Auren: dónde mueren los cuentos

6

Me despierto con los primeros rayos de sol entrando por la ventana y, durante unos segundos, permanezco inmóvil, todavía atrapada entre el sueño y la realidad, hasta que todo lo ocurrido ayer vuelve de golpe a mi memoria.

Auren.

El castillo.

Cassian.

Abro los ojos por completo y miro alrededor.

Sigo aquí.

No he vuelto a Colorado.

Mis padres deben de haberse dado cuenta ya de que no estoy. Quizá hayan entrado en mi habitación y hayan encontrado la ventana abierta, mi cama vacía y el libro en el suelo. ¿Me estarán buscando? ¿Estarán preocupados? La idea hace que se me encoja un poco el pecho porque, aunque todavía no entiendo cómo he podido terminar en este lugar, hay una parte de mí que solo quiere volver a casa y decirles que estoy bien.

Me incorporo lentamente en la cama y me froto los ojos antes de apartar las mantas. Entonces mi mirada se posa en el vestido que Isolde dejó preparado ayer sobre una silla.

Todavía me parece irreal que existan vestidos tan bonitos.

Me levanto y me acerco despacio. Paso los dedos por el tul rosa y casi me da miedo romperlo de lo suave y ligero que es. Nunca he tenido nada parecido. En mi mundo, un vestido así solo existiría en las páginas de un cuento o en una película, y ahora está aquí, esperándome para que me lo ponga.

Después de unos minutos consigo arreglarme el cabello por mi cuenta. Me lo cepillo con cuidado y termino haciéndome una trenza que dejo caer sobre un hombro, aunque antes de salir coloco algunas de las pequeñas flores que encuentro junto al espejo entre los mechones. Cuando termino, me observo durante unos segundos y apenas me reconozco.

Consigo vestirme esta vez sin ayuda y, después de respirar hondo varias veces, abro la puerta. El pasillo vuelve a parecerme enorme y durante unos segundos no sé hacia dónde tengo que ir. Intento recordar el camino que hice ayer junto a Cassian, pero todos los corredores se parecen demasiado entre sí.

Camino despacio al principio, mirando discretamente las puertas y los cuadros para intentar encontrar algo que me resulte familiar, hasta que empiezo a cruzarme con personas que se apartan ligeramente para dejarme pasar. Algunos me miran directamente. Otros cuchichean entre ellos.

No necesito escuchar lo que dicen para saber de quién hablan.

De mí.

Bajo la mirada y junto las manos delante del vestido, intentando hacerme lo más pequeña posible mientras continúo caminando. Las voces a mi alrededor se mezclan y cada vez me cuesta más ignorar la sensación de que todo el castillo sabe quién soy.

La chica que apareció en el bosque.

La chica que dice venir de otro mundo.

Aprieto los dedos unos contra otros y acelero un poco el paso.

Solo espero encontrar el comedor antes de perderme.

Después de varios pasillos que parecen exactamente iguales, finalmente reconozco las grandes puertas que recuerdo de ayer. Me detengo frente a ellas durante unos segundos y respiro hondo antes de entrar, intentando prepararme para lo que pueda encontrar al otro lado. En cuanto cruzo las puertas, todas las conversaciones parecen detenerse. Levanto la mirada apenas un instante y enseguida vuelvo a bajarla. Los reyes están sentados al fondo de la enorme mesa, junto al abuelo de Cassian, y él ocupa su lugar a la derecha de su padre. Hay varias personas más alrededor, pero no me atrevo a mirarlas demasiado porque siento demasiados ojos sobre mí.

—Buenos días —murmuro.

—Buenos días, Love —responde la reina—. Ven, siéntate.

Camino hasta la silla que me indican y me siento con cuidado, manteniendo las manos juntas sobre mi regazo mientras una criada coloca delante de mí un plato y varios cubiertos. Los observo durante unos segundos porque hay más de los que estoy acostumbrada a utilizar. Miro de reojo a Cassian, intentando averiguar cuál debería coger primero, pero antes de que pueda hacerlo escucho la voz de la reina.

—El de fuera, Love.

Miro los cubiertos.

—¿Este?

—No. El siguiente.

Lo cambio rápidamente.

—Ese.

—Gracias.

Intento no ponerme más nerviosa y cojo el cubierto que me ha indicado. Apenas he empezado a cortar la comida cuando vuelvo a escucharla.

—No lo sostengas así.

Bajo la mirada hacia mi mano.

—Lo siento.

Corrijo la posición inmediatamente.

—Así está mejor.

Asiento y continúo, intentando concentrarme en el plato aunque siento que todos me observan. Cojo un pequeño trozo de comida y, cuando estoy a punto de llevármelo a la boca, el abuelo de Cassian habla.

—Primero deberías esperar.

Me quedo paralizada.

—¿Esperar?

—Hasta que el rey empiece.

Miro al rey.

—Lo siento.



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En el texto hay: principe, magia, criaturasmagicas

Editado: 19.10.2026

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