Atravez del Espejo

Identidad

A TRAVÉS DEL ESPEJO

Tonya.g

Capítulo 17: Por fin, nuestros nombres

Clara pasó el resto del viaje intentando disimular la sonrisa que se le había quedado dibujada en el rostro.

No podía creer que, después de tantos meses de miradas, Nicolás finalmente se hubiera animado a decirle algo más que un simple saludo.

«Qué linda sonrisa tenés, Clara».

¿Cómo sabía su nombre?

La respuesta era sencilla: lo había escuchado cuando ella indicaba su destino. Sin embargo, en ese momento, Clara no podía detenerse a pensar demasiado en eso. Tenía un montón de emociones mezcladas y una sola frase resonando en su cabeza.

Él le había hablado.

Y no solamente eso. Le había hecho un cumplido que, viniendo de él, le había provocado una sensación difícil de explicar.

Cuando el colectivo se acercó a su parada, Clara supo que tenía que bajar. Se levantó, caminó hacia la puerta y se acercó al lugar donde Nicolás la esperaba al volante.

Tenía los nervios a flor de piel.

Quería decirle algo más, pero ¿qué? ¿Cómo podía hacerlo sin que se le notara la vergüenza? Había imaginado tantas veces cómo sería hablar con él que, ahora que por fin estaba sucediendo, parecía haberse quedado sin palabras.

Estaba a punto de bajar cuando reunió un poquito de valor, se giró hacia él y dijo:

—Clara. Un gusto.

Lo dijo casi de golpe, como si necesitara sacarse aquellas palabras de encima antes de que los nervios la hicieran cambiar de opinión.

Nicolás la miró.

Y entonces apareció esa sonrisa.

Una sonrisa hermosa, sincera, de esas que transforman por completo un rostro serio.

—Nicolás. El gusto es mío —respondió.

Clara sintió que se desarmaba por dentro.

¡Por fin sabía su nombre!

Nicolás.

Hasta ese momento había sido el hombre del colectivo, el de las miradas en el espejo, el de los saludos que la ponían nerviosa. Ahora tenía un nombre, una voz que no olvidaría fácilmente y una sonrisa que parecía haberle quedado grabada.

Pero no podía quedarse ahí mirándolo para siempre.

Así que, con toda la seguridad que consiguió reunir, bajó del colectivo sin decir nada más.

Apenas sus pies tocaron la vereda, respiró hondo.

Necesitaba recuperar la compostura. Se sentía avergonzada, emocionada y feliz, todo al mismo tiempo. No sabía si reírse sola, si taparse la cara o si seguir caminando como si nada hubiera ocurrido.

Pero había algo que todavía quería comprobar.

En lugar de alejarse enseguida, se quedó esperando a que el colectivo continuara su recorrido.

Y miró hacia el espejo.

Quería saber si Nicolás la estaba mirando.

Quería descubrir si aquellas miradas de los últimos meses habían sido reales, si él la había observado tantas veces como ella lo había observado a él.

El colectivo comenzó a avanzar lentamente.

Clara mantuvo la vista fija en el espejo, con el corazón latiéndole cada vez más rápido.

Y entonces lo vio.

Nicolás estaba mirándola.

A medida que el colectivo se alejaba, sus ojos seguían encontrándose. Hasta que él le regaló una sonrisa.

Pero no fue una sonrisa cualquiera.

Fue una de esas sonrisas que parecen decir lo que la boca todavía no se anima a pronunciar. Una sonrisa que no necesitaba explicaciones, que dejaba una pregunta suspendida en el aire y, al mismo tiempo, parecía responder muchas de las que Clara llevaba meses haciéndose.

Ella le devolvió la sonrisa.

Y se quedó allí, viéndolo alejarse, con una certeza que le hacía cosquillas en el pecho: no había imaginado todas aquellas miradas.

Nicolás la había visto.

La había buscado con los ojos.

Y ahora, por fin, ambos sabían cómo se llamaba el otro.

Clara comenzó a caminar hacia su trabajo, todavía con aquella sonrisa imposible de esconder.

No sabía qué iba a pasar después. No sabía si al día siguiente volverían a hablar, si él le preguntaría algo más o si todo continuaría con la misma timidez de siempre.

Pero ya no eran dos desconocidos que solamente se miraban a través de un espejo.

Ahora tenían nombres.

Y, por primera vez, una pequeña historia compartida.

Clara y Nicolás.

Dos nombres que hasta esa mañana no significaban nada el uno para el otro.

Y que, sin saberlo, acababan de convertirse en el comienzo de algo que ninguno de los dos sabía cómo terminaría.



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En el texto hay: amor risas romance accidentado

Editado: 26.10.2026

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