Un dolor punzante en la pierna hace que me despierte. Durante unos segundos no sé dónde estoy ni cuánto tiempo ha pasado. Tengo la cabeza demasiado aturdida y todo parece moverse lentamente a mi alrededor. Intento incorporarme, pero apenas consigo apoyar las manos sobre el colchón cuando un mareo me obliga a detenerme.
—Cuidado.
La voz de Kaia llega desde mi lado y, antes de que pueda volver a caer sobre la almohada, me ayuda a incorporarme con cuidado.
Parpadeo varias veces hasta conseguir enfocar su rostro.
—¿Qué… ha pasado?
—¿No te acuerdas?
Niego lentamente con la cabeza.
—Vagamente…
Intento ordenar los recuerdos, pero aparecen desordenados, como pequeños fragmentos que no consigo unir. El bosque. Las luces entre los árboles. El elaris. La carrera. Después, el dolor en la pierna.
Bajo la mirada y descubro que la tengo completamente vendada.
Entonces recuerdo algo más.
El Grendel.
Su enorme cuerpo.
Los dientes.
Y Cassian.
Su rostro aparece en mi mente durante apenas un instante antes de que todo vuelva a mezclarse.
—Yo estaba en el bosque —murmuro.
Kaia asiente.
—Sí.
—Vi un elaris.
—¿Un elaris?
Sus ojos se abren un poco.
—Sí. Era precioso. Quise acercarme, pero salió corriendo y yo… fui detrás de él.
Kaia se queda mirándome en silencio.
—Después me caí. Creo que me corté con algo.
Miro la venda.
—Y luego apareció una criatura.
—Un Grendel.
Asiento.
—No sabía qué era.
—Love…
Su voz cambia y puedo notar la preocupación en sus ojos.
—¿Qué?
—Casi te mueres.
La frase consigue que me quede callada.
—¿Qué?
—Silas ha dicho que tuviste mucha suerte. El veneno estaba avanzando muy rápido cuando Cassian te encontró.
Mi estómago se encoge al escuchar su nombre.
—¿Cassian me encontró?
—Sí. Te trajo al castillo.
Bajo la mirada hacia mis manos.
No recuerdo casi nada de aquel momento, solo su voz diciéndome que no me durmiera y la sensación de sus brazos sosteniéndome.
—No sabía que el bosque era peligroso.
Kaia deja escapar un suspiro y se sienta a mi lado.
—No todo el bosque lo es. Pero hay zonas en las que no deberías entrar sola.
—Yo solo quería verlo.
—Lo sé.
Me mira con cierta ternura.
—El Bosque de los Sueños es precioso, Love. Pero también es antiguo. Hay criaturas que no encontrarás en ningún otro lugar de Auren y plantas que pueden ser muy peligrosas.
—Como la que me cortó.
—El Velo Púrpura.
Asiento.
—¿Qué hace exactamente?
—Su veneno provoca primero mareos y visión borrosa. Después los músculos empiezan a perder fuerza, llega la somnolencia y, si no se trata a tiempo, puede hacer que alguien pierda el conocimiento.
Me quedo mirando mi pierna.
—Eso explica muchas cosas.
—¿También explica por qué estabas tan cansada?
—Sí. Pensaba que simplemente estaba agotada.
Kaia niega con la cabeza.
—Y eso es lo peligroso. Algunas plantas del bosque no parecen especialmente amenazantes. Por eso la gente que conoce el lugar aprende desde pequeña cuáles puede tocar y cuáles debe evitar.
—¿Y los Grendel?
Kaia hace una pequeña mueca.
—Son otra historia.
—¿Son tan peligrosos como parecen?
—Más.
Abro un poco los ojos.
—Genial.
Kaia suelta una pequeña risa, aunque enseguida vuelve a ponerse seria.
—No suelen acercarse a los caminos que utilizan los habitantes de Auren, pero si entras en determinadas zonas pueden aparecer. Por eso nadie recomienda adentrarse solo en el bosque, especialmente cuando empieza a anochecer.
Me quedo en silencio.
Ahora entiendo por qué Cassian me preguntó tantas veces si estaba segura de querer salir del castillo y por qué parecía tan preocupado cuando me encontró.
—Supongo que hice exactamente todo lo que no debía hacer.