Intento no pensar demasiado en Cassian.
No funciona.
Desde que hemos decidido mantener lo nuestro en secreto, parece que todo se ha vuelto más complicado. Cuando estamos rodeados de gente apenas podemos mirarnos y, cuando conseguimos estar solos, tengo que recordarme constantemente que no podemos permitirnos olvidar dónde estamos.
Aun así, cada vez que lo veo siento que algo dentro de mí cambia.
Esa tarde lo encuentro en uno de los jardines. Está solo, sentado junto a una de las fuentes, y durante unos segundos me quedo observándolo desde lejos. Cuando levanta la mirada y me descubre, su expresión se suaviza.
Me acerco.
—¿Estás ocupado?
—Ahora no.
Me siento a su lado y durante unos instantes simplemente disfrutamos del silencio. Ya no necesito llenar cada momento con palabras. Hay algo cómodo en estar junto a él, incluso cuando ninguno dice nada.
—Hoy has estado muy serio —murmuro.
—¿Solo hoy?
Sonrío.
—No. Pero hoy más.
Cassian deja escapar una pequeña risa.
—Quizá tenga motivos.
Lo miro de reojo, pero no pregunto. No quiero arruinar este momento.
Apoyo la cabeza sobre su hombro y siento cómo se queda quieto durante un instante antes de relajarse. Sus dedos buscan los míos y los entrelaza con naturalidad.
Es un gesto tan sencillo que me duele pensar que ni siquiera podemos hacerlo delante de los demás.
—Me gusta esto —confieso.
—¿El jardín?
—Esto.
Levanto nuestras manos entrelazadas.
—Estar contigo así.
Cassian me mira.
—A mí también.
Sonrío, pero la felicidad dura poco. Hay una pregunta que llevo varios días intentando apartar de mi cabeza y, ahora que estamos solos, vuelve a aparecer.
—Cassian…
—¿Sí?
Dudo.
—¿Qué va a pasar con nosotros?
Su mirada se mantiene sobre la mía.
—¿A qué te refieres?
—A todo esto.
Hago un pequeño gesto hacia nosotros.
—Tú sigues comprometido con Evelyn.
Él permanece en silencio.
—Sé que lo que sentimos es real —continúo—. Y no me arrepiento de nada. Pero no sé cuánto tiempo podemos seguir escondiéndonos.
Cassian aprieta ligeramente mi mano.
—No tienes que pensar en eso ahora.
—Es difícil no hacerlo.
Aparto la mirada hacia los jardines.
—Porque por mucho que quiera estar contigo, hay una parte de mí que sabe que quizá nunca podamos hacerlo de verdad.
Las palabras me cuesta pronunciarlas.
—No quiero que llegue un día en el que tengas que elegir entre lo que debes hacer y yo.
Cassian gira mi rostro suavemente hacia él.
—Love…
—No estoy diciendo que quiera alejarme de ti.
—Lo sé.
—Solo intento ser realista.
Él me observa durante unos segundos, como si quisiera decirme algo, pero finalmente guarda silencio.
Y yo no sé que, mientras intento aceptar que quizá nuestro tiempo juntos tenga un límite, él ya ha tomado una decisión que todavía no me ha contado.
Para mí, Evelyn sigue siendo la razón por la que nunca podremos tener un futuro sencillo.
Para Cassian, en cambio, algo ya ha empezado a cambiar.
Pero yo todavía no lo sé.
Apoyo de nuevo la cabeza sobre su hombro y cierro los ojos.
—Quédate un poco más.
—Todo el tiempo que pueda.
No sé por qué esas palabras hacen que mi pecho se apriete.
Quizá porque, aunque no quiero admitirlo, tengo miedo de que algún día ese «pueda» deje de ser suficiente.
Nos quedamos allí hasta que empieza a caer la tarde. Cuando escuchamos voces acercándose por uno de los caminos, nos separamos de inmediato y Cassian recupera esa expresión seria que todos conocen.
Yo también me incorporo y finjo que simplemente estábamos hablando.
Antes de marcharse, sin que nadie pueda verlo, sus dedos rozan los míos.
Un segundo.
Nada más.
Pero es suficiente para hacerme sonreír.
Porque aunque no sé cuánto tiempo tendremos, esta noche todavía puedo quedarme con una certeza.
Cassian me quiere.
Y, por ahora, eso me basta.