Tonya.g
Capítulo 19: Un chocolate y mil emocionesComo todo en la vida, aquel momento también tenía que terminar.
Clara y Nicolás llevaban un buen rato conversando. Las preguntas habían dado paso a las risas, la timidez inicial parecía haberse quedado atrás y, por primera vez, podían mirarse sin un espejo de por medio.
Pero el recorrido seguía avanzando.
Y Clara tenía que bajar.
Cuando se dio cuenta de que su parada estaba cerca, sintió algo que no esperaba: una especie de tristeza, una pequeña resistencia a levantarse y dar por terminada aquella conversación que tanto había deseado.
¡Por fin estaban hablando!
Después de tantos meses de miradas, de preguntarse si el otro sentía lo mismo y de imaginar cómo sería conocerse, ahora estaban ahí, compartiendo un momento que parecía demasiado corto.
Y tenían que separarse.
Nicolás también lo sintió. No quería que aquella charla terminara todavía. Había disfrutado de conocerla y, aunque el tiempo que habían compartido no había sido suficiente para descubrirlo todo, quería tener la posibilidad de volver a hablar con ella.
Por eso, antes de que Clara se levantara, se animó a dar otro paso.
—¿Me pasás tu número?
Clara lo miró, sorprendida, y sintió que los nervios volvían a apoderarse de ella. Sin embargo, esta vez no había dudas ni necesidad de imaginar qué quería decir aquel gesto.
Nicolás quería volver a hablar con ella.
Y ella también quería hacerlo.
Así que le dio su número.
Un pequeño intercambio que, para cualquiera, podía parecer algo sencillo. Pero para ellos significaba mucho más: después de tantos meses de no saber siquiera cómo se llamaban, ahora tenían una manera de encontrarse fuera de aquel colectivo.
Llegó el momento de bajar.
Clara se levantó, todavía con una sonrisa que intentaba disimular. Estaba a punto de despedirse cuando Nicolás la tomó suavemente de la mano.
Ella se detuvo y lo miró.
Él le abrió la palma con cuidado y dejó algo pequeño en ella.
Un chocolate. Un bocadito.
Clara bajó la mirada, confundida por un instante. Entonces vio que había una pequeña nota junto al chocolate.
La leyó.
«Sos muy linda cuando sonreís».
Por un segundo, el mundo pareció detenerse.
Clara volvió a mirarlo, pero las palabras no le salieron. Tenía el corazón acelerado, las mejillas encendidas y una mezcla de alegría, vergüenza y sorpresa que no sabía cómo disimular.
Nicolás le sonrió, como si aquel pequeño gesto fuera su manera de decirle algo que todavía no se animaba a expresar de otra forma.
Ella bajó del colectivo con el chocolate en la mano y la nota guardada entre los dedos.
Caminó unos pasos y respiró hondo.
¿Qué acababa de pasar?
¿Era real?
El hombre al que durante meses había observado a través de un espejo acababa de sentarse a su lado, hablar con ella, pedirle su número y regalarle un chocolate con una nota que parecía escrita especialmente para hacerla sonreír.
Clara no sabía si reírse, si ponerse colorada todavía más o si volver la cabeza para comprobar que todo aquello había sucedido de verdad.
Miró el chocolate otra vez.
Y sonrió.
Pero esta vez no intentó esconderlo.
Mientras el colectivo se alejaba, Clara sintió que algo había cambiado definitivamente. Ya no eran solamente dos personas que se cruzaban cada mañana. Ahora tenían sus números, una conversación compartida y un pequeño secreto que podía llevarse en el bolsillo.
Aquel chocolate no era solamente un chocolate.
Era un gesto inesperado, una señal de interés y el recuerdo de un momento que seguramente volvería a repasar una y otra vez durante el resto del día.
Clara continuó caminando hacia su trabajo, todavía nerviosa, intentando entender todo lo que había sucedido en tan poco tiempo.
Y una pregunta no dejaba de repetirse en su cabeza:
¿Qué iba a pasar ahora que Nicolás ya tenía su número?