Auren: dónde mueren los cuentos

23

Desde primera hora de la mañana tengo una idea dando vueltas en mi cabeza y, cuanto más lo pienso, más ganas tengo de hacerlo. Quiero conocer Lunareth. Kaia me ha hablado varias veces del pueblo y, después de todo lo que he aprendido sobre Auren, siento que necesito seguir descubriendo este mundo por mí misma. Además, esta vez no quiero escaparme ni hacer nada a escondidas. Quiero pedir permiso.

Encuentro a Cassian en una de las salas del castillo y espero hasta que termina de revisar unos documentos antes de acercarme. Él levanta la mirada en cuanto me oye llegar y deja lo que está haciendo sobre la mesa.

—¿Qué necesitas?

—Quería preguntarte algo.

—Dime.

Me siento frente a él y junto las manos sobre mi regazo, intentando no parecer demasiado nerviosa.

—¿Puedo ir a Lunareth con Kaia?

Cassian permanece unos segundos en silencio.

—¿A Lunareth?

Asiento.

—Kaia conoce el pueblo y me gustaría verlo. No quiero quedarme todo el día en el castillo.

Su expresión se suaviza ligeramente.

—¿Cuándo?

—Hoy, si podemos.

Parece pensarlo antes de asentir.

—Puedes ir.

Una sonrisa aparece en mi rostro inmediatamente.

—¿De verdad?

—Sí, pero irás con Kaia y permanecerás con ella.

—Lo prometo.

—Y si ocurre cualquier cosa, regresáis inmediatamente.

—Sí.

Me levanto mucho más contenta de lo que quiero admitir y me dirijo hacia la puerta, pero antes de que pueda salir escucho su voz.

—Love.

Me giro.

—¿Sí?

—Ten cuidado.

Sonrío.

—Lo tendré.

Cuando encuentro a Kaia y le cuento que Cassian nos ha dado permiso, ella parece tan emocionada como yo. No tardamos demasiado en prepararnos y, poco después, dejamos atrás el castillo.

Cuando finalmente llegamos a Lunareth, no puedo evitar quedarme mirando todo a mi alrededor. Desde el primer momento noto que es diferente a Bellmere. Aquí no hay una separación tan evidente entre las personas y los semihumanos; ambos forman parte de las calles con una naturalidad que me hace sonreír. Hay personas con orejas de zorro, colas de distintos animales, pequeñas astas, alas, ojos de colores extraños y otras características que todavía no sé reconocer, pero nadie parece sorprenderse al verlas.

Es el hogar de Kaia.

Y también de Seraphine.

Por eso, quizá, al verla aquí todo tiene un poco más de sentido.

Kaia camina a mi lado con una sonrisa que no le había visto tantas veces en el castillo. Saluda a algunas personas, se detiene a hablar con otras y parece conocer cada rincón del pueblo. Seraphine tampoco tarda en encontrarnos y, en cuanto se acerca, su expresión cambia por completo.

—Bienvenida a Lunareth.

—Ahora entiendo por qué hablas tanto de este lugar.

Ella sonríe.

—Porque es mi casa.

Miro alrededor otra vez. Hay niños jugando en una pequeña plaza, algunos con rasgos humanos y otros completamente semihumanos, y adultos conversando mientras continúan con sus tareas. Nadie parece esconderse ni intentar disimular lo que es.

Me gusta.

Mucho.

A medida que avanzamos, Kaia me enseña algunos de sus lugares favoritos y me cuenta pequeñas historias sobre el pueblo. Descubro que muchas familias llevan generaciones viviendo aquí y que algunas de sus costumbres están relacionadas con la magia y con las distintas especies que conviven en Lunareth.

Todo me resulta nuevo.

Todo consigue despertar mi curiosidad.

Y quizá lo que más me sorprende es la sensación que tengo mientras camino entre ellos.

Por primera vez desde que llegué a Auren, no siento que todo el mundo esté mirándome porque soy diferente.

Aquí, ser diferente parece formar parte de lo normal.

La tarde continúa entre paseos y conversaciones hasta que el cielo empieza a oscurecerse y las primeras estrellas aparecen sobre nuestras cabezas. Lunareth parece cambiar cuando llega la noche. Las luces de algunas casas iluminan los caminos y, en distintos puntos del pueblo, comienzan a encenderse pequeñas hogueras alrededor de las cuales se reúnen familias y amigos.

Kaia nos lleva hasta una de ellas y nos sentamos junto al resto. Seraphine ya está allí, hablando con algunas personas, pero en cuanto me ve se acerca y ocupa un sitio a mi lado.

—¿Te está gustando Lunareth?

Miro alrededor antes de responder.

—Muchísimo. Es diferente a todo lo que he conocido.

—Es porque aquí todos somos diferentes —responde con una pequeña sonrisa—. En Lunareth nadie tiene que esconder lo que es.



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En el texto hay: principe, magia, criaturasmagicas

Editado: 19.10.2026

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