Auren: dónde mueren los cuentos

33

Creo que he perdido la noción del tiempo que llevamos aquí. Estamos sentados frente al lago, abrazados y sin dejar de besarnos, como si dejar de hacerlo fuera a hacer que todo desapareciera, como si, en cualquier momento, todo pudiera dejar de ser real.

Todavía me cuesta creer que Cassian y yo estemos juntos de verdad. Que ya no tenga que conformarme con imaginar cómo sería estar entre sus brazos, preguntarme qué sentiría si me besara o preguntarme si alguna vez llegaría a mirarme como yo lo miro a él. Ahora puedo hacerlo. Puedo abrazarlo, acariciarle el rostro y besarlo sin tener que fingir que no siento nada.

Y, por primera vez en mucho tiempo, no quiero pensar en lo que podría salir mal. Quiero disfrutar de este momento, de su cercanía y de la tranquilidad que siento cuando estoy con él.

Cassian se ríe contra mis labios y se aparta un segundo, lo suficiente para mirarme a los ojos.

—Tendríamos que volver antes de que me echen de menos.

Me acurruco contra él y escondo el rostro en su pecho, abrazándolo con más fuerza.

—No quiero volver. Quiero quedarme aquí para siempre.

Noto cómo se ríe suavemente antes de apartarse lo justo para mirarme.

—Love… —Me levanta la cara con los dedos y me acaricia la mejilla.

—Tus padres no querrán que estés conmigo —murmuro, incapaz de evitar que el pensamiento vuelva a mi cabeza.

Aunque Cassian haya roto su compromiso con Evelyn, sé que eso no significa que todo vaya a ser fácil. Es el príncipe de Auren y su familia seguramente tendrá sus propias expectativas sobre la persona con la que debería casarse. Y yo… yo soy una chica que ni siquiera pertenece a este mundo.

—Ya no pueden decidir por mí, encanto.

Su respuesta es tan segura que, por un instante, consigo apartar todas mis preocupaciones.

—Pero…

—Deja de pensar tanto, Love.

Lo dice con una pequeña sonrisa, acariciándome la mejilla con el pulgar. Antes de que pueda encontrar otra excusa para preocuparme, vuelve a besarme y todo lo demás desaparece de nuevo.

Me olvido de los problemas, de las dudas y de todo lo que nos espera cuando regresemos al castillo. Solo quiero disfrutar de sus labios, de sus brazos rodeándome y de la manera en que me hace sentir cuando estoy con él.

Sin embargo, tarde o temprano tenemos que regresar.

Nos levantamos y me subo a Asterion a regañadientes. No me apetece alejarme de Cassian ni un solo instante, pero sé que no podemos quedarnos aquí para siempre, por mucho que me gustaría hacerlo.

Él monta detrás de mí y me rodea la cintura con los brazos para coger las riendas. Su pecho queda pegado a mi espalda y, cuando me acomodo entre sus brazos, siento que se me escapa una sonrisa.

—¿De qué te ríes? —pregunta, inclinándose ligeramente hacia mí.

—De nada.

—¿De nada? —repite, divertido—. Qué curioso. Porque llevas sonriendo desde que nos hemos levantado.

Giro un poco la cabeza para mirarlo.

—¿Y qué tiene de malo?

—Nada. Me gusta verte sonreír.

Sus palabras hacen que note un calor agradable en las mejillas. Aparto la mirada antes de que pueda darse cuenta de lo mucho que me afecta cualquier cosa que dice, aunque estoy bastante segura de que ya lo sabe.

—Eres insoportable, ¿lo sabías?

—Y, aun así, no quieres separarte de mí.

—No he dicho eso.

—No hace falta que lo digas.

Le doy un pequeño golpe en el brazo, fingiendo estar molesta, y él se ríe antes de hacer que Asterion emprenda el camino de vuelta al castillo.

Durante un rato, seguimos bromeando. Me siento tan cómoda entre sus brazos que casi olvido que estamos en un bosque peligroso y que deberíamos estar pendientes del camino. Cassian me susurra alguna que otra cosa al oído, yo le respondo y ambos volvemos a reírnos.

Hasta que, de pronto, deja de hacerlo.

Al principio no le doy importancia. Quizá ha escuchado algo o está concentrado en el camino. Sin embargo, unos segundos después, noto que su cuerpo se tensa ligeramente detrás de mí.

Su agarre alrededor de mi cintura se afloja.

Frunzo el ceño y me giro un poco, intentando verle el rostro.

—¿Cassian?

No responde.

Entonces noto cómo sus manos dejan de sujetar las riendas.

Todo sucede demasiado deprisa.

Dejo de sentir el calor de su cuerpo contra mi espalda y, antes de que pueda comprender qué está pasando, escucho el golpe de su cuerpo al desplomarse en el suelo.

—¡Cassian!

Tiro de las riendas como puedo y detengo a Asterion. Me bajo de inmediato, con el corazón golpeándome el pecho tan fuerte que apenas consigo respirar, y corro hacia él.

Está tendido en el suelo, inmóvil.

—¿Cassian? —Me arrodillo a su lado y le sujeto el rostro entre las manos—. Cassian, mírame.



#1082 en Fantasía
#198 en Magia

En el texto hay: principe, magia, criaturasmagicas

Editado: 19.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.