Cassian
El camino de regreso al castillo transcurre mucho más silencioso que el de ida. Love cabalga delante de mí sobre Asterion y yo mantengo las riendas entre mis manos, procurando concentrarme en el sendero mientras mi cabeza vuelve una y otra vez a nuestra conversación junto al lago.
No debería haberle regalado aquella flor.
Mucho menos haberle acariciado el rostro.
Y definitivamente no debería haberle dicho que era bonita.
Sin embargo, lo hice.
Todavía puedo recordar la expresión de sus ojos cuando me miró después de escucharlo. No fue la reacción de alguien acostumbrado a recibir cumplidos. Parecía realmente sorprendida, como si nadie se lo hubiera dicho antes o como si le costara creer que alguien pudiera verla de esa manera.
Después me habló de su mundo.
De lo que allí significaba enamorarse, de las relaciones, de cómo las personas podían conocerse, quererse y terminar formando una vida juntas. Lo explicó con una naturalidad que me resultó extraña porque, mientras hablaba, también dejó claro que ella nunca había vivido nada parecido.
Nunca había tenido a alguien.
La frase debería haberme resultado indiferente.
No lo hizo.
Me sorprendió descubrir cuánto me molestaba imaginar que aquella muchacha, que parece capaz de llenar de luz cualquier lugar al que entra, hubiera pasado tanto tiempo sintiéndose sola.
Cuando llegamos a las puertas del castillo, Love gira ligeramente la cabeza para mirarme.
—¿Estás bien?
La pregunta me saca de mis pensamientos.
—Sí.
—Estás muy callado.
—Suelo estarlo.
Sonríe.
—Ya me he dado cuenta.
Hay algo divertido en su tono y, contra todo pronóstico, una sonrisa amenaza con aparecer en mis labios. La contengo antes de que llegue a hacerlo y ella parece darse cuenta.
—¿Qué?
—Nada.
—Has estado a punto de sonreír.
—Te equivocas.
—No.
Sacude ligeramente la cabeza, divertida, y continúa hacia el interior. Yo la sigo mientras intento ignorar la sensación extraña que me produce verla sonreír después de todo lo que me ha contado sobre su vida en su mundo.
Quizá por eso me resulta tan difícil mantenerme distante con ella.
Love no espera nada de mí.
No me mira como príncipe.
No intenta agradarme.
Simplemente habla conmigo como si fuera Cassian.
Y quizá eso sea precisamente lo que más me desconcierta.
Al entrar en el castillo, varios sirvientes se apartan para dejarnos pasar. Love los saluda con una sonrisa y ellos responden con cierta sorpresa antes de continuar con sus tareas. Yo avanzo a su lado en silencio, consciente de que algunas miradas se quedan sobre nosotros durante más tiempo del necesario.
No me importa.
O intento convencerme de que no me importa.
Love se detiene frente a las escaleras.
—Gracias por llevarme.
—No tienes que agradecerlo.
—Sí tengo.
Me mira durante unos segundos y después baja la mirada hacia la flor que todavía sostiene entre los dedos.
La ha conservado todo el camino.
Algo dentro de mí vuelve a tensarse.
—Buenas noches, Cassian.
—Buenas noches, Love.
Ella comienza a subir las escaleras, pero antes de desaparecer se gira una última vez y me dedica una sonrisa. La observo hasta que desaparece en el piso superior y solo entonces aparto la mirada.
No sé cuánto tiempo permanezco allí parado, pero una voz conocida consigue sacarme de mis pensamientos.
—Si sigues mirando las escaleras, quizá vuelva a bajar.
Giro la cabeza.
Mi abuelo está apoyado contra una de las columnas del vestíbulo, observándome con esa expresión que conozco demasiado bien.
—No estaba mirando las escaleras.
—Claro que no.
Camina hacia mí con una sonrisa divertida y yo comienzo a avanzar hacia el otro lado del vestíbulo.
—¿Qué quieres?
—Hablar contigo.
—Entonces habla.
Mi abuelo se coloca a mi lado y durante unos segundos permanece en silencio.
—La muchacha te importa.
No respondo.
—No tienes que decir nada —continúa—. Tu cara ya lo ha hecho por ti.
Lo miro con seriedad.
—No sabes de qué estás hablando.