Atravez del Espejo

Conquistandolo

A TRAVÉS DEL ESPEJO

Tonya.g

Capítulo 43: Volver a conquistarte

El día terminó, pero ninguno de los dos consiguió dejar atrás aquel encuentro.

Nicolás llegó a su casa después de trabajar, dejó sus cosas y trató de continuar con su rutina. Había vuelto a conducir, había cumplido con su recorrido y, en apariencia, todo había sido un día normal.

Pero no lo había sido.

Mientras cenaba, mientras hablaba con su mamá e incluso cuando se preparó para irse a dormir, su mente regresaba una y otra vez a la misma imagen.

Una mujer bajo la lluvia.

Unos ojos que lo habían dejado inquieto.

Y una sonrisa.

Esa sonrisa que parecía hermosa y triste al mismo tiempo.

Nicolás no entendía qué le estaba pasando. Había visto a cientos de pasajeros durante su trabajo, pero ninguno le había provocado semejante sensación. No podía recordar su nombre, no sabía de dónde la conocía y, sin embargo, había sentido unas ganas inexplicables de detenerla antes de que bajara del colectivo.

Quería hablarle. Quería escuchar su voz. Quería saber por qué lo miraba de aquella manera.

Y, aunque le costara admitirlo, había algo todavía más extraño.

Había querido abrazarla.

No un abrazo cualquiera, de esos que uno comparte con alguien conocido. No. Era una necesidad más profunda, como si su cuerpo hubiera reconocido una ausencia que su memoria no podía explicar.

Se acostó, cerró los ojos e intentó dormir.

Pero el rostro de aquella mujer seguía apareciendo en su mente.

—¿Qué me está pasando? —susurró en la oscuridad.

Nadie pudo responderle.

Ni siquiera él mismo.

Clara, por su parte, había regresado a casa con el corazón completamente revolucionado.

Había vuelto a verlo.

Después de tantos meses de llorar su ausencia, de preguntarse dónde estaba y de imaginar una y mil veces el momento en que volvería a encontrárselo, Nicolás había aparecido frente a ella como si la vida hubiera decidido darle una segunda oportunidad.

Pero también había sido doloroso.

Porque él la había mirado.

La había mirado muchas veces.

Y Clara no sabía qué significaban esas miradas.

No sabía si algo dentro de él la había reconocido o si simplemente había sentido curiosidad por una pasajera que le resultaba desconocida.

Lo único que sabía era que todavía lo amaba.

Y que no quería renunciar a él.

Se sentó en la cama, sacó el teléfono y volvió a mirar algunas de las fotografías que guardaba de los dos. En una aparecía Nicolás sonriendo. En otra, ella lo miraba con esa felicidad que solamente él había conseguido despertar.

Se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Mi amor… —murmuró, acariciando la pantalla con la punta de los dedos.

Quería contarle tantas cosas. Quería explicarle cómo se habían conocido, cómo había comenzado todo y cómo aquel hombre detrás del volante había conseguido enamorarla con pequeños detalles que jamás olvidaría.

Pero no podía presentarse frente a él y exigirle que recordara.

Tenía que encontrar otra manera.

Una manera de acercarse sin asustarlo, de despertar su curiosidad sin presionarlo, de darle la oportunidad de conocerla otra vez.

Quizás la historia no pudiera continuar exactamente donde se había detenido.

Quizás tuviera que empezar de nuevo.

Y, si eso era lo que la vida les estaba pidiendo, Clara estaba dispuesta a hacerlo.

Porque si Nicolás había conseguido conquistarla con una sonrisa, un chocolate y una nota escrita con cariño, ¿por qué ella no podía intentarlo también?

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Está bien, Nico. Si tengo que conquistarte de nuevo, lo voy a hacer.

No sabía cuánto tiempo llevaría.

No sabía si él volvería a enamorarse de ella.

Pero estaba dispuesta a intentarlo.

Esta vez, no para que recordara por obligación al hombre que había sido, sino para que pudiera descubrir, por sí mismo, lo que podía nacer entre ellos.

A la mañana siguiente, Clara se despertó temprano.

Se bañó, desayunó y comenzó a prepararse para ir a trabajar. Mientras elegía su ropa, pensaba en lo que haría.

No quería abrumarlo con explicaciones ni presentarse ante él como una mujer que esperaba algo que no podía darle todavía.

Quería acercarse de a poco.

Con algo sencillo.

Algo que tuviera sentido para los dos, aunque él todavía no supiera por qué.

Entonces recordó los chocolates.

Aquellos pequeños detalles con los que Nicolás había comenzado a conquistarla. Los bocaditos que le dejaba con notas, las palabras que conseguían hacerla sonreír incluso en los días más difíciles.

Y recordó cuál era su preferido.

Un Marroc.

Lo buscó entre las cosas que había preparado y lo sostuvo unos segundos entre sus manos. Era un chocolate pequeño, casi insignificante para cualquiera que no conociera su historia.

Pero para ella significaba mucho.

Buscó un papelito y una lapicera. Se sentó a la mesa y pensó qué escribir.

No quería una declaración de amor. Tampoco quería explicarle todo lo que había pasado entre ellos.

Quería regalarle una sonrisa.

Así que escribió:

«Sos más lindo cuando sonreís».

Debajo dibujó un corazón.

Lo miró durante unos segundos y sonrió con ternura.

Era una frase sencilla, pero escondía mucho más de lo que decía. Era una manera de devolverle una de aquellas pequeñas alegrías que él le había regalado cuando ella todavía no sabía cuánto llegaría a amarlo.

Pegó la nota al chocolate y lo guardó cuidadosamente en su bolso.

Sintió nervios.

Muchos nervios.

No sabía cómo reaccionaría Nicolás. Tal vez le pareciera extraño. Tal vez se sorprendiera. Tal vez no significara nada para él.

Pero también podía suceder algo diferente.

Quizás aquella pequeña atención despertara su curiosidad. Quizás quisiera saber quién era ella y por qué había decidido darle un chocolate.



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En el texto hay: amor risas romance accidentado

Editado: 26.10.2026

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