Auren: dónde mueren los cuentos

2

Cassian

Asterion conoce el camino mejor que yo. No necesita que tire de las riendas ni que le indique hacia dónde debe ir; avanza entre los árboles con la seguridad de quien ha recorrido estos senderos cientos de veces, esquivando las raíces que sobresalen de la tierra y las ramas bajas que se cruzan sobre nuestras cabezas. El aire de la mañana huele a pino húmedo y tierra, y a medida que nos adentramos en el bosque, el ruido del castillo queda atrás hasta desaparecer por completo.

A mi derecha, Rowan cabalga en silencio mientras Astrid va unos metros por delante, atenta a cualquier movimiento entre los árboles. Los tres conocemos demasiado bien este lugar como para necesitar hablar constantemente. El Bosque de los Sueños siempre ha sido así: tranquilo, antiguo e impredecible. Hay lugares de Auren que nunca dejan de sorprenderme, pero este no es uno de ellos. He crecido entre estos árboles, he aprendido a montar aquí, he acompañado a mi padre por estos caminos y he pasado incontables mañanas recorriendo sus senderos junto a la Guardia Real. Conozco cada desvío, cada claro y cada río que atraviesa el bosque, o eso creía.

Asterion reduce el paso de repente y frunzo el ceño mientras aflojo las riendas.

—¿Qué ocurre?

El caballo mueve las orejas hacia delante, como si hubiera percibido algo que nosotros todavía no podemos ver. Entonces lo escucho. Nada. No es el silencio habitual del bosque, ese que se mezcla con el viento entre las hojas y el sonido lejano de los animales. Es diferente. Demasiado profundo, como si incluso los pájaros hubieran decidido guardar silencio.

Astrid también se detiene y mira a su alrededor.

—¿Lo habéis oído?

Rowan lleva una mano hacia la espada antes de responder.

—Sí.

Desciendo de Asterion y avanzo entre los árboles siguiendo una sensación que no sé explicar. No hay huellas de animales ni ramas rotas, tampoco señales de lucha o cualquier otra cosa que indique que alguien ha pasado por allí recientemente. Durante unos segundos pienso que quizá hemos confundido una simple sensación con algo más, hasta que la veo.

Hay una chica tendida sobre la hierba.

Me detengo a unos pasos de ella y la observo sin comprender qué estoy viendo. Está completamente inmóvil y lleva una ropa que no reconozco, demasiado extraña para pertenecer a cualquiera de los reinos de Auren. Tampoco reconozco su rostro y, sobre todo, no entiendo qué hace una muchacha sola en mitad del Bosque de los Sueños.

—Cassian... —murmura Rowan detrás de mí.

No respondo. Me acerco hasta quedar junto a ella y me agacho para comprobar si sigue con vida. Apoyo dos dedos en su cuello y encuentro un pulso débil, pero constante.

—Está viva.

Astrid se acerca y mira a la chica con preocupación.

—¿Quién es?

—No lo sé.

Rowan se coloca a mi lado sin apartar la mano de la espada.

—¿De dónde ha salido?

Levanto la mirada hacia él.

—Tampoco lo sé.

Durante unos segundos nadie dice nada. El viento vuelve a moverse entre las ramas, pero la sensación extraña que me ha llevado hasta allí no desaparece.

Rowan mira a la muchacha con desconfianza.

—Podría haberla enviado Malakor.

La posibilidad también ha cruzado por mi cabeza. Malakor no necesita enviar un ejército para hacernos daño; una sola persona puede ser suficiente si ha sido enviada con un propósito concreto. Sin embargo, cuando vuelvo a mirar a la chica, lo único que veo es a alguien inconsciente y vulnerable.

—No veo ninguna señal de magia oscura —digo.

—Eso no significa que no la haya.

Tiene razón. Lo sé demasiado bien como para discutirlo.

Aun así, no puedo dejarla allí.

—La llevaremos al castillo.

Rowan me mira como si acabara de tomar una decisión absurda.

—¿Al castillo?

—Necesita ayuda.

—O nosotros necesitamos averiguar quién es antes de llevar a una desconocida directamente hasta nuestra casa.

—Lo averiguaremos.

—Cassian...

—Rowan.

Mi tono hace que guarde silencio, aunque por la expresión de su rostro sé perfectamente que no está de acuerdo. Me inclino entonces y tomo a la chica entre mis brazos. Apenas pesa. Su cabeza cae contra mi pecho y noto el calor de su cuerpo a través de la ropa mientras ella permanece completamente inconsciente.

—Astrid, ve delante y avisa en el castillo. Quiero que preparen una habitación y busca a Maeve.

Ella asiente.

—Enseguida.

Subo a Asterion con la chica entre mis brazos y la acomodo delante de mí para evitar que caiga durante el camino de regreso. Rowan monta detrás de nosotros y, aunque no dice nada más, puedo sentir su mirada sobre ella durante todo el trayecto.



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En el texto hay: principe, magia, criaturasmagicas

Editado: 19.10.2026

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