentó retomar su vida.
Volvió a sus calles conocidas, a los lugares de siempre y a esa tranquilidad que, aunque muchas veces le resultaba reconfortante, también le recordaba por qué había querido marcharse.
Había pasado un tiempo desde su primera experiencia en la gran ciudad. Poco a poco, volvió a acostumbrarse a su hogar, a la gente que conocía desde hacía años y a la rutina que había dejado atrás.
Fue durante esa etapa cuando conoció a una chica.
Comenzaron a compartir momentos, a conocerse y, con el tiempo, iniciaron una relación. Durante un período estuvieron juntos, intentando construir algo en aquel lugar donde Nicolás había crecido.
Pero, aunque había cosas que lo hacían feliz, había una inquietud que nunca terminaba de desaparecer.
Nicolás quería más.
No se trataba de que despreciara su pueblo, ni de que no valorara a las personas que formaban parte de su vida. Era algo más profundo, una necesidad que llevaba dentro desde muy joven: quería triunfar, progresar y demostrar(se) que podía alcanzar aquello que tantas veces había imaginado.
Tenía un sueño.
Y no era un sueño cualquiera.
Desde hacía mucho tiempo, Nicolás quería ser chofer de colectivo. Para otros podía parecer simplemente un trabajo, una profesión más entre tantas. Pero para él significaba algo especial.
Siempre le había llamado la atención ese mundo: los colectivos, los recorridos, las calles que se sucedían una detrás de otra y la responsabilidad de llevar a tantas personas a sus destinos.
Se había imaginado muchas veces sentado frente al volante, conduciendo por rutas y avenidas, comenzando cada jornada con un recorrido distinto y sintiendo que, finalmente, estaba haciendo aquello que tanto había deseado.
Era un sueño que había guardado durante años, uno de esos que no se cuentan demasiado por miedo a que los demás no los entiendan o a que la realidad termine apagándolos.
Pero Nicolás lo tenía presente.
El problema era que en su pueblo las oportunidades eran escasas. Por más que quisiera crecer, por más que se esforzara, sentía que allí no encontraba el camino para llegar adonde quería.
Y eso empezaba a pesarle.
Tenía una relación, tenía un hogar al que había regresado y tenía una vida que, desde afuera, podía parecer suficiente. Sin embargo, por dentro seguía sintiendo que le faltaba algo.
No quería pasar los años preguntándose qué habría ocurrido si se hubiera animado a intentarlo una vez más.
Ya había fracasado una vez en la gran ciudad. Sabía lo difícil que podía ser empezar de cero y conocía la frustración de tener que regresar con las manos vacías.
Pero también había aprendido algo: si renunciaba a su sueño por miedo a volver a equivocarse, nunca sabría si realmente podía conseguirlo.
Y Nicolás no quería vivir con esa duda.
Todavía no sabía cómo lo haría, cuánto tendría que sacrificar ni cuánto tiempo le llevaría alcanzar su objetivo. Solo sabía que quería ser chofer de colectivo y que, para lograrlo, probablemente tendría que volver a dejar atrás la vida que conocía.
Esta vez, sin embargo, no se trataba solamente de probar suerte.
Esta vez quería ir detrás de su sueño hasta el final.