La mañana parece tranquila cuando decido que voy a hacer algo que probablemente no debería. Llevo un rato mirando por la ventana, hacia la línea de árboles que se extiende más allá de los muros del castillo, y no consigo apartar de mi cabeza la imagen del elaris que vi la última vez. Sé que no debería volver al Bosque de los Sueños después de lo que ocurrió, y mucho menos hacerlo sola, pero también sé que esta vez es de día y que no voy a adentrarme tanto como aquella noche.
Además, quiero volver a verlo.
Me pongo una capa ligera y salgo de mi habitación procurando que nadie me detenga. Camino por los pasillos intentando parecer tranquila, aunque cada paso que doy hacia la salida hace que sea más consciente de que estoy desobedeciendo a todo el mundo. Cuando finalmente abandono el castillo, respiro profundamente y miro hacia el bosque.
Durante unos segundos dudo.
Después sigo caminando.
El Bosque de los Sueños es completamente distinto bajo la luz del día. Los árboles dejan pasar los rayos del sol entre sus ramas y todo parece mucho más tranquilo que cuando estuve allí de noche. Aun así, no puedo evitar recordar lo que sucedió la última vez que crucé estos caminos y el miedo me recorre durante un instante cuando veo algunas de las plantas que crecen junto al sendero.
Me mantengo atenta al suelo y avanzo despacio, sin alejarme demasiado del camino que he seguido para entrar. No quiero volver a encontrarme con ninguna criatura peligrosa. Solo quiero encontrar al elaris.
Sigo caminando durante un rato, mirando entre los árboles, hasta que algo se mueve a lo lejos.
Me detengo.
Una figura blanca aparece entre la vegetación y mi corazón empieza a latir más rápido.
Es él.
El elaris está allí, tranquilo, como si no hubiera pasado nada. Su crin brilla bajo la luz del sol y, aunque desde aquí sigue pareciéndome una criatura salida de uno de los libros de la biblioteca, esta vez sé que es real.
No doy un paso más.
Recuerdo cómo salió corriendo la primera vez que intenté acercarme y decido esperar. Me quedo quieta, observándolo, hasta que levanta la cabeza y sus ojos se encuentran con los míos.
No sé cuánto tiempo permanecemos así.
Entonces da un paso hacia mí.
Después otro.
Contengo la respiración y no me muevo. El elaris continúa acercándose lentamente, como si esta vez fuera él quien hubiera decidido que puedo estar cerca.
Cuando llega a mi lado, baja la cabeza.
Levanto una mano con cuidado y dejo que sea él quien decida si quiere acercarse.
Su hocico roza mis dedos.
Sonrío.
—Hola…
Lo acaricio despacio y siento bajo mis dedos su pelo suave. Su crin desprende pequeños destellos que parecen moverse con la luz y me quedo maravillada al comprobar que es todavía más bonito de cerca.
—Eres precioso.
El elaris permanece tranquilo junto a mí y continúo acariciándolo, sin poder creer que esta vez no haya salido corriendo.
Por un momento, olvido que estoy en un bosque que casi consigue acabar conmigo.
Solo puedo pensar que he vuelto a encontrarlo.
Y que esta vez él ha decidido quedarse.
—¡Love!
La voz de Cassian rompe de golpe la tranquilidad del claro y hace que el elaris levante la cabeza antes de salir corriendo entre los árboles. Me giro y lo veo aparecer junto a Rowan, ambos sobre sus caballos, pero es Cassian quien consigue que toda la calma que sentía hace apenas unos segundos desaparezca. Su expresión es mucho más dura de lo habitual y, en cuanto llega hasta mí, desmonta de Asterion y avanza con pasos largos hasta detenerse frente a mí.
No retrocedo. En lugar de eso, cruzo los brazos sobre el pecho y levanto la barbilla, intentando no dejarme intimidar por la mirada que me dirige.
—Creí que te había dejado claro que no podías venir sola al bosque.
—Y yo creí que te había dejado claro que no puedes tenerme encerrada en el castillo y decidir cuándo puedo salir y cuándo no.
Sus ojos se endurecen todavía más.
—No estamos hablando de salir a pasear por los jardines, Love. Estamos hablando del Bosque de los Sueños. Ya sabes lo que ocurrió la última vez que estuviste aquí.
—Precisamente por eso he vuelto de día.
—¿Eso es lo que tienes que decir para justificarlo? —su voz sube un poco—. ¿Que como hay luz del día ya no puede pasarte nada?
—No he dicho eso.
—Entonces, ¿qué hacías aquí?
Aprieto los labios durante un instante antes de responder.
—Vine a buscar al elaris.
Cassian me mira como si acabara de confirmar exactamente lo que temía.
—¿Al elaris?
—Sí.
—¿Después de lo que ocurrió? ¿Después de que casi murieras?