Cassian
Llevo fuera del castillo desde primera hora de la mañana.
No tenía ninguna obligación que me exigiera pasar tantas horas en el bosque, pero necesitaba estar lejos de allí. Necesitaba tiempo para pensar y, sobre todo, necesitaba evitar encontrarme con Love.
Después de lo ocurrido anoche, no sé cómo comportarme cuando estoy cerca de ella.
Durante unos minutos, en los jardines, olvidé quién era. Olvidé que ella no pertenece a este mundo y que yo estoy comprometido con una princesa de otro reino. Olvidé todo lo que debería haber tenido presente.
Y no pienso permitir que vuelva a ocurrir.
Por eso he pasado la mayor parte del día recorriendo el Bosque de los Sueños, revisando algunos de los caminos que utiliza la guardia y dejando que el cansancio ocupe el lugar de los pensamientos que no quiero tener.
Cuando el sol comienza a desaparecer entre los árboles, decido regresar.
Estoy a punto de montar cuando escucho un ruido entre la vegetación.
Me quedo quieto.
No es el sonido de un animal pequeño.
Es algo mucho más pesado.
Avanzo unos pasos con cuidado y entonces lo veo.
Un Grendel.
La criatura está al otro lado de un pequeño claro, enorme, con el cuerpo cubierto por una piel gruesa y escamosa y unos dientes demasiado largos para cualquier animal normal.
Pero no es eso lo que hace que me quede completamente inmóvil.
Hay alguien delante de él.
Una figura pequeña.
Una capa.
El vestido.
El cabello.
—Love.
Mi corazón se detiene durante un segundo.
Ella está de espaldas a mí y parece incapaz de moverse. El Grendel avanza lentamente hacia ella mientras enseña los dientes.
—¡Love!
Ella gira ligeramente la cabeza al escucharme, pero parece no reconocerme del todo.
—Cassian…
Su voz apenas es un susurro.
El Grendel vuelve a gruñir y se abalanza hacia ella.
No pienso.
Corro.
Desenvaino mi espada mientras me interpongo entre los dos y consigo esquivar el primer ataque por muy poco. El golpe de la criatura hace temblar el suelo y aprovecho el momento para atacar.
El Grendel ruge y vuelve a lanzarse contra mí.
La lucha apenas dura unos minutos, aunque cada segundo parece interminable. La criatura es mucho más fuerte de lo que parece y consigue hacerme retroceder varias veces, pero no pienso apartarme de ella.
No mientras Love esté detrás de mí.
Finalmente encuentro un punto débil y clavo la espada con fuerza.
El Grendel cae al suelo con un último gruñido.
Me quedo respirando con dificultad durante unos segundos antes de mirar hacia atrás.
Love sigue en el suelo.
Guardo la espada y corro hacia ella.
—Love.
Me arrodillo a su lado.
Está pálida.
Demasiado pálida.
—Mírame.
Sus ojos se abren con dificultad.
—Tengo… mucho sueño.
La preocupación que siento se convierte en miedo.
—No te duermas.
—No puedo evitarlo.
—Love, mírame.
Consigue enfocar los ojos en mí durante unos segundos.
—Estoy mareada… y veo borroso.
—¿Te duele algo?
Niega ligeramente con la cabeza.
—No siento las piernas.
El miedo se apodera de mí.
—¿Qué ha pasado?
Love intenta recordar algo y frunce el ceño.
—Me caí…
—¿Dónde?
—No lo sé. Había… algo en el suelo.
Miro sus piernas y entonces veo una pequeña mancha de sangre en uno de los laterales del vestido.
—¿Te has cortado?
Ella asiente débilmente.
Levanto con cuidado una parte de la tela y descubro una herida en su pierna.
No parece demasiado profunda.
Pero entonces veo alrededor del corte unos pequeños restos de color púrpura.
Me quedo helado.
—¿Qué había en el suelo?
Love intenta pensar.
—Una planta…
—¿Cómo era?
—No sé… tenía flores moradas.