Atravez del Espejo

La verdad

A TRAVÉS DEL ESPEJO

Tonya.g

Capítulo 35: La verdad que todavía dolía

Clara sentía que el corazón se le había estrujado dentro del pecho.

Después de dos meses y medio de llorar, de preguntarse qué había hecho mal y de imaginar una y otra vez las razones por las que Nicolás había desaparecido, por fin sabía que no la había abandonado.

Había tenido un accidente.

Había estado internado.

Y ella no había sabido absolutamente nada.

¿Cómo podía ser posible que el hombre que tanto amaba hubiera pasado por algo así mientras ella se consumía pensando que ya no la quería?

Se secó las lágrimas como pudo y volvió a mirar a Darío. Necesitaba respuestas. Necesitaba saber dónde estaba Nicolás, cómo se encontraba y, sobre todo, necesitaba verlo con sus propios ojos.

—Darío, por favor… ¿sabés dónde está Nico? —preguntó con la voz quebrada—. Necesito verlo. Hace casi tres meses que no sé nada de él. No tengo contacto con nadie de su familia, no conozco a sus amigos… No sabía a quién acudir. Lo llamé, le escribí un montón de veces, pero nunca tuve respuesta.

Hizo una pausa para intentar respirar.

—Yo pensé que me había dejado. Pensé que se había arrepentido de todo lo nuestro, que ya no quería saber nada conmigo. No tenés idea de todo lo que lloré, de las veces que me pregunté qué había hecho mal…

Las lágrimas volvieron a aparecer en sus ojos.

—Yo solamente quería saber si estaba bien. Aunque no quisiera verme nunca más, necesitaba saber que estaba bien.

Darío la escuchaba en silencio.

Al principio, había pensado que Clara simplemente quería recuperar el contacto con Nicolás. Pero al verla temblar, al escuchar cómo se le quebraba la voz cada vez que pronunciaba su nombre, entendió que no estaba frente a alguien que había pasado un tiempo con su amigo y después había seguido con su vida.

Estaba frente a una mujer que lo amaba de verdad.

Una mujer que había sufrido su ausencia sin conocer la razón.

Y que, durante todo ese tiempo, había creído que la habían dejado atrás.

—Tranquila, Clara —le dijo finalmente, con un tono mucho más suave—. Respirá. Nico está vivo. Ya le dieron el alta y está en la casa de su mamá.

Clara cerró los ojos.

Estaba vivo.

Esas dos palabras le llegaron hasta lo más profundo del alma.

Estaba vivo.

Por fin podía respirar un poquito mejor. Por fin sabía que no tenía que imaginarlo solo, sufriendo en algún lugar, sin que nadie pudiera ayudarlo. Por fin sabía que seguía en este mundo, que estaba en su casa, con su familia.

Se llevó una mano al pecho, intentando calmar los latidos descontrolados de su corazón.

—¿Está en la casa de su mamá? —preguntó, necesitando escucharlo otra vez.

—Sí —confirmó Darío—. Está recuperándose. Si querés, te puedo pasar el contacto de la madre para que hables con ella y puedas ir a verlo.

Clara lo miró con los ojos llenos de esperanza.

—¿De verdad? ¿Me pasarías el contacto? Por favor, Darío. No sabés lo que significa para mí. Necesito verlo, necesito saber cómo está… Necesito abrazarlo.

La última frase se le escapó sin que pudiera evitarlo.

Porque eso era lo que más deseaba.

Abrazarlo.

Sentir sus brazos alrededor de ella, apoyar la cabeza en su pecho y comprobar que todo aquello había sido real. Que Nicolás seguía ahí, que no lo había perdido para siempre.

Pero Darío no le pasó el contacto enseguida.

Su expresión cambió ligeramente. La alegría que Clara había comenzado a sentir se encontró con un silencio que no supo interpretar.

Él bajó un instante la mirada y después volvió a observarla.

—Clara, hay algo que tenés que saber antes de ir a verlo.

Ella sintió que el corazón volvía a apretársele.

—¿Qué cosa?

Darío dudó unos segundos. No porque quisiera ocultarle la verdad, sino porque sabía que lo que estaba a punto de decir podía lastimarla.

—El accidente fue bastante grave. Nico estuvo mucho tiempo internado. Cuando despertó, tenía problemas con la memoria.

Clara dejó de moverse.

—¿Problemas con la memoria? —repitió lentamente.

—Sí. Se acuerda de su familia, de su vida de antes, de muchas cosas de su pasado… Pero no recuerda lo que pasó antes del accidente, en estos últimos meses. Tiene lagunas. Hay cosas que no puede recordar.

Clara lo miraba sin comprender del todo.

—¿Y eso qué significa, Darío?

Él tomó aire antes de responder.

—Significa que no recuerda todo lo que vivió durante ese tiempo. No recuerda muchas de las cosas que pasaron en los meses anteriores al accidente.

El silencio entre los dos se volvió insoportable.

Clara sintió que algo dentro de ella empezaba a romperse otra vez, aunque todavía no sabía exactamente por qué.

Los meses anteriores al accidente.

Sus mensajes de buenos días.

Los chocolates que él le dejaba.

Las sonrisas a través del espejo.

Las primeras conversaciones, las citas, las rosas azules, aquel lugar mágico donde se habían besado por primera vez.

La voz de Nicolás llamándola mi bonita.

Sus manos sosteniéndola con ternura.

Todo aquello había sucedido durante esos meses.

Durante el tiempo que él ya no podía recordar.

—Darío… —susurró, con un hilo de voz—. ¿Vos me estás diciendo que Nico no se acuerda de mí?

Darío no respondió inmediatamente.

Y esa pequeña pausa fue suficiente para que Clara sintiera miedo.

Un miedo distinto al que había tenido durante los últimos meses.

Hasta ese momento, había sufrido porque Nicolás no estaba. Porque no sabía dónde encontrarlo, porque no entendía por qué había desaparecido.

Ahora sabía dónde estaba.

Podía llegar hasta él.

Podía volver a verlo.

Pero existía la posibilidad de que, cuando estuviera frente a sus ojos, él no supiera quién era ella.

Clara apretó los labios, tratando de contener el temblor de su boca.



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En el texto hay: amor risas romance accidentado

Editado: 26.10.2026

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