Aunque Cristian aseguraba que yo hablaba en un idioma diferente cuando estaba en mi salón de clases, los profesores no se quedaban atrás. Mejor dicho, eran peores. Definitivamente yo había aprendido de ellos.
Estaba en clases junto a Frank, ambos sufriendo por las modificaciones del proyecto final. Todo debía quedar perfecto para cuando estemos en el último semestre, para así solo dedicarnos a aprendernos cada palabra.
Al fin iba a obtener mi título en informática para finales de este año, estaba feliz de haberlo logrado sin tener ni una pizca de ayuda de papá. Lograr dominar un tema que antes no entendía ni media página, era totalmente satisfactorio.
── El cuadro no va así. ──Dijo el profesor viendo el proyecto── Y el objetivo no puede ir así.
Tanto mi compañero como yo, gruñimos frustrados.
Porque la otra profesora nos dijo exactamente lo contrario, nos había dicho que lo hiciéramos así.
Sentía que Frank y yo éramos una pelota de ping-pong y estos profesores no tenían de un lado a otro sin parar, era insoportable.
Pero aparte de todo eso, estaba nerviosa, porque hoy era el día, el día que me sacarían de una vez por todas la muela cordal. Estaba de lo más nerviosa, sobre todo porque Cristian no podía acompañarme porque debía hacer un encargo, le supliqué a mamá que fuera conmigo, pero ella dijo que tenía que trabajar, y ni me molesté en preguntarle a papá.
Hoy sería el día de mi muerte por culpa de esa estúpida muela.
Quise negarme, no quería ir sola, pero había pasado una semana desde que me hice la radiografía y Cristian me dijo que, si dejo pasar mucho tiempo, habrá que sacar otra. No tengo más opción.
── ¿Por qué redactaron este texto así? ──Dijo el profesor, trayéndome al presente de nuevo.
Puse los ojos en blanco.
── Porque usted dijo que lo hiciéramos así. ──Frank ríe discretamente al escucharme.
Cuando se hizo la hora de salida, no sabía si aliviarme o ponerme más nerviosa, no sabía si prefería pasar más tiempo con los profesores indecisos o si quería estar con el dentista haciéndome una incisión en la muela.
Me estremecí de solo imaginarlo.
Cristian aparece y me toma la mano con fuerza.
── Iré tan pronto me desocupe. ──Apenas salimos del edificio, comenzó a besar mi cabeza.
── No te preocupes, todo estará bien. ──Sonreí cuando acarició mi mejilla derecha con su nariz, justo en la zona de la muela.
Cuando se separó para verme, le sonreí con claro miedo.
── Toma. ──Me da una tarjeta── Solo si no llego a tiempo, paga tú. Aunque espero de verdad llegar a tiempo para acompañarte.
── Todo estará bien. ──Insistí.
Él me miró inquieto a los ojos.
── Iré lo más rápido que pueda. ──Fruncí el ceño ante su actitud.
¿Por qué estaba tan inquieto?
***
Ya entendía porque estaba tan inquieto.
Decir que grité, era decir poco, fue de lo peor que he experimentado teniendo en cuenta toda la mierda por la que había pasado. El dentista comentó que tuvo que colocarme una anestesia directo en el nervio para poder estar seguro de que no iba a sentir nada al momento de la extracción.
Esa aguja, Dios, de solo ver la aguja comencé a gritar.
Él se burló levemente diciendo que estaba espantando a sus pacientes, y aunque estaba muerta del miedo, me sentí mal por él e intenté no gritar, solo que no pude evitarlo.
── Toma. ──Dijo entregándome algo envuelto en una servilleta.
Al ver que se trataba de la muela, reí lo que mi boca medio anestesiada permitió.
── Como la odio. ──Confesé.
── ¿La vas a desechar?
Negué con la cabeza y la guardé en mi bolsillo.
Cuando salí del consultorio y me dirigí a recepción para pagar, en ese momento la puerta se abre y entra Cristian corriendo.
Pensándolo mejor, menos mal no me vio durante la extracción, habría sido de lo más vergonzoso.
── Vaya… estás… ──Me miró sorprendido.
Y al ver mi reflejo lo entendí, mi mejilla se había inflamado demasiado, parecía una ardilla que ocultaba todas sus nueces en una de sus mejillas.
¿No puede ser esto más vergonzoso?
Él toma la tarjeta de mi mano y se dirige a la recepción para pagar.
── Sabes. ──Comentó mientras esperaba el recibo── Uno de mis amigos me dijo que necesitaba soporte de software. Te recomendé, solo si quieres claro.
Me sonrojé.
── Bueno. Puedo revisar a ver que tal.
Claramente lo que cobraría de eso se lo daría a él, así tenga que obligarlo a aceptarlo.
── Estás hablando adorable con la boca así.
── No te burles. ──Me quejé.
── Claro que no, Ballerina.