Bajo la piel del alfa

Capitulo 03:Tristán Arlo

Era predecible, lo sabía en cada pensamiento que se sumaba a la agonía de la desobediencia.

El pueblo estaba desprovisto de personas, todos ya estaban en casa descansando, a excepción de los guardias que me acompañaban, desde que nací supe que mi vida estaba condenada a esperar a un rey que tal vez nunca aparecería a reclamar el trono.

Ahora, había uno. Cuya presencia hacia desbordar miedo en cada persona que tenía cerca, a mi, al parecer no me afectaba tal descubrimiento de su poder. Era un Introm, más que asustarme su presencia parecía reconfortarme y completar esa pieza que siempre faltó en mi interior.

Y parece que no le bastaba con tener a todos bajo una inquietud constante, su poder estaba desbordado. Manteniendo a todos en el castillo al tanto de su presencia. Lo habían mantenido en una celda por tres días y dos noches, se suponía que iba a ser la tercera pero convenció a Artavius de hablar, me mandaron fuera de los terrenos del castillo.

Conocía la historia, había un juego entre los dioses y las estrellas, y un animal feroz y destructor salió del rencor que se creo entre el día y la noche, por ello castigaron a la población de seres que habían creado. Pero la historia no se piensa repetir está vez por eso habían altares al sol y la luna. Ahora yo les rezaba a los dioses que antes me parecían no más que parte de una historia antigua que era mentira.

Nos habíamos quedado parados frente a la estatua antigua de la diosa que muchos habían dicho ver. Pero los habitantes de un reino en ruinas no son confiables.

Mi mirada estaba en la nada, escuchando a Chance hablar quizás con los demás guardias que nos rodeaban, no habían pensamientos claros en mi cabeza, solo confusos que me daban más miedo cada vez. Ya no sentía mi conexión con Vylkar y los supresores que mantenía mis feromonas escondidas me hacían más débil cada vez, por eso quería irme a la frontera con el aquelarre más antiguo de estás tierras. Cada vez que estaba convencida, algo me retenía en este pueblo.

El viento era cada vez más lento, los faroles se mantenían encendidos por segundos, mi estómago se sentía pesado después de mi encuentro con él. Y una sublime presión en la parte trasera de mi cuello, dónde estaba la marca de la manada.

Los corset cada vez se hacían más incómodo y los vestidos más grandes como si prepararme y hacerme parecer una muñeca de porcelana estaba en algún plan futuro para mantenerlos en el poder.

—Verena, es hora de volver —la sinceridad había pasado a segundo plano en sus palabras.

Quería decir algo más, tal vez un "no será tan malo" pero siempre era malo, siempre era yo la que estaba en el centro de las miradas. Un asentimiento corto fue lo que recibió de mi, cada paso resonaba en las calles vacías, los conejos salvajes que venían del bosque a buscar comida en la huertas adyacentes a la arboleda salieron corriendo por el sonido de nuestros pasos y la presencia de más de una persona.

Hace tiempo que no había ninguna emoción inmediata que pudiera eclipsar mi mente y alejarme de cada pensamiento racional. Tenía una emoción innombrable que aumentaba con cada paso hacia lo que se suponía que era mi hogar.

Las grandes puestas de hierro estaban abiertas al pasar, alguna parte de mi noto ese detalle, aquí el césped era verde lleno de flores y pequeños animales en la tranquilidad de una seguridad puesta a prueba. Los practicantes rodeaban cada tramo descubierto que pudiera haber en un lugar como este, todo pasa muy rápido frente a mis ojos, no había tiempo de detallar nada a mi alrededor porque Chance y otro guardia agarraron mis brazos justo al cruzar el umbral de sauce blanco.

Las antorchas eran de una época medieval por que todo aquí parecía conservar ese estilo rústico. Aunque todo había avanzado fuera, aquí cada vez eran menos los cambios que se podían admirar.

Mi cuerpo se ponía más débil con cada paso, habían encendidos velas aromáticas de juk. Un tranquilizante muy fuerte para un simple Omega, mi resistencia estaba sobre valorada en este momento, el pasillo por el que me conducían ya sin más nadie que ellos y yo que con cada paso nos acercaba a las celdas.

Mis ojos se cierran micro segundo, la intolerancia al juk era evidente con cada segundo que pasaba, cuando los abro aun con la mente vagando en la inconsciencia ya estoy frente a él, sin nadie dentro de este agujero. No más que él y yo aquí, encerrados y con una maldita hierba que drogaba cada uno de mis sentido hasta dejarlos inservibles.

—¿Algo te divierte? —su voz, insolente me saca del trance, haciéndome parpadear hasta comprender sus palabras.

Estaba riendo, no se por cuanto tiempo, o porque mierda esa estúpida hierba me había drogado tanto como para hacerme tan inservible que ni para preguntar porque estaba aquí.

Sin negarlo sentada en el suelo mohoso me quedo viendo como él está atado de pies y manos con grandes cadenas de plata y Dirum, algunas hierbas para calmar a su lobo y que por más este indefenso. Su ego estaba por los cielos, lo más tranquilo que había estado en los cinco minutos que llevamos mirándonos ha sido refrescante, boca sellada y ojos azules está vez, cambiar de personalidad al parecer era otra de sus virtudes.

—Así que, Tristán Arlo —murmuro fingiendo entusiasmo—. Compartimos celda, yupi.

Levanto mis brazos lo máximo que mi cuerpo drogado me lo permite. Su entre dejo se frunce visiblemente, y un gruñido bajo se escucha más allá de este recinto.

—¡Dejad de mirarme! —su rabieta provoca una risa mas grande en mi, otro rugido mas grotesco sale de el despejando por completo mi cabeza de la droga de la hierba—. No soy el bufón de la corte para que te rías de mi.

—Hablas como mi abuelo, y el gran viejo tiene como mil años —menciono de paso antes de que un hipo incontrolable me atrape, una sonrisa se extiende por sus labios antes de romper las cadenas.

El chasquido es instantáneo, el aire se funde con mi propio miedo como si mi cuerpo lo reconociera antes que mi mente, el no olía no había un aroma el cual reconocer no como la primera vez en el altar en aquel día un par de olores se habían fundido con el viento no mas que almíbar, chocolate y pino. Ahora en estos instantes no podía leer sus emociones sin mi olfato y estaba realmente en problemas sin Vylkar porque sin sus feromonas todas las emociones que tengo se transmiten por su olfato sin problema. Sin quererlo su cuerpo esta sobre el mio en segundos luego de dejar atrás lo que lo aprisionaba a la barroca y su rabia se desborda en sus ojos.




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