Auren: dónde mueren los cuentos

18

Esa mañana me levanto más rápido y contenta de lo normal. Por fin voy a salir del castillo y, esta vez, sin tener que escaparme. Voy a visitar el pueblo, a conocer una parte de Auren que hasta ahora solo he podido imaginar a través de los libros. Todavía siento un poco de dolor en la pierna, especialmente cuando camino demasiado, pero con las medicinas que me está dando Silas parece que me estoy recuperando mucho más rápido de lo normal.

Me visto con cuidado, me dejo el pelo suelto y me pongo una capa sobre el vestido antes de salir de mi habitación. Durante todo el camino hacia los establos no puedo evitar sentir una especie de emoción infantil. Es la primera vez que voy a salir del castillo acompañada y, aunque intento convencerme de que solo se trata de una visita al pueblo, para mí significa mucho más. Significa poder ver Auren con mis propios ojos.

Cuando llego a los establos, me detengo un segundo al encontrar a Cassian junto a un enorme caballo negro. Está acariciándole el cuello mientras sonríe, y no sé por qué aquella imagen consigue que mi corazón se acelere. Quizá sea porque no estoy acostumbrada a verlo así. La mayoría del tiempo su expresión es seria, distante, casi imposible de leer, pero ahora parece completamente diferente.

Y entonces mi cabeza vuelve a lo que me dijo ayer.

Casi te pierdo, encanto.

Intento respirar con normalidad y me acerco.

—Buenos días.

Cassian levanta la mirada hacia mí sin perder la sonrisa.

—Buenos días. ¿Preparada?

Asiento, intentando contener la emoción que siento.

—Muchísimo.

Él me observa durante unos segundos antes de volver a hablar.

—Love, si ves que te duele demasiado la pierna, volvemos.

—Estoy bien.

Hago una pequeña mueca.

—Esta vez no pienso perseguir ninguna criatura.

—Me alegra escucharlo.

Una sonrisa se me escapa y él parece conforme, aunque todavía no del todo convencido. Se acerca al caballo y tira suavemente de las riendas para llevarlo hasta donde estoy. Cuando lo tengo delante, me quedo mirándolo. Es enorme, mucho más de lo que parecía desde lejos, y su pelaje negro brilla bajo la luz de la mañana.

—¿Sabes montar?

Niego con la cabeza.

—¿En tu mundo no hay caballos? —pregunta con una sonrisa divertida.

—Sí que hay, pero nunca he montado en uno.

—Entonces hoy aprenderás.

Miro al animal con cierta inseguridad.

—¿Hoy?

—No voy a dejar que vayas sola.

Señala uno de los estribos.

—Solo tienes que poner el pie aquí, apoyarte con la otra mano e impulsarte hacia arriba.

Lo miro a él y después al caballo.

—¿Cómo voy a hacer eso con un vestido puesto? Además, es enorme.

Cassian deja escapar una risa.

—¿No tenéis carrozas o algo así?

—Sí, pero esto es mucho más divertido. Así disfrutas más del paisaje.

—Eso está por verse.

Me acerco al caballo y apoyo una mano sobre su lomo. Intento colocar el pie donde me ha indicado, pero en cuanto trato de impulsarme me doy cuenta de que la tarea es bastante más complicada de lo que parecía.

Lo intento una segunda vez.

Nada.

Una tercera.

Tampoco.

Cassian me observa durante unos segundos hasta que finalmente niega con la cabeza, divertido.

—Vale, espera.

Antes de que pueda preguntarle qué piensa hacer, se acerca y me rodea la cintura con ambas manos. Apenas tengo tiempo de reaccionar antes de que me levante con una facilidad que me deja completamente sorprendida y me coloque sobre el caballo.

—¿Lo ves? No era tan difícil.

Lo miro desde arriba, todavía sorprendida.

—Para ti.

—También.

Me río mientras intento acomodarme sobre su lomo, aunque al principio me cuesta encontrar una postura cómoda.

Cassian asiente mientras acaricia el cuello del caballo.

—Se llama Asterion.

—Es bonito.

—Es mi caballo desde que era pequeño.

Paso una mano con cuidado por su crin.

—Hola, Asterion.

El caballo mueve ligeramente las orejas y Cassian sonríe.

—Creo que le caes bien.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque todavía no ha intentado tirarte al suelo.

Abro los ojos.

—¡Eso no es tranquilizador!

Cassian se ríe y, antes de que pueda protestar, monta detrás de mí. Su cuerpo queda prácticamente pegado al mío y noto cómo mi espalda termina apoyándose contra su pecho. Entonces pasa los brazos a ambos lados de mi cuerpo para alcanzar las riendas y el simple contacto hace que me quede completamente rígida.



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En el texto hay: principe, magia, criaturasmagicas

Editado: 19.10.2026

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