Tonya.g
Capítulo 22: Faltaban pocas horas¡Por fin había llegado el día!
Clara había esperado ese momento con una mezcla de emoción, ansiedad y esos nervios lindos que aparecen cuando alguien empieza a importarnos más de lo que imaginábamos.
Como cualquier otro día, salió del trabajo y volvió a su casa. Pero esa vez había algo diferente. Mientras hacía sus cosas, una parte de su cabeza estaba puesta en el encuentro que tendría con Nicolás.
Llegó, comió algo liviano y se puso a estudiar. Intentó concentrarse, repasar y cumplir con sus responsabilidades, aunque cada tanto su mente se escapaba hacia él.
¿Cómo sería verlo fuera del colectivo? ¿Se pondría tan nerviosa como sentía que iba a ponerse? ¿Y si al tenerlo enfrente se quedaba sin palabras?
Sonrió sola al imaginarlo.
Después se bañó, se preparó para descansar un rato y se acostó con la intención de relajarse antes de que llegara la hora de salir.
Pero descansar no era tan sencillo cuando el corazón parecía ir más rápido que el reloj.
Clara miró el celular. Todavía faltaban unas horas.
—Dale, que pase rápido el tiempo —murmuró para sí misma, sonriendo.
Mientras tanto, Nicolás también había tenido su día.
Había ido a jugar a la pelota, como tantas otras veces, pero esa jornada tenía algo especial. Aunque disfrutó del partido, no podía evitar pensar en lo que vendría después. La emoción le ganaba por momentos y se descubría imaginando cómo sería esa primera cita que llevaba tanto tiempo esperando.
Cuando volvió a su casa, tenía la cabeza llena de ideas y el corazón acelerado. Estaba ansioso, feliz y con muchísimas ganas de verla.
Había pensado en aquel encuentro con ilusión. Quería que Clara estuviera cómoda, que disfrutara, que pudiera ser ella misma. No buscaba impresionarla con algo extraordinario; quería compartir con ella un momento que tuviera significado, algo que los dos pudieran recordar como el comienzo de una historia diferente.
Agarró el celular, abrió la conversación y se quedó unos segundos mirando la pantalla antes de escribirle.
Nicolás: Hola, ¿cómo estás? Solo faltan pocas horas para verte.
Clara estaba descansando cuando sintió la notificación. Apenas vio su nombre, agarró el teléfono con una sonrisa que no pudo disimular.
Leyó el mensaje una vez. Después volvió a leerlo.
¡Él también estaba contando las horas!
Los nervios le revolvieron un poquito la panza. Quería contestarle algo lindo, pero en ese momento hasta escribir un mensaje sencillo parecía más difícil de lo habitual.
Finalmente, respondió:
Clara: Bien, en casa. ¿Y a mí me pasa lo mismo? ¡No veo la hora de que nos veamos!
Apenas envió el mensaje, se quedó mirando la pantalla, esperando su respuesta.
Nicolás lo leyó y sonrió. Esa sonrisa suya, la que no regalaba a cualquiera, apareció sin que tuviera que hacer ningún esfuerzo.
Clara también sonreía, abrazada a su almohada, sintiendo esa mezcla de ilusión y timidez que hacía que todo pareciera nuevo.
Todavía faltaban unas horas, pero los dos estaban ahí, pendientes del celular, pensando en el mismo encuentro.
Después de tantas miradas a través de un espejo, tantos saludos breves, tantas conversaciones que habían empezado con un simple mensaje y terminado mucho después de lo previsto, finalmente iban a tener tiempo para ellos.
Sin colectivos de por medio. Sin despedidas apresuradas. Sin tener que preguntarse qué habría pasado si se hubieran animado antes.
Esa tarde, cada minuto parecía durar una eternidad.
Y mientras Clara intentaba descansar y Nicolás repasaba mentalmente todo lo que había planeado, ninguno de los dos podía imaginar cuánto iba a recordar aquel primer encuentro.
Porque a veces, antes de que suceda algo importante, el corazón parece saberlo.
Y el de ellos ya estaba esperando.