Bajo la niebla de Rila

Capítulo 35: El fantasma del pasado

La acusación de Stefan flotaba en el aire del salón de Elena como una losa de plomo imposible de ignorar. El sello digital de Asen grabado en los terminales de los mercenarios apuntaba directamente al viejo líder del consejo de la montaña. Sin embargo, antes de que pudiera dejar salir la maldición que me quemaba en la garganta y me hacía apretar los puños hasta hacerme daño, la pantalla del portátil táctil parpadeó con un parpadeo intermitente.

​—Espera, espera un segundo... No tan rápido, jefe —murmuró Stefan, frotándose los ojos con frustración y tecleando a velocidad de vértigo sobre el teclado militar—. El código de Asen está ahí, es indiscutible. Pero hay algo en la estructura de los metadatos que no cuadra. El cortafuegos del consejo no fue vulnerado desde dentro por una llave maestra tradicional; alguien dejó una puerta trasera abierta con una precisión quirúrgica que el viejo jamás sabría programar. Esto lleva firmas de software de la escuela de inteligencia de Europa del Este. Alguien suplantó las credenciales de mi padre.

​—¿Estás completamente seguro de eso, Stefan? —preguntó Emil con el ceño fruncido, cruzándose de brazos y dando un paso al frente para inclinarse sobre el aparato—. No estamos para errores de cálculo. Si acusamos en falso al consejo, desatamos una guerra civil en el peor momento posible.

​—Absolutamente. Pero para demostrarlo sin que el consejo nos declare la guerra a nosotros mismos, necesitamos al mejor —sentenció Stefan, cogiendo su teléfono satelital con pulso firme—. Voy a tirar de una vieja agenda. Conozco a un tipo que puede rastrear la huella digital hasta el origen exacto, aunque hayan intentado borrar el rastro en los servidores de la montaña.

​Media hora después, en medio de una tensión que se podía cortar con un cuchillo en el centro de la habitación, la llamada con Boris —un viejo hacker y experto en inteligencia de la red clandestina de los Balcanes, conocido por su proverbial desconfianza hacia las autoridades— quedó establecida a través de un canal cifrado.

​—Vaya, vaya... Con que el lobo solitario de Rila me llama pidiendo favores a altas horas —la voz ronca y cínica de Boris sonó al otro lado de la línea estática—. ¿Qué pasa, Damián? ¿Os habéis quedado sin leña para el invierno o es que los contrabandistas os han pisado los talones?

​—Déjate de bromas, Boris —le corté con voz seca, baja y autoritaria, apoyando las manos en la mesa de madera—. Necesito que penetres en los registros de tránsito del consejo de la montaña y revises el archivo de autorización que supuestamente firmó mi padre la semana pasada. Dime quién demonios hay detrás del hackeo, y húndete en el tiempo todo lo que haga falta para llegar al origen.

​Al otro lado solo se escuchó el tecleo frenético de un teclado mecánico y el zumbido sordo de servidores trabajando al límite. Pasaron largos minutos de silencio absoluto en el salón, interrumpidos únicamente por el crujir de la chimenea y la respiración contenida de Oriana, que se había acercado a la mesa con el rostro tenso y los ojos fijos en la pantalla.

​—Bingo —murmuró Boris al cabo de un rato, con un tono que había perdido toda gracia—. Tu amigo Stefan tiene razón en medias tintas, Damián. El código de Asen fue utilizado, sí... pero no fue él quien lo tecleó ni quien dio la orden. Alguien clonó la firma digital usando la terminal privada ubicada en la residencia de los altos cargos. Y si nos vamos más atrás en el tiempo, tirando del hilo del servidor nodriza... Vaya. El rastro IP nos lleva directamente a un único usuario con acceso autorizado a esa zona residencial.

​—Habla de una vez, Boris —exigí con los nudillos blancos de tanto apretar el borde de la mesa de roble.

​—El infiltrado se llama Dimitar —soltó el experto desde el altavoz del terminal—. Es el hijastro de Asen. El hijo que su actual mujer trajo al matrimonio, un chico sin sangre en el consejo pero con un historial muy oscuro vinculado a redes de contrabando y mafias del este. Y si rascamos en el pasado de Dimitar... resulta que su verdadero padre biológico era un peón de alto rango del Cártel de los Cárpatos que murió en una purga fronteriza hace años, precisamente en una operación donde Asen estuvo directamente involucrado. Esto no es un simple espionaje, Damián. Es una venganza personal en toda regla.

​El nombre de Dimitar cayó como una bomba atómica sobre la habitación, rompiendo los esquemas de todos los presentes.

​—¡El hijo de su nueva mujer! —exclamó Elena llevándose las manos a la boca, con los ojos abiertos de par en par por el shock mientras asimilaba el golpe—. Es verdad... Asen conoció a su actual esposa años después de que nuestra madre falleciera. La ha amado y protegido como a nadie, y ha tratado a ese muchacho como a un hijo a pesar de su carácter turbio y distante. ¿Cómo no lo vimos antes? Si mi padre ya sospechaba algo, el dilema que tiene encima es gigantesco: elegir entre la estabilidad del consejo, su propio orgullo y la mujer a la que ama desde hace años.

​—Eso encaja a la perfección con la mirada que me dedicó esta mañana en el monasterio —mascullé con los dientes apretados, sintiendo cómo la rabia y la comprensión se mezclaban en mis sienes—. Él ya lo olfateaba o lo sospechaba de sobra, pero estaba intentando proteger a su familia de puertas para adentro, intentando manejarlo solo sin ver que el monstruo ya se nos había metido en la cocina.

​—Es una locura familiar de proporciones épicas —intervino Marlen desde el sillón, negando con la cabeza mientras se cruzaba de brazos con preocupación—. Pero ahora sabemos contra quién luchamos. Ya no es una sombra anónima dentro del consejo; tiene nombre, cara y un motivo personal para vernos arder.

​—Exacto —añadió Emil, ajustándose la correa de la chaqueta con gesto decidido—. Si Dimitar está filtrando los accesos al Cártel, van a intentar un golpe mayor, pero no creo que sea esta misma noche. Los mercenarios acaban de sufrir bajas importantes en el asalto a vuestra casa; necesitan reorganizarse, reabastecerse y planificar un movimiento en firme. Tienen los días contados, sí, pero eso nos da una ventana de tiempo vital.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.