Atravez del Espejo

Los Mensajes

A TRAVÉS DEL ESPEJO

Tonya.g

Capítulo 20: Buenos días, sonrisa linda

Clara todavía estaba intentando asimilar todo lo que había sucedido cuando su teléfono vibró.

Era un mensaje de Nicolás.

«Que tengas un buen día. Espero que disfrutes el chocolate».

Clara sonrió apenas leyó aquellas palabras. Todavía tenía presente el momento en que él le había tomado la mano para dejarle aquel pequeño regalo. No se lo esperaba, y mucho menos imaginaba que, después de tantos meses de miradas tímidas, ahora estarían escribiéndose.

Le respondió:

«Gracias, no lo esperaba. Es mi preferido».

Cuando envió el mensaje, se quedó mirando la pantalla unos segundos, con esa mezcla de emoción y vergüenza que parecía acompañarla cada vez que Nicolás aparecía en su día.

¡Y encima era su chocolate preferido!

No sabía si él lo había elegido al azar o si había tenido alguna manera de averiguarlo. Pero el detalle le había encantado.

Y así comenzó todo.

Lo que al principio había sido un mensaje sencillo se convirtió en una conversación que ninguno de los dos parecía tener demasiadas ganas de terminar.

Empezaron a escribirse cada vez más. Se preguntaban cómo había sido el día del otro, se contaban pequeñas cosas de sus vidas y encontraban cualquier excusa para continuar hablando.

Cuando Clara viajaba en el colectivo, ya no existía solamente aquella mirada a través del espejo. Ahora había sonrisas que podían compartir sin disimulo, saludos que tenían otro significado y la tranquilidad de saber que, cuando ella bajara, podrían seguir en contacto.

Poco a poco, comenzaron a conocerse.

Hablaron de sus gustos, de sus clubes de fútbol, de sus sueños y de las cosas que disfrutaban hacer. También compartieron detalles de su vida cotidiana, esas pequeñas costumbres que parecen insignificantes hasta que alguien empieza a interesarse de verdad por ellas.

Nicolás descubrió que Clara tenía una manera especial de contar las cosas, que podía encontrar motivos para sonreír incluso en los días más comunes y que su alegría no dependía de grandes acontecimientos.

Clara, por su parte, empezó a conocer al hombre que existía detrás de aquella expresión seria que tantas veces había visto al volante. Descubrió sus gustos, sus ideas y una forma de ser que despertaba cada vez más su curiosidad.

Y los mensajes se convirtieron en parte de sus días.

Todas las mañanas, Nicolás encontraba la manera de hacerse presente antes de que Clara comenzara con sus obligaciones.

Su teléfono vibraba y allí estaba él, esperándola con unas palabras que, con el tiempo, se volvieron una costumbre hermosa.

«Buen día a la chica con la sonrisa más linda».

Clara leía el mensaje y sonreía antes incluso de levantarse de la cama. A veces respondía enseguida; otras, se quedaba unos segundos mirando la pantalla, disfrutando de aquella sensación de saber que alguien se había acordado de ella al comenzar el día.

Y cuando llegaba la noche, los papeles parecían invertirse.

Era Clara quien buscaba despedirlo con un mensaje antes de dormir.

«Que descanses, al chico más atento que conocí».

Nicolás sonreía al leerlo.

Quizá ninguno de los dos se daba cuenta de cuánto estaban empezando a acostumbrarse a la presencia del otro. Ya no era solamente la ilusión de encontrarse en el colectivo. Era saber que, al despertar, habría un mensaje; que durante el día podrían compartir algo; que, al llegar la noche, todavía quedaría un último saludo.

Y así transcurrieron los días.

Después las semanas.

Un mes y medio pasó casi sin que se dieran cuenta.

En ese tiempo, habían aprendido mucho más el uno del otro que durante todos aquellos meses de miradas silenciosas. Sin embargo, todavía había algo que les faltaba: compartir un momento juntos fuera de aquella rutina.

Querían hablar sin estar pendientes del recorrido, del horario o de la próxima parada. Querían tener tiempo para mirarse, reírse y conocerse sin que una despedida llegara tan pronto.

Hasta que, finalmente, surgió la idea de encontrarse.

Esta vez no habría colectivo de por medio.

No habría un volante, un espejo ni una parada que marcara el final de la conversación.

Serían simplemente Nicolás y Clara, frente a frente, con la oportunidad de descubrir qué pasaba entre ellos cuando el mundo dejaba de apurarlos.

Y los dos aceptaron dar ese paso.

Después de un mes y medio de mensajes, sonrisas y una cercanía que había ido creciendo día tras día, decidieron verse fuera de la rutina.

Ninguno sabía exactamente cómo sería aquel encuentro.

Pero ambos tenían ganas de que llegara.

Porque a veces, sin darse cuenta, una persona deja de ser alguien con quien compartimos unos minutos y empieza a convertirse en alguien a quien queremos regalarle mucho más de nuestro tiempo.

Y Clara y Nicolás estaban a punto de descubrir qué significaba eso para ellos.



#1097 en Fantasía
#200 en Magia

En el texto hay: amor risas romance accidentado

Editado: 26.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.