En medio de la oficina, la directora Alison cerró las ventanas y volteo ambos gemelos, sentados frente a ella, mientras el ruido del recreo se apaciguó en el vidrio, sus tacos golpearon en la madera.
— Esta no es la primera vez, ¿verdad? —empezó Alison—. ¿Cuántas veces vinieron aquí por quejas de otros estudiantes o porque accidentalmente hicieron sentir mal a otro?
— Ya no somos ese tipo de personas — inició Arthur.
Una sonrisa genuina que desapareció cuando la mano de su hermano mayor golpeó su brazo en el inicio de una pequeña conversación. Alison, por su lado, desde su asiento los estudio, sus rostros apaciguados por la calma.
« Ellos dos se han metido en varios problemas desde que entraron a mi escuela » pensó la directora. Sus dos manos se juntaron, ocultando sus labios.
«Tuve que ocultar su bullying, si no fuera por el dinero de Gabriella … pero ahora Javier … »
Ella acarició la fuente de su nariz.
— Chicos — susurró ella—. ¿todo está bien en casa?
Entonces Andrew y Arthur se detuvieron, sus ojos marrones y marrón oscuro regresaron sobre la mujer de coleta alta. Estirando parte de su frente y semblante denso.
Aunque intercambiaron miradas fugaces, ambos negaron.
— Bueno — exhalo Alison—. Cuenteme.
Por otro lado, Aidan dejó caer varios libros en una mesa de la biblioteca. Theo hizo lo mismo cuando arrastró su asiento atrás.
— ¿No vas a llamar a tu grupo de estudio? —Theo volteo al castaño que acomodo sus lentes.
— No saben estudiar —Directo como siempre, Aidan se sentó frente a él—. ¿En qué parte te quedaste?
— ¿Parte? — susurro Theo al abrir sus libros—. ¿No es solo estudiar?
Theo no agacho la mirada por la cruda mirada del chico de lentes, ocupado en remover las hojas de su libro, no se dio cuenta de la presencia de Nicolas entre los estantes de la biblioteca, ordenando libros.
« ¿Qué están haciendo? » se preguntó al interceptarlos.
Aunque sus primeros pasos lo acercaron, un extraño movimiento por la ventana hacia el corredor lo distrajo. La hermana Rose jalando un carrito de supermercado con varios rollos de papel.
No lo dudo, y salió de la biblioteca.
Sus pasos, aún más rápidos y grandes fueron suficiente para llegar a lado de Rose.
— ¿Qué es todo esto? —. Nicolas alzó la voz, su mano jalo uno de los rollos—. ¿Puedo abrirlo?
— Que suerte tienes — susurró Rose. Su mano devolviendo el rollo a su posición—. Lo único que debes hacer es caminar como si hicieras algo.
— ¿Estás molesta? — dijo enseguida el castaño—. o es que ya quieres renunciar? puedo mantenerte.
Socarrón, se dejó apoyar sobre el metal.
— ¿Con tu sueldo? no lo creo. Ya debes lidiar mucho con tus novias, ¿Cuántas tienes? ¿3? ¿6?
— ¿Celosa? Sabes que puedo ser hombre de una.
— Nunca ganaría —Rose vio alrededor—. Tu tipo es una vieja millonaria y moribunda.
— Hola, ¿qué hacen solos?
Cerca de ellos, la voz de un hombre apareció. Oscar Zapata, con un mandil manchado de pinturas y adolescentes de primer año corriendo con utensilios.
— ¡Adiós profe! —gritaron algunos.
— Hola hermana — reaccionaron otros cuantos al ver a la joven parada.
— Nicolas! —chillo una chica entre la multitud.
Rápido, el grupo de adolescentes despejó el corredor. En camino al patio o por las escaleras, alterados sin que les importe chocar contra otra persona parada en medio de las escaleras escondidas.
— ¿Qué hacen?
Oscar, por su lado, se acercó, observó cada uno de los rollos.
— ¿Qué es todo esto? — al fin preguntó.
— Es para la eucaristía de quinto año — Rose palmeo cada rollo antes de sujetar el carrito.
— ¿Te ayudo? — Nicolas dio un paso al frente.
— ¡Nicolas!
Pronto la voz de otro hombre apareció cerca a ellos, el subdirector junto a una expresión casi derrotada y nerviosa sostuvo un pañuelo contra la frente.
— La directora te llama.
— Lo siento — soltó el castaño delante de la hermana— Nos vemos.
Sin más, paso adelante. Rose, por su cuenta, mantuvo la mirada sobre Oscar.
— Yo también debería irme —Rose empujó el carrito.
— Te ayudo — dijo cortésmente. Se acercó y tomó el mango del carrito—. ¿hasta donde?
— Debajo del paraguas
— ¿El Rojo?
— El amarillo, dónde están los insectos y escarabajos —Rose corrigió.
— Los rollos se ven pesados — oscar continuo.
— Solo decoración, como siempre.
— ¿Y él vendrá? —Oscar siguió preguntando, en su tono calmado.
— ya se fue.
Las ruedas del carrito golpearon el suelo con cada paso, desapareciendo de la vista del par de ojos verdes de Kayle.
— Mmm … Amarillo.
« En el colegio no hay paraguas » pensó al alejarse del parapeto de las escaleras.
Pronto un mensaje la despertó.
“ kayle, el pájaro está tomando agua. ¿vendrás?” — Theo.
“ Desastre de la reina caprichosa inicia” — Talia.
« ¿Tan rápido? » pasó por la cabeza de la joven al bajar por las escaleras. Volteo hacia el patio en su camino a la biblioteca, a un grupo de estudiantes reconfortando a Corni.
Entre lágrimas y frente a Jack, su ex novio.
— Jack, ¡solo alejate de ella! — grito una chica.
— ¡Yo no hice nada! —respondio el joven al rascar su cabello negro—. Ella se acercó y empezó a hablarme.
Fue entonces que varios de los estudiantes volvieron a Corni.
— Solo — inició ella, ocultando sus sollozos—. pensé que podría volver a ser amiga de Sofía y Ana, pero …
Las lágrimas brotaron por sus mejillas.
Sofia a unos centimetros detras de Jack, rodo los ojos; pero Ana con sus manos apretando el pecho se acercó.
— ¿Enserio? — ella habló— ¿podemos ser amigas de nuevo?
Corni dejó de limpiar su rostro, sus ojos sobre los zapatos marrones de Ana se congelaron, en cada memoria de los últimos meses que ocultaron el engaño.
« Si quiera, ¿me consideraron su amiga? » pensó Corni. Aunque se mordió la lengua y apretó sus labios antes de levantar la mirada.