Auren: dónde mueren los cuentos

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Tengo la boca seca y un dolor insoportable en los brazos. Todo mi cuerpo está entumecido, como si me hubiera dado un golpe tan fuerte que ni siquiera pudiera recordar cómo ha sucedido. Intento moverme, pero un dolor punzante en las muñecas me obliga a detenerme.

Abro los ojos despacio. Al principio, todo está borroso y apenas consigo distinguir las formas que me rodean. Parpadeo varias veces, tratando de acostumbrarme a la oscuridad, hasta que consigo enfocar un par de siluetas a unos metros de mí.

—¿Por qué sigue viva? Quiero que la mates, Malakor.

La voz de una mujer atraviesa el silencio. Me resulta demasiado familiar, aunque mi cabeza todavía está demasiado aturdida para comprender por qué.

—Muerta no me sirve de nada, princesa. Necesito atraer a Cassian hacia ella.

—Te dije dónde estaba. Ese era el trato: ella muere y Cassian vive.

—Me estás dando dolor de cabeza, Evelyn, y así no puedo pensar.

Evelyn.

Parpadeo con más fuerza y mi visión termina de aclararse. Malakor se está sujetando el puente de la nariz, visiblemente irritado, mientras habla con una mujer que lleva un vestido color marfil. Su cabello rubio cae sobre sus hombros y una pequeña corona descansa sobre su cabeza.

Entonces la reconozco.

Evelyn.

Evelyn está aquí, en Dravak, hablando con Malakor como si ambos se conocieran desde hace tiempo. Como si hubieran llegado a un acuerdo.

Intento incorporarme, pero un tirón en las muñecas me detiene. Bajo la mirada y descubro que tengo las manos encadenadas. Las gruesas cadenas están sujetas a la pared y apenas me permiten moverme unos centímetros. Cuando vuelvo a intentarlo, el metal me roza la piel y siento un dolor agudo que me obliga a contener un gemido.

El ruido llama su atención.

Ambos se giran hacia mí.

—Vaya, vaya… Parece que nuestra invitada ha despertado.

Malakor sonríe de lado mientras se acerca. Sus botas resuenan sobre la piedra y, cuanto más se aproxima, más ganas tengo de apartarme de él. Sin embargo, las cadenas me lo impiden.

Se agacha hasta quedar a mi altura y ladea la cabeza, observándome con una tranquilidad que me pone los pelos de punta.

—Bienvenida a Dravak, Love. Espero que te acostumbres pronto a tu nueva estancia. Hace bastante más frío que en ese mundo al que llamas Colorado.

El miedo me recorre el cuerpo. Empiezo a temblar y vuelvo la mirada hacia Evelyn, aferrándome a la esperanza absurda de que, por alguna razón, decida ayudarme.

—Evelyn… Por favor, ayúdame.

Ella suelta una risa seca y se acerca despacio. Por un instante, creo que va a responderme, pero se detiene frente a mí y me agarra del cuello con tanta fuerza que se me corta la respiración. Sus uñas se clavan en mi piel y trato de apartar sus manos, aunque apenas tengo fuerzas para hacerlo.

—Tú me has quitado todo lo que tenía —susurra, acercando su rostro al mío—. Pero Cassian volverá a ser mío. Y me encargaré de borrar tu existencia para siempre.

Intento respirar, pero sus dedos aprietan todavía más. Mis ojos empiezan a llenarse de lágrimas y, cuando por fin me suelta, caigo hacia delante, tosiendo mientras me llevo las manos al cuello.

El dolor me hace estremecerme. Tardo unos segundos en recuperar el aliento y, cuando levanto la cabeza, Evelyn ya se está alejando.

—No le hagas daño a Cassian, por favor… —le suplico a Malakor, mirándolo con desesperación.

Él me observa durante unos instantes antes de incorporarse, como si mi petición le resultara de lo más divertida.

—Eso, querida, dependerá únicamente de él.

Siento que el estómago se me encoge.

—¿Qué quieres decir?

Malakor se vuelve hacia la puerta, pero se detiene antes de llegar a ella.

—Es bastante sencillo. Hay algo que quiero y Cassian tiene algo que yo necesito. Tú eres la forma más rápida de conseguirlo.

—¿Qué quieres de él?

—Eso tendrás que preguntárselo cuando venga a buscarte.

Niego con la cabeza, incapaz de aceptar lo que acaba de decir.

—No va a venir.

Quiero creerlo. Quiero convencerme de que Cassian se quedará en Auren, de que no arriesgará su vida por mí después de todo lo que ha hecho para mantenerme a salvo. Él mismo me envió a mi mundo porque creía que era el único lugar en el que Malakor no podría alcanzarme.

Y ahora estoy aquí.

En las mazmorras de su enemigo.

Malakor sonríe al escucharme.

—¿Eso crees?

No respondo. Aprieto los labios, intentando contener las lágrimas, pero él parece disfrutar demasiado de mi miedo.

—Tu príncipe te quiere más de lo que debería, Love. Y ese es precisamente su problema.

Se acerca de nuevo y se agacha frente a mí. Esta vez no me toca, pero no necesito que lo haga para sentirme atrapada.



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En el texto hay: principe, magia, criaturasmagicas

Editado: 19.10.2026

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