Después de lo ocurrido en Bellmere, la mujer que se acercó a mí no deja de aparecer en mis pensamientos. No sé quién era ni cómo podía saber que yo no pertenecía a Auren, pero hay algo en sus palabras que me inquieta. No le conté a Cassian todo lo que me dijo, quizá porque ni siquiera yo sé qué pensar, pero sí recuerdo perfectamente la sensación que tuve cuando se acercó a mí. No me transmitió confianza.
Por eso, cuando tengo un rato libre, decido ir a buscar a Maeve. Si hay alguien en el castillo que pueda responder algunas de las preguntas que llevo acumulando desde que llegué a este mundo, probablemente sea ella.
La encuentro rodeada de libros y pergaminos, igual que otras veces, y levanta la mirada cuando entro en la habitación.
—Love.
—¿Puedo preguntarte algo?
Maeve deja lo que tiene entre las manos y me hace un gesto para que me acerque.
—Claro.
Me acerco a la mesa y miro de reojo los libros que tiene abiertos, aunque esta vez intento concentrarme en lo que he venido a preguntar.
—¿Hay más hechiceros en Auren?
Maeve tarda unos segundos en responder.
—Sí, aunque no todos practican la magia de la misma manera.
—¿Entonces hay más personas capaces de hacer magia?
—Hay hechiceros, pero también existen las brujas.
La palabra hace que frunza ligeramente el ceño.
—¿Brujas?
Maeve asiente y cierra uno de los libros antes de apoyarse ligeramente contra la mesa.
—Las brujas utilizan una magia diferente. Mucho más antigua y peligrosa.
—¿Peligrosa por qué?
—Porque algunas de ellas utilizan magia prohibida.
Me quedo mirándola, intentando encajar aquello con todo lo que ya sé de Auren. Hasta ahora había visto criaturas mágicas, había descubierto que existen dragones y caballos capaces de percibir la magia, pero escuchar hablar de magia prohibida hace que todo parezca un poco más oscuro.
—¿Dónde viven?
Maeve guarda silencio durante un instante.
—No es algo que debas buscar.
—Eso no responde a mi pregunta.
Una pequeña sonrisa aparece en su rostro, aunque desaparece enseguida.
—Existe un lugar al que llaman el Bosque sin Nombre.
El nombre consigue llamar inmediatamente mi atención.
—¿El Bosque sin Nombre?
—Sí. Está alejado de Auren y son pocos los que conocen realmente sus caminos. Las brujas que practican esa clase de magia suelen mantenerse apartadas.
—¿Y por qué?
—Porque no quieren que nadie las encuentre.
Siento un pequeño escalofrío.
—¿Qué clase de magia hacen?
—Magia que no debería utilizarse.
—Eso tampoco me dice demasiado.
Maeve me observa con seriedad.
—Love, algunas formas de magia tienen consecuencias que no pueden deshacerse fácilmente. No todo lo que puede hacerse significa que deba hacerse.
Bajo la mirada hacia los libros.
Entonces recuerdo a la mujer de Bellmere.
La forma en que se acercó a mí cuando Cassian no estaba pendiente, su manera de hablarme como si supiera cosas que nadie debería saber.
—Maeve…
Ella vuelve a mirarme.
—¿Sí?
Dudo unos segundos antes de continuar.
—La mujer que me encontré en Bellmere… ¿podría ser una bruja?
La expresión de Maeve cambia ligeramente.
—¿Por qué lo preguntas?
—Me dijo que podía leerme el futuro.
Maeve no responde inmediatamente.
—¿Qué más te dijo?
—Que me conocía. Que sabía de dónde venía.
La habitación parece quedarse más silenciosa.
—¿Te dijo algo más?
Niego con la cabeza.
—No. No llegué a dejar que me leyera el futuro. No me gustó cómo me miraba.
Maeve permanece pensativa durante unos segundos.
—Hiciste bien en no acercarte más.
—¿Crees que era una bruja?
—No puedo asegurarlo.
La respuesta no consigue tranquilizarme.
—Pero podría serlo.
Maeve asiente lentamente.
—Podría.
Miro hacia la puerta, recordando de nuevo aquellos ojos y aquella voz.
—¿Y si sabe cómo devolverme a mi mundo?
Maeve se queda completamente quieta.
Por primera vez desde que he entrado, parece no saber qué responder.