Cassian
Me quedo mirando las puertas del comedor después de que Love desaparezca detrás de ellas. Durante unos segundos nadie dice nada y el silencio que queda en la mesa resulta mucho más incómodo que todas las preguntas que se han hecho durante el desayuno. Bajo la mirada hacia el plato que ha dejado prácticamente intacto y después observo los cubiertos perfectamente colocados junto a él.
—No era necesario.
Mi padre levanta la mirada.
—¿El qué?
—Todo esto.
Señalo ligeramente la mesa.
—Las preguntas, las correcciones, hacerla esperar para comer... No habéis conseguido que nos cuente nada que no supiéramos ya.
Mi madre deja la copa sobre la mesa y me observa con expresión seria.
—Cassian, solo intentábamos averiguar quién es.
—Lo sé.
—Entonces no entiendo cuál es el problema.
Respiro hondo antes de responder.
—El problema es que parecía estar esperando que la reprendiéramos cada vez que hacía algo mal.
Mi abuelo frunce el ceño.
—Y si va a permanecer en Auren, tendrá que aprender nuestras costumbres.
—Y las aprenderá.
Los tres me miran.
—Yo me encargaré de ello.
Mi padre arquea ligeramente una ceja.
—¿Tú?
—Sí.
Me levanto de la silla.
—Yo la encontré en el bosque. Yo decidí traerla al castillo y, hasta que Maeve descubra cómo devolverla a su mundo, yo me haré responsable de ella.
—No sabemos cuánto tiempo puede durar esto —advierte mi padre.
—Entonces tendré tiempo suficiente para enseñarle.
Mi abuelo apoya ambas manos sobre la mesa.
—No sabemos si dice la verdad.
—Tampoco sabemos que mienta.
—Afirma proceder de un mundo que no conocemos.
—Lo sé.
Mi padre guarda silencio durante unos segundos antes de hablar.
—¿Y confías en ella?
La pregunta me hace detenerme.
No puedo decir que confíe en ella. Apenas la conozco. Sé lo que me ha contado, sé dónde la encontramos y sé que Maeve tampoco ha encontrado ninguna razón para pensar que representa una amenaza.
Pero hay algo más.
—No creo que sea peligrosa.
Mi abuelo parece no quedar satisfecho con mi respuesta.
—Eso no responde a la pregunta.
—Es lo único que puedo responder por ahora.
Me giro hacia la puerta.
—Y precisamente por eso la mantendré a mi lado, para tenerla vigilada.
Salgo del comedor sin esperar a que ninguno de ellos vuelva a hablar.
No tengo claro dónde puede haberse metido, aunque después de lo ocurrido esta mañana imagino que habrá buscado un lugar donde nadie la esté observando. Recorro los pasillos sin encontrarla y, cuando paso cerca de las escaleras que conducen a las estancias inferiores, vuelvo a percibir un olor cálido que me resulta familiar.
Las cocinas.
Empujo la puerta y la encuentro allí.
Kaia está sentada junto a ella, hablando tranquilamente mientras Mara continúa ocupándose de sus tareas. Love lleva las manos juntas sobre el regazo y escucha en silencio, mucho más relajada que cuando la vi en el comedor.
Kaia es la primera en darse cuenta de mi presencia.
—Alteza.
Love levanta la cabeza.
Nuestros ojos se encuentran durante un instante y noto cómo su expresión cambia ligeramente. No parece asustada, pero sí vuelve a ponerse un poco rígida.
No quiero que vuelva a sentirse así.
—Kaia, ¿puedes dejarnos un momento?
Kaia mira a Love y después a mí.
—Claro.
Se levanta del banco y se aleja hacia el otro extremo de la cocina. Mara tampoco interviene y continúa con sus tareas, aunque nos deja espacio suficiente para hablar.
Me acerco a Love, pero me detengo a cierta distancia.
—¿Puedo sentarme?
Ella parece sorprendida por la pregunta. Después de unos segundos, asiente.
Me siento frente a ella.
Durante un momento ninguno dice nada.
—He hablado con mi familia —digo finalmente.
Love baja la mirada hacia sus manos.
—¿Están enfadados conmigo?
—No.
Hago una pequeña pausa.
—Aunque sí tienen muchas preguntas.