Siento todo el cuerpo pesado y la cabeza me da vueltas, como si todavía estuviera atrapada en un sueño del que no consigo despertar del todo. Sin embargo, hay algo agradable en la sensación de calor que me acaricia la cara, como si estuviera durmiendo encima de una nube con el sol iluminándome a través de ella.
Me obligo a abrir los ojos, aunque la claridad me molesta durante unos segundos. Parpadeo varias veces y trato de acostumbrarme a la luz antes de mover la cabeza hacia un lado. Un dolor intenso me recorre desde la nuca hasta la espalda y me llevo una mano a la cabeza, soltando un pequeño quejido.
Genial. Parece que me ha pasado un carruaje por encima.
Intento incorporarme un poco, pero el dolor me obliga a quedarme quieta. Respiro despacio y observo la habitación, tratando de comprender dónde estoy. Poco a poco, los recuerdos comienzan a regresar, primero como imágenes borrosas y después con una claridad que me hace contener el aliento.
Evelyn.
Las cadenas.
Malakor.
La pelea.
Y Cassian.
Recuerdo haberlo visto aparecer en las mazmorras, con la espada en la mano y aquella expresión de preocupación que nunca olvidaré. Recuerdo que intenté acercarme a él, que algo me golpeó y que, después, todo se volvió oscuro.
Pero también recuerdo esta habitación.
Es la misma en la que me he quedado tantas veces desde que llegué al castillo, y reconocerla me produce una tranquilidad que no sabía cuánto necesitaba.
—¿Love?
La voz me llega desde un lado y giro lentamente la cabeza, intentando ignorar el dolor. Una figura aparece en mi campo de visión y, durante unos segundos, solo consigo distinguir una silueta. Después parpadeo de nuevo y mis ojos consiguen enfocar su rostro.
—¿Kaia?
Ella se queda inmóvil, mirándome con los ojos muy abiertos, como si no terminara de creerse que estoy despierta. Entonces sus labios tiemblan y las lágrimas empiezan a acumularse en sus pestañas.
—¡Love!
Se acerca a toda prisa y se sienta en el borde de la cama, rodeándome con los brazos. El abrazo me hace estremecerme de dolor, pero no me importa. Intento corresponderlo como puedo, apoyando una mano en su espalda.
—Ay…
Kaia se aparta de golpe, horrorizada.
—¡Lo siento! No quería hacerte daño.
—No pasa nada…
—Sí que pasa. —Se limpia las mejillas con las manos, aunque las lágrimas no dejan de caerle—. Oh, Love, pensé que iba a perderte. Pensé que Malakor iba a matarte y que no volvería a verte nunca más.
La miro con ternura y siento que mis propios ojos empiezan a humedecerse. Nunca me había parado a pensar en lo mucho que podía dolerle mi ausencia a las personas que había dejado en Auren. Durante mi cautiverio, había tenido tanto miedo de no volver a ver a Cassian que apenas había pensado en todo lo demás.
—Te daría un abrazo de los buenos si no me doliera tanto moverme —murmuro.
Kaia suelta una pequeña carcajada entre lágrimas.
—Eres idiota.
—Un poquito.
Las dos nos reímos, aunque el movimiento me provoca otra punzada de dolor que me hace apretar los labios.
—Vale, vale. Nada de hacerte reír —dice, intentando recuperar la compostura—. Silas me matará si consigo que vuelvas a encontrarte mal nada más despertarte.
Al escuchar su nombre, recuerdo que todavía no sé cuánto tiempo ha pasado ni qué ha ocurrido después de que perdiera el conocimiento.
—¿Cuánto llevo aquí?
Kaia se seca las últimas lágrimas y me observa con una expresión más seria.
—Un par de días. Has estado inconsciente desde que Cassian te trajo al castillo.
Abro los ojos de golpe.
—¿Dos días?
—Sí. Silas ha estado pendiente de ti todo este tiempo, pero no conseguíamos que despertaras. —Hace una pausa y me acaricia suavemente el brazo—. Estaba empezando a preocuparme de verdad.
Trago saliva. Dos días. He pasado dos días inconsciente sin saber qué estaba ocurriendo a mi alrededor, sin saber si Cassian estaba bien ni si habíamos conseguido salir de las mazmorras de Malakor.
Entonces recuerdo algo mucho más importante.
—¿Y Cassian?
Kaia sonríe de inmediato, como si hubiera estado esperando esa pregunta.
—Está bien. Herido, pero bien. Aunque, sinceramente, creo que si dependiera de él, seguiría sentado a tu lado sin moverse ni para comer.
Siento que el corazón se me llena de alivio.
—¿Ha estado aquí?
—Prácticamente todo el tiempo. Rowan ha tenido que obligarlo a separarse de ti para que cumpliera con sus obligaciones de príncipe. No veas lo que le ha costado. —Niega con la cabeza, divertida—. Creo que nunca había visto a alguien tan empeñado en quedarse sentado en una silla.