Desde aquella noche siento que algo ha cambiado entre Cassian y yo. No sé exactamente qué es, porque cuando estamos solos parece más fácil olvidarme de todo lo que nos separa, pero cuando hay alguien más cerca él vuelve a comportarse como el príncipe que todos conocen. Su expresión se vuelve seria, su voz adquiere ese tono distante y apenas me dedica más atención de la necesaria. Al principio me confundía, pero ahora empiezo a entender que quizá sea su manera de protegerse, de protegerme o simplemente de evitar que los demás vean algo que todavía ni siquiera nosotros sabemos explicar.
Esa mañana estoy con Kaia en uno de los patios del castillo. Ella está ocupada con algunas cosas mientras yo escribo en el cuaderno que Cassian me regaló. Me he acostumbrado a llevarlo conmigo a todas partes y ya he llenado varias páginas describiendo criaturas, lugares y pequeñas cosas de Auren que no quiero olvidar. También he escrito sobre Colorado, sobre mis padres y sobre todo aquello que echo de menos, aunque intento no hacerlo demasiado a menudo porque cada vez que pienso en mi casa aparece una sensación extraña que no sé cómo manejar.
Kaia se acerca y mira por encima de mi hombro.
—¿Qué escribes?
Cierro el cuaderno casi de inmediato.
—Nada.
—Eso no parecía nada.
Sonrío y lo aprieto contra mi pecho.
—Son cosas de Auren.
—Entonces supongo que ya tienes bastante que contar.
—Muchísimo.
Kaia se sienta a mi lado y me observa durante unos segundos. Hay una sonrisa pequeña en sus labios que hace que empiece a sospechar que quiere decirme algo.
—¿Qué?
—Nada.
—Kaia.
—Love.
Las dos nos miramos y termino riéndome.
—¿Qué pasa?
—Sé lo que sientes por Cassian.
La sonrisa desaparece de mi rostro.
—¿Qué?
—No soy ciega.
Bajo la mirada hacia el cuaderno.
—No sé de qué hablas.
—Sí lo sabes.
No respondo. Mis dedos empiezan a recorrer distraídamente el borde de la tapa de cuero.
—No debería sentir nada por él —murmuro finalmente.
Kaia deja de sonreír.
—Probablemente no.
La miro, un poco sorprendida por su sinceridad.
—Porque es el príncipe —continúa—. Porque está comprometido con Evelyn. Y porque tú ni siquiera perteneces a este mundo.
Cada una de sus palabras encuentra un lugar incómodo dentro de mí.
—Lo sé.
—Y no te estoy diciendo que lo que sientes esté mal. Los sentimientos no funcionan así. Pero eso no significa que no puedan hacerte daño.
Trago saliva y miro hacia otro lado.
—No quiero que me haga daño.
—Entonces tienes que tener cuidado.
—¿Tú has tenido que hacer algo parecido?
Kaia tarda unos segundos en responder.
—Sí.
Vuelvo a mirarla.
—¿Con quién?
Su expresión cambia ligeramente.
—Silas.
Tardo un segundo en comprender que habla del curandero.
—¿Silas?
Ella asiente.
—No sabía que…
—Nadie lo sabe.
—¿Él tampoco?
Kaia niega con la cabeza.
—No.
—¿Por qué no se lo dices?
Una sonrisa triste aparece en su rostro.
—Porque a veces saber lo que sientes no significa que puedas hacer algo al respecto.
Me quedo callada.
Ahora entiendo por qué me está hablando de Cassian de esa manera. No lo hace porque quiera alejarme de él sin más. Lo entiende porque ella también sabe lo que significa querer a alguien cuando existen demasiadas cosas en medio.
—Entonces tú también tienes un amor imposible.
Kaia baja la mirada.
—Supongo que sí.
Durante unos segundos ninguna dice nada.
—¿Y qué haces?
—Intento no dejar que eso decida mi vida.
Pienso en Cassian.
En la forma en que me mira cuando estamos solos. En cómo consiguió hacerme sentir segura cuando no sabía dónde estaba ni qué me estaba pasando. En todo lo que he aprendido desde que llegué.
—No sé si puedo hacer eso.
Kaia me mira con cariño.
—No tienes que decidirlo ahora.
Asiento lentamente.