Bailando Hacia Ti

Capítulo XIII

Aviso: +18

Lana Del Rey - Young And Beautiful

Entré al primer parque que vi, y sin pensarlo mucho y sin haber calentado antes, comencé a bailar.

De la misma manera que lo hacía cuando era pequeña.

Lloraba mientras lo hacía, una de las razones por las que comenzó a ponerme nerviosa de que me miraran bailar, eran las expresiones confundidas y hasta con un toque de burla al verme llorar mientras lo hacía. Seguramente pensaban que lloraba porque no quería bailar o algo, cuando era mucho más profundo de lo que imaginaban.

Lloraba porque al bailar fue la primera vez en donde traté de hacer ver mi dolor, esperaba esperanzada que alguien me miraría y notaria la tristeza con la que cargaba, las culpas e inseguridades que arrastraba conmigo desde que tenía memoria.

Entonces me caí cuando intenté hacer giros continuos.

── Espera, ten cuidado.

Vi como intentaba acercarse, pero gruñí, totalmente molesta y él se apartó.

No quería tratarlo mal, solo quería sacar la frustración que crecía demasiado rápido en mi interior e ignorar la vergüenza de que haya tenido que escuchar todo lo que me pasó.

Lo volví a intentar, pero volví a caer.

── Rebeca, te estás haciendo daño.

Lo ignoré y lo volví a intentar.

── Por favor, así no… ──Suplicó.

Gruñí cuando volví a caerme.

Y lo volví a intentar.

Tenía tanto tiempo sin hacer ese giro en específico, que ya había olvidado el equilibrio correcto para lograrlo, en la postura que debía tener y la confianza que necesitaba.

Pero no me rendí, yo quería en verdad hacer ese giro.

Solo que cuando lo logré, en lugar de alegrarme como lo había hecho con la voltereta la otra vez, no sentí emoción, no sentí alegría.

Me sentí totalmente vacía.

Comencé a llorar con más fuerza, sintiéndome avergonzada de cada uno de mis pasos. Me arrodillé, con mis manos sobre mi boca intentando amortiguar mi llanto.

Cristian me abrazó con fuerza y terminé por romperme, abalanzándome sobre él, provocando que terminara de sentarse en el suelo conmigo. Me aferré a él, a la única persona que me había brindado luz y paz en mi corazón, no quise seguir escondiendo mis emociones de él, quise que solo él pudiera verlas y cuidarlas como nadie nunca lo hizo antes.

Por lo que lo miré a los ojos y mantuve mi mirada firme en él, no la aparté, no quise moverla. Comencé a transmitir todo lo que sentía y vi como su rostro reflejó el dolor que yo sentía.

── Mi Ballerina. ──Susurró── De verdad bailas hermoso, pero me rompe el corazón que lo hagas con un aura tan triste.

Y eso solo me puso peor.

Por fin había encontrado a alguien que veía lo que en verdad sentía, lo que quería trasmitir, alguien que veía todas y cada una de mis señales pidiendo ayuda, donde trataba de decir que necesitaba ayuda.

Solo que no sabía si lo había encontrado muy tarde.

Él me acunó entre sus brazos, sentándome en sus piernas balanceándome de un lado a otro. Por muy tonto que eso sonara, eso ayudó a calmarme, me quedé en silencio, escuchando los latidos de su corazón.

── No creí que estuvieras guardando todo eso, Rebeca.

Subí la mirada y lo vi con algo de tristeza.

En lugar de responder, me levanté al sentir el frío que hacía, él me imitó. Lo vi cómo se quitaba su chaqueta y me cubría con ella.

Tomó mi mano y comenzamos a caminar en completo silencio.

Algo que agradecía, era cuando me daba mi espacio y mi silencio cuando lo necesitaba, se quedaba a mi lado dándome a entender que estaba allí para mí cuando quisiera hablar, que esperaría a cuando estuviera lista.

Miré el cielo, amo las estrellas.

Uno de los recuerdos más lindos que tengo con papá, tienen que ver con ellas.

Él solía mirarlas con mucha frecuencia, y él me explicaba lo que sabía sobre ellas, me preguntaba que formas podía ver si unía los puntos. Me hablaba de cómo le había dicho a mamá que le regalaba la luna en un gesto romántico tan poco común en él. Esas eran las conversaciones más lindas que había tenido con él, cuando veíamos las estrellas.

Por él había desarrollado cierta fascinación por el espacio, por cada detalle y misterio que podía esconderse por allí.

── ¿Crees en los extraterrestres? ──Le había preguntado cuando tenía nueve años.

En ese momento, él no era tan religioso, se inclinaba más por la ciencia, por lo que me gustaba escuchar su versión de los hechos.

── Claro, ¿tú crees que todo ese espacio allí afuera, solo es para nosotros? ──Dijo mirando el cielo.

Y le creí de inmediato, porque era mi papá quien me lo decía.

Respiré hondo, intentando no pensar en eso.

── No es algo de lo que me guste hablar. ──Musité, retomando lo que me había dicho.




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