Cassian
Desde que abrí los ojos esta mañana tengo la sensación de estar haciendo algo que no debería.
No porque me arrepienta de lo que ocurrió con Love. Todo lo contrario. Es precisamente eso lo que hace que resulte imposible fingir que nada ha cambiado.
La encuentro en mis pensamientos incluso cuando intento concentrarme en cualquier otra cosa. Recuerdo la forma en que me miró antes de besarme, la manera en que rodeó mi cuello con los brazos y esa sonrisa que apareció después, como si todavía no terminara de creerse que aquello hubiera sucedido.
Y sé que yo tampoco quiero olvidarlo.
Pero cuando abandono mi habitación y regreso a los asuntos que me corresponden, la realidad vuelve a imponerse.
Estoy comprometido con Evelyn.
Durante años he aceptado ese compromiso como una obligación más. Algo que estaba decidido mucho antes de que yo pudiera cuestionarlo. Nunca me había detenido a pensar demasiado en lo que significaba. Evelyn y yo nos casaríamos porque era lo esperado, porque nuestras familias lo consideraban conveniente y porque nadie parecía necesitar preguntarme si aquello era lo que yo quería.
Ahora sí me lo pregunto.
Y no me gusta la respuesta.
Paso parte de la mañana ocupándome de los asuntos del castillo. Intento mantener la cabeza despejada, pero cada vez que tengo un momento de silencio, Love vuelve a aparecer en mi mente. Me pregunto qué estará haciendo, si habrá desayunado, si estará con Kaia o leyendo en alguna parte.
Y entonces me doy cuenta de algo que debería haber comprendido mucho antes.
Estoy empezando a pensar en ella como parte de mi vida.
No como una visitante de otro mundo a la que debo proteger.
No como alguien a quien debo ayudar a regresar a casa.
Como Love.
La persona que quiero a mi lado.
Esa certeza me acompaña incluso cuando, horas después, Evelyn aparece ante mí.
La observo acercarse y durante unos segundos intento encontrar en ella aquello que debería sentir. Afecto, ilusión, algo que se parezca al amor.
No encuentro nada.
—Cassian.
—Evelyn.
Ella se detiene frente a mí.
—Hace días que apenas tenemos tiempo para hablar.
—He estado ocupado.
—Siempre estás ocupado.
No respondo. Evelyn me observa con atención, como si intentara descubrir qué ha cambiado.
—¿Te ocurre algo?
—No.
La respuesta sale demasiado rápido.
Ella entrecierra ligeramente los ojos.
—Antes no eras así conmigo.
Aparto la mirada.
No quiero mentirle, pero tampoco puedo contarle la verdad.
—Hay muchas cosas que tengo en la cabeza.
—¿Por el compromiso?
La pregunta me obliga a volver a mirarla.
—¿Por qué preguntas eso?
—Porque últimamente pareces estar en otro lugar.
No dice el nombre de Love. Ni siquiera parece sospechar nada concreto. Y, por alguna razón, eso hace que la conversación resulte todavía más incómoda.
—Nuestro compromiso sigue en pie —digo finalmente.
Evelyn asiente.
—Eso espero.
Sus palabras deberían tranquilizarme.
En cambio, me producen exactamente lo contrario.
Sigue hablando sobre los preparativos y sobre lo que nuestras familias esperan, pero apenas la escucho. Cada palabra relacionada con nuestra boda hace que una sensación de rechazo crezca dentro de mí.
No quiero esa boda.
No quiero imaginarme entrando en ella sabiendo que amo a otra persona.
Y, sobre todo, no quiero mirar a Evelyn a los ojos el día que tenga que pronunciar unos votos que no siento.
Cuando finalmente se marcha, permanezco solo durante unos instantes.
Me paso una mano por el rostro y dejo escapar lentamente el aire.
Hasta ayer podía seguir convenciéndome de que todavía tenía tiempo.
Ya no.
He besado a Love.
Le he dicho que estamos juntos.
Y aunque nadie más lo sabe, para mí eso ha cambiado todo.
No puedo pedirle que permanezca a mi lado mientras yo sigo fingiendo que voy a casarme con otra mujer.
Sé que todavía no estoy preparado para decirle a Love lo que estoy pensando. No quiero darle esperanzas sobre algo que todavía debo resolver por mi cuenta. Ella no tiene por qué cargar con una decisión que me corresponde únicamente a mí.
Así que, cuando vuelvo a verla más tarde en uno de los corredores, hago lo único que puedo.