Bajo La Luna Llena

Capitulo XVI

No quiero irme a casa y dejar a mis padres aquí, solos. 
¿Cómo llegamos hasta esta situación? hace unas semanas estábamos en Caracas, ellos de los más emocionados por venir a este país,  las oportunidades que se abrían aquí y hoy están en la UCI del hospital. Que vuelta tan inesperada.

- Vamos Sophie -dijo Alex-
Acepté ir a casa a descansar y arreglarme un poco. Milena tenía razón aquí por ahora no hacía falta, sus palabras me llenan de fé y confianza.

-Ve tranquila Sophie, -dijo Milena- todo va a estar bien.

-Hasta luego tía -dijo Alex- nos vemos en un rato -le dice a karoline-
-Hasta luego Karol, gracias por todo de verdad - dije-
-Ve tranquila - respondió dulcemente-
El rubio coloco su mano sobre mi hombro -Vamos Sophy.
El zafiro de sus ojos me alejaron de este lugar por un instante. 
- Si, si vamos.
Mí acompañante robaba miradas a su paso por los pasillos de aquel centro hospitalario.

Subí al asiento del copiloto de aquel auto negro en el cual había llegado hace horas atrás. 
El sol estaba en lo más alto del cielo y solo un poco se filtraba por los cristales polarizados del automóvil. Me peleaba con los ojos para mantenerlos abiertos, una suave música sonaba por los parlantes dificultando mi pelea con mantenerme despierta.

- ¡Mierda! me quedé dormida- mi corazón latía de prisa. -¿Donde estoy?. Quité sobre mi las suaves sábanas.

Me levanté y extrañamente el suelo estaba tibio, caminé hasta la puerta de la habitación coloque mí mano en el pomo de la puerta, – ya quiero despertar -murmuré-

La luz blanca del exterior de la habitación me segó un poco, pero me adapte rápido al cambio de luz. Un corredor largo con varias puertas de madera oscura, cuadros en las paredes, esculturas a lo largo del corredor. Una tenue melodía se escuchaba a lo lejos. Caminé siguiendo esa dulce melodía que iba acrecentando su volúmen, hasta quedar frente a una puerta a medio abrir; la melodía se detuvo. Abrí la puerta que estaba frente a mí poco a poco, al fondo de habitación había una pequeña lámpara encendida sobre una mesa o eso creo, la melodía volvió a resonar está vez más alto, las paredes estaban llenas de repisas con libros en un rincón un par de sofás, en otro rincón un gran escritorio y al fondo no era una mesa lo que estaba allí si no un piano de cola y una lámpara a un lado y allí estaba  Alex. Posó su mirada sobre mí. Sentí como mis mejillas se ruborizaban. Sus ojos se veían oscuros por la poca iluminación de la habitación.

— Disculpa me dormí en tu coche — murmuré.

— Nos puede pasar a cualquiera. No te preocupes. - dijo dulcemente -

— ¿ Dónde estamos? -Pregunte-

— En mi casa. dijo dejando de tocar el piano. Se levantó.

— ¡Que pena! Lo siento. Tomé un mechón de mi cabello y enrrollé entre mis dedos. ¿Tus papás...

— No están... nunca están - dijo- no te preocupes por eso.

— No quiero meterte en más problemas, - comenté -.

— No, lo haces - afirmó - Mi tía llamó, para saber cómo estabas y te dejo dicho que ella estaría en el hospital; que te estaría llamando para hacerte saber sobre el estado tus papás.

— Gracias. - sonreí-

Bueno era más una mueca que una sonrisa.

Ver lo golpeado que estaba y todo por mí culpa me causaba mucha tristeza. Se acercó un poco colocó su mano en mi barbilla.

— No te sientas triste—  dijo dulcemente.

Mi corazón se aceleró

Me acerqué un poco más. Su mirada se nubló y su mandíbula de apretó.

¿Está enfadado?, me confunden su actitud. Di media vuelta para salir de esa habitación. El ambiente de repente se puso un poco tenso.

— Voy a mi casa - dije - Gracia...

Sus brazos me tomaron desde atrás, me abrazo, hundió su rostro en mi cabello enmarañado.

— Te acompaño -susurró- 
— No te preocupes yo puedo... 
—Igual te voy acompañar, digas lo que digas Sophie.

— Está bien. Voy por mis zapatos -dije- caminé en la misma dirección hasta la habitación, me coloque los zapatos, Alex estaba esperándome fuera. Tomo mi mano.

— Ven es por aquí. Bajamos por unas escaleras y llegamos al living salimos de la casa. Caminamos hasta el garaje. Allí estaba el Audi cromado y una docena más de otros carros. Caminamos hasta donde estaba un Mercedes blanco elegante y lujoso.
Me abrió la puerta del copiloto. Yo subí, adentro el auto estaba espacioso y acogedor. Colocó una canción instrumental en un tono bajo, luego colocó el auto en marcha.

El recorrido de su casa si a eso se le puede llamar casa a la mía era corto.

Aparcó frente a mí casa, salió del coche y yo bajé de el también.

— Que raro, la puerta está abierta. Estoy segura que la cerré con llave.

— Debe de haber alguna explicación. -Dice Alex- 
Paso delante sigilosamente.

Yo lo seguí. Las luces estaba encendida y había olor a café recién hecho.

— ¡ Holaaa! Dije en voz alta

Alex me miró sin decir nada pero sabía lo que me intentaba decir, CALLATE. Siempre Sophie la cagas.

— ¡Mi niña! Gracias a Dios estás bien.

 




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