Azulejo

Azulejo

Hace un tiempo dejé una maceta vacía en mi terraza. Sería una completa casualidad haberme encontrado con que una pequeña flor estaba creciendo en aquella maceta, débil y sin fuerzas... decidí alimentarla y cuidarla, al grado de obsesionarme con su bellísima composición. Todos los días me contaba una historia diferente, decía que un pájaro que alimentaba en el bosque la había traído hasta acá como agradecimiento, a veces me contaba las historias de su origen en el campo, en el bosque y sobre su ciclo natural, y así era todos los días, estaba asombrado por su color azulado tan hermoso y su compostura tan perfecta; perdido en su belleza olvide mi vida, olvide mi historia y cultive la historia de la flor, y cada vez sentí que su perfección se desvanecía, sus historias eran cada vez más cortas y poco entretenidas, mantenían mi habitación fría y mi corazón roto. Las cosas no iban bien... la rosa cada vez decaía y aunque hacía todo por salvarla, su color se desvanecía y mi corazón con el. Su dolor por fin ceso...

Me obsesione tanto con su color, con sus dulces historias que eran una melodía tranquilizante para mí, que decidí comprar cientos de macetas con la mejor tierra que había, mi terraza estaba repleta de ellas y ponía comida para pájaros junto a las macetas para que llegará de una vez más mi gran salvador; pero, nunca llego... iba en busca de él al parque todos los días y el invierno vendría pronto, las aves migrarían y tenía miedo, sin embargo, ¡comenzaron a salir pequeñas flores! y estaba tremendamente emocionado por escuchar sus historias, por saber si podrían devolverme a mi bello azulejo, pero cada que deseaban contarme su historia, yo solo preguntaba por ese color que me atormentaba y me curaba... al poco tiempo se fueron marchitando, junto con mi esperanza. Paso el tiempo, el invierno ceso y llego una nueva temporada, los pájaros por fin volvieron y sin querer, mire hacia mi balcón, noté que cientos de flores de distintos colores habían arribado en mi ventana y esperanzado en encontrar aquel azulejo fui a mirar, pero no había nada, aunque por fin decidí escuchar, y sorprendentemente encontré cierta similitud en sus palabras que me hicieron crecer y olvidar lo que el tiempo se llevo, creyendo así que sus enseñanzas podían atraer nuevos colores a mi vida.

Tantas voces juntas drenaban mi felicidad, distintos colores me hacían poder decorarme y aprender, soy tremendamente feliz, aunque aquel color azulado aún permanece contando historias en mi interior




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