Tonya.g
Capítulo 21: Una cita, un comienzoHabía llegado el día.
Después de un mes y medio de mensajes, de buenos días que les dibujaban sonrisas antes de empezar la jornada, de buenas noches que los dejaban pensando el uno en el otro, Clara y Nicolás finalmente iban a encontrarse fuera de aquella rutina que los había unido.
Ya no habría un volante de por medio, ni un espejo retrovisor, ni una parada que marcara el final de sus conversaciones. Esta vez podrían mirarse de frente, sin apuros, sin tener que disimular una sonrisa porque había otros pasajeros alrededor.
Para Clara, la emoción se mezclaba con los nervios. Se descubría pensando en qué ponerse, en cómo saludarlo, en si él estaría tan ansioso como ella. Le parecía increíble que aquel hombre que durante tanto tiempo había sido apenas una mirada detrás de un espejo se hubiera convertido, poco a poco, en alguien a quien esperaba leer cada mañana.
Nicolás, por su parte, quería que todo saliera bien.
No quería que fuera solamente una cita. No quería que se tratara de pasar un rato agradable y después volver cada uno a su vida como si nada hubiera cambiado. Para él, aquel encuentro significaba mucho más.
Quería que Clara se sintiera especial. Quería regalarle un momento que pudiera recordar con una sonrisa, de esos que se guardan en un rincón del corazón sin necesidad de grandes promesas ni palabras exageradas.
Porque, aunque todavía estaban descubriéndose, algo en ella había despertado una parte suya que creía tener bien guardada. Le gustaba su alegría, su manera de hablar, esa sonrisa que había llamado su atención desde el primer día. Pero también le gustaba lo que estaba empezando a conocer detrás de ella: la mujer que aparecía en sus mensajes, la que le contaba pequeñas cosas de su día, la que se interesaba por él y lograba que hasta una jornada común tuviera algo diferente.
Nicolás no sabía qué les depararía el futuro. No podía prometerle que todo sería fácil ni que nunca habría dificultades. Pero sí tenía claro algo: si la vida le estaba dando la oportunidad de acercarse a Clara, él estaba dispuesto a cuidarla.
A cuidar aquello que estaba naciendo entre los dos.
No quería correr, pero tampoco esconder lo que sentía. Quería conocerla de verdad, escucharla, hacerla reír y descubrir si esa conexión que había crecido entre mensajes y miradas podía convertirse en algo mucho más profundo.
Mientras se acercaba la hora del encuentro, seguramente ambos se preguntaban cómo sería verse de otra manera. Porque una cosa era hablar a través de una pantalla y otra muy distinta era tener al otro enfrente, poder sostenerle la mirada sin un espejo que sirviera de refugio.
Y, sin embargo, había algo que los tranquilizaba: ya no eran dos desconocidos.
Eran Clara y Nicolás.
La chica de la sonrisa linda y el hombre atento que, sin proponérselo, se habían ido haciendo un lugar en los días del otro.
Por fin iban a compartir un momento que no terminaría cuando Clara bajara de un colectivo.
Esta vez no habría una parada que los separara ni un espejo que los obligara a mirarse de lejos.
Esta vez, Nicolás quería estar frente a ella.
Y quería que Clara sintiera, desde el primer instante, que aquella cita podía ser mucho más que un encuentro.
Podía ser el comienzo de algo que valiera la pena cuidar.