Bajo el poder de un mafioso

Capìtulo 12

¿Sí...? ¿Será que hice bien en darle lo que esos ojos verdes me pidieron desde el primer momento que me vieron?

Joder. Después de esa relajación de todos mis músculos la inquietud vino a mí con esa pregunta que atormentaba mi pensar. Nunca antes me había acostado con un hombre tan rápido pero también nunca antes me había topado con alguien locamente enamorado de mí.

“¡Dios! ¡ayúdame!”

 

Señor A.

Realmente fue mucho mejor de lo que me había imaginado, Renata me hizo sentir vivo de nuevo, obviamente había estado con miles de chicas antes pero ninguna llego a darme esa satisfacción de placer durante ni después de terminar el sexo pero, por otra parte yo siempre me asegure que ellas si sintieran mucha satisfacción.

Quedamos abrazados y acostados en el sofá luego de terminar, había pasados varios minutos y Renata no había dicho nada, seguro está pensando que soy un idiota pues tampoco me he pronunciado ante este rico momento.

Me levanté con cuidado y cogí mi pantalón, ella enseguida también se levantó y al terminar de colocármelo tomé de su mano. La mire fijamente y noté que esos tiernos ojos me decían que algo malo sucedía, ¿Pero…? ¿Qué era? No lo podía  descifrar porque aun viéndola fijamente no lo tenía claro pues en ellos observaba un profundo vacío.

Mi corazón se arrugó y  pensar que algo hice mal, estaba causando en mí malestar. —¿Sucede algo? ¿Te he lastimado mi reina? —le he preguntado, no podía esperar ni un segundos más sin saber porque esos ojitos están tan idos.

Ella bajó su mirada.

—No. No me has lastimado en lo absoluto. —Me aclaró y un suspiro en mí se notó—Pero... —me miró —No creo que estuvo bien, esto.—Expresó indicando cuando hicimos el amor. ¿Debería odiarla? ¡No! Porque claro que la entiendo perfectamente, si fuera mujer y hubiese abierto las piernas a un sujeto que acabo de conocer claro que en mí entraría la pregunta ¿Si realmente hice bien de acostarme con él?

Tomé aire profundo.

La miré seguro. —¿Te gusto? —le pregunté arqueando una ceja.

—Sí. Claro que sí. —respondió sin dudar ni un segundo. Sonreí.

—¿Has notado que no has dudado en darme la respuesta? —ella se sorprendió, lo note cuando tres veces parpadeo. —Eso significa que realmente querías entregarte a mí, Renata... —tome sus mejillas—No vuelvas a dudar más de ti ni de mí, te juró por lo más sagrado que tengo que realmente te amo. —le confesé estampando un profundo beso que ella correspondió perfectamente. Oí a los pajaritos cantar mientras mi corazón palpitaba con fuerza, me sentía en un parque de diversiones y todo porque ella enlazaba su lengua con la mía...

Renata.

Me besó y le correspondí.

Las dudas se fueron porque realmente comprendí con ese beso que quería volverlo a tener encima de mí. Estábamos aún enlazados besándonos apasionadamente, no quería que se terminara nunca pero como siempre ella llegó a interrumpir. —¡Veo que resolviste el problema exactamente como te dije! — enunció irónicamente cruel.  Su mirada estaba inclinada mientras que con odio observaba a su jefe sin camisa.

El señor A y yo nos separamos.

—¡Hellen! —dijo nervioso. Los dos se miraban fijamente mientras yo trataba de descifrar qué pasaba, porque esa mirada acusadora de Hellen algo insinuaba que algo andaba mal.

—¡Hay que hablar! —ordenó Hellen dominante y fría. El señor A buscó su camisa y se la colocó. —Usted joven Renata vaya a su habitación, aquí hay cosas que debemos hablar y usted no está autorizada en escuchar. —me manifestó usando su tono neutral conmigo, por lo que se me hizo difícil saber si conmigo también estaba molesta.  Andrés (el señor A) no me miró, pensé que le diría algo a Hellen por la forma de cómo me habló pero no hizo ni dijo nada, solo se limitó a obedecerla.

Me marché de ahí con la mente revuelta pues no entendía ¿Por qué Hellen le habló así al señor A? ¿Por qué Hellen le dijo “Veo que resolviste el problema exactamente como te dije”? ¿De qué problema está hablando? ¿De mí?

 ¡Dios! ¡Qué frustración!

Señor A.

—¿Por qué siempre tienes que llegar en el peor momento? —le dije cortante mientras terminaba de vestirme. Me encontraba disgustado pero no más que ella, se nota que Hellen está ardiendo de rabia por dentro, la vena que pasa justo por el medio de su frente no deja de palpitar.

—¡¿Así es como piensas resolver el problema?! ¿Acostándote con ella? —Gruñó fuerte y se dirigió a servirse un trago—¿Crees que tú padre le agradaría saber que has perdido el negocio por una chica, una simple chica? —me gritó, Hellen no suele molestarse conmigo... Solo lo hace cuando lo ve necesario.

Suspiré.

Escuchar que mencionen a mi padre siempre me hace colocar los pies y la cabeza en tierra.

—Mi padre está muerto. Sabes muy bien que no me gusta que lo menciones—me coloque en la ventana con mis manos en los bolsillos— ¿Que quería que hiciera? ¿Que echará a Renata como una perra sucia de mi casa? —pregunté totalmente serio.

—No. —expreso serena—Renata es mi sobrina, mi única sobrina hembra, jamás haría algo para lastimarla. —suspiró—Solo quería que la alejaras de todo esto, ella merece un futuro mejor. —Dijo Hellen posando a mi lado derecho.

—¿Crees que a mi lado sufrirá? —volteo amenazadoramente hacia ella.

Ella me miró sin miedo.—Creo que a tu lado no será una chica normal. —

Caminé violentamente a mi escritorio y me senté furioso en mi sillón. Apoye mis manos en la cabeza—Ella me ama ¿Lo sabes? —

—¡Demonios Andrés! Parece un niño de 18 años.—caminó hacia mí rápido—Sabes que nadie puede amar tan rápido, solo es un espejismo que en unos días se le puede olvidar. —Dijo cruelmente refiriéndose a un antiguo amor del pasado. De cuando era apenas un muchacho.

La piel me ardía, mi dentadura estaba a punto de romperse en miles de pedazos y todo por la rabia que sentía. Aunque me cuesta confesar Hellen tenía otra vez la maldita razón.



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En el texto hay: mafia, drama, amor

Editado: 02.07.2023

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