Auren: dónde mueren los cuentos

4

Sigo a Cassian por el pasillo sin saber muy bien qué hacer con las manos. Las mantengo juntas delante de mí mientras intento no mirar demasiado a mi alrededor, aunque resulta prácticamente imposible. Cada rincón del castillo me parece irreal, tanto como estar dentro de un castillo, cuanto más avanzo, más difícil me resulta convencerme de que voy a despertar en cualquier momento.

Cassian se detiene frente a una puerta y la abre.

—Puedes quedarte aquí.

Entro despacio y vuelvo a reconocer la habitación en la que me he despertado. Ahora que sé que no voy a despertar de repente en mi dormitorio, me fijo mejor en ella. Los tonos rosados y dorados, las cortinas que caen desde los ventanales, la enorme cama y los muebles de madera clara hacen que parezca una habitación pensada para alguien de la realeza.

Me giro hacia Cassian.

—¿Aquí?

—Sí.

—Pero yo no puedo quedarme.

—¿Por qué?

No sé cómo explicárselo. ¿Cómo le digo que este lugar no debería existir?

—Porque... esto no es mi mundo.

Cassian me observa durante unos segundos.

—Eso ya lo sé.

—No, no lo entiendes.

—Entonces explícamelo.

Abro la boca, pero no encuentro las palabras.

—Tú... —señalo hacia él sin saber siquiera por qué—. Tú eres un príncipe de verdad...

Su expresión no cambia.

—Sí.

—El príncipe de Auren.

—Sí.

—Los príncipes de cuento no existen.

Frunce el ceño.

Cassian parece no entender nada de lo que estoy diciendo, pero tampoco insiste.

—Necesitas descansar. Has pasado muchas horas inconsciente y todavía no sabemos qué ocurrió contigo.

Asiento, aunque sigo sin sentirme capaz de aceptar que todo aquello esté sucediendo.

Cassian se dispone a marcharse, pero antes de salir se vuelve hacia mí.

—He mandado llamar a Isolde y a Kaia. Ellas se ocuparán de ti por ahora.

—¿De mí?

—Necesitas ropa y no puedes seguir vestida así.

Miro mi pijama y después vuelvo a mirarlo.

—Ah.

—Cuando termines, ven a buscarme.

Asiento otra vez.

—Vale.

Cassian sale y la puerta se cierra detrás de él.

Me quedo sola.

Durante unos segundos permanezco inmóvil, sin saber qué hacer. Después camino hasta la ventana y aparto ligeramente la cortina. Desde allí puedo volver a ver los jardines del castillo y, más allá, las montañas.

Apoyo una mano sobre el cristal.

Sigo aquí.

No sé cuánto tiempo permanezco así hasta que escucho unos golpes suaves en la puerta.

Me aparto de la ventana.

—¿Sí?

La puerta se abre y dos chicas entran en la habitación.

La primera chica que entra tiene el cabello largo y castaño oscuro, ligeramente ondulado, que cae sobre sus hombros, y unos ojos de un tono entre verde y gris que parecen observarlo todo con una tranquilidad casi imposible. Viste un vestido en tonos claros, sencillo pero elegante, con pequeños detalles bordados en las mangas y el cuello. Hay algo en ella que transmite calma, incluso antes de que diga una sola palabra.

Entonces mi mirada se desvía hacia la chica que entra detrás de ella y no puedo evitar quedarme mirándola un segundo de más.

Su cabello cobrizo cae en ondas alrededor de su rostro y sus ojos, de un intenso color ámbar, destacan todavía más junto a las pequeñas orejas de zorro que sobresalen entre su pelo. Pero son su cola y la forma en que se mueve lo que terminan de convencerme de que realmente estoy en Auren. Una cola grande y rojiza se balancea detrás de ella mientras camina, siguiendo cada uno de sus movimientos.

Las dos se detienen frente a mí.

Y yo no sé qué decir.

—Hola… —dice la chica de las orejas con una voz pequeña— el príncipe nos manda. Yo soy Kaia, y ella es Isolde, te ayudara con la ropa.

Kaia no tarda demasiado en acercarse a mí. Desde que ha entrado en la habitación no ha dejado de observarme con una curiosidad que intenta disimular, aunque no parece tener demasiado éxito.

—Así que eres Love —dice mientras recoge un cepillo de una de las mesas.

Asiento.

—Sí.

—La chica del otro mundo que ha llegado a palacio.

Me quedo mirándola.

Bajo la mirada, algo avergonzada, me siento frente al gran espejo mientras ella se coloca detrás de mí. No sé muy bien qué hacer con las manos, así que vuelvo a entrelazarlas sobre mi regazo.



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En el texto hay: principe, magia, criaturasmagicas

Editado: 19.10.2026

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