Bajo la niebla de Rila

Capítulo 26: El peso de la sombra

El motor de la RAM ronroneaba bajo el capó mientras mantenía la calefacción encendida, pero el calor del habitáculo no lograba apagar el fuego helado que me quemaba por dentro. Desde el asiento del conductor, a través de los cristales empañados por la ventisca, mis ojos seguían cada movimiento en el interior de la casa de madera de Mila. Vi a Boyan. Vi su postura arrogante, su sonrisa descarada y cómo se inclinaba demasiado cerca de Oriana, rozándole el hombro con una familiaridad que hizo que la sangre me latiera en las sienes con la fuerza de un martillo hidráulico.

Los instintos más oscuros y primarios de la montaña rugieron en mi interior. En este valle, las reglas no las marcaban los papeles firmados en despachos lejanos, sino el peso de la sangre y el territorio. Y Boyan estaba pisando un terreno que ya tenía dueño, aunque Oriana aún se empeñara en levantar murallas a su alrededor.

No esperé ni un segundo más. Puse la palanca en punto muerto, abrí la puerta de golpe y avancé a zancadas por la nieve hasta cruzar el umbral de la casa. El portazo hizo que los cimientos de madera temblaran, y cuando mi figura imponente irrumpió en el salón, el aire pareció volverse de plomo.

Clavé los ojos en Boyan, que acababa de retirarse de la silla de Oriana. La sonrisa burlona se le borró del rostro al instante, tragando saliva con evidente nerviosismo al ver la oscuridad absoluta que gobernaba mi mirada. Me acerqué con paso lento, felino, ocupando todo el espacio disponible entre ellos, hasta dejarlo arrinconado contra la estufa de leña.

—Parece que te aburres demasiado en el pueblo, Boyan —mi voz salió ronca, baja y letalmente calmada, vibrando con una amenaza sorda que hizo que hasta la propia Mila retrocediera un paso con los ojos abiertos como platos—. Será mejor que encuentres otra forma de entretenerte que no involucre a mi gente.

Boyan intentó mantener la compostura, levantando la barbilla con falsa bravuconería, pero el temblor en sus manos lo delataba.

—Tranquilo, Damián... solo estábamos hablando de casas, nada más —balbuceó él, apartándose de mi camino con torpeza antes de buscar una excusa rápida para largarse por la puerta trasera.

El silencio que dejó su huida fue denso y pesado. Marlen, desde el rincón del salón, observaba la escena con una expresión indescifrable, mezcla de advertencia y confirmación a las palabras que le había dicho a su hija la noche anterior. Y Oriana, de pie junto a la mesa con las mejillas encendidas por la rabia y la tensión, me devolvió una mirada de reproche y orgullo.

—No tenías ningún derecho a hacer eso, Damián —me soltó ella con los dientes apretados, cruzándose de brazos—. Vinimos a buscar una casa, no a montar un espectáculo de cavernícolas.

Me giré hacia ella, sintiendo que la paciencia con la que intentaba contener mi naturaleza se desvanecía ante su desafío.

—Ese hombre no va a volver a acercarse a ti, Oriana. No en este pueblo —le respondí con una autoridad férrea, dando un paso hacia su espacio personal—. Si queréis buscar un lugar propio, lo haréis con alguien de confianza, no con buitres que solo buscan aprovecharse de vuestra llegada.

Oriana abrió la boca para replicar, pero el destello furioso y desesperado en mis ojos la detuvo en seco. Comprendió, al igual que los demás en la sala, que conmigo no cabían medias tintas.

—Se acabó la visita por hoy —dije cambiando el tono, dirigiéndome a Marlen y a la pequeña Nikol, que miraba la escena aferrada a su osito—. Os llevé de vuelta a la casa de Stefan. Y esta vez, las opciones de mudanza las hablaremos nosotros dos a solas.

Salí del salón con paso firme, sintiendo sus pasos vacilantes detrás de mí. El hielo en el exterior crujía bajo mis botas, pero por primera vez en mucho tiempo, el frío de la montaña no era lo único que hacía temblar el aire entre los dos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.