Beach Buggy Racing: El Arco de las Islas Misteriosas 2

CAPÍTULO 13: LAS ELIMINACIONES

I.

La notificación de las eliminaciones llegó con un formato diferente a todas las anteriores.

No el azul habitual del círculo del logo de BaeSoft. Esta vez el fondo era negro, con el logo en blanco, y la tipografía era la misma pero con un peso visual que hacía que cada palabra ocupara más espacio del habitual. Era la presentación de algo que la empresa quería que los pilotos leyeran despacio.

La temporada regular ha terminado. Los dieciséis pilotos han competido. Los puntos acumulados determinan el orden de las eliminaciones. A partir de ahora: octavos de final, cuartos de final, semifinal y final. Cada ronda elimina a la mitad. La gran final será entre dos pilotos. Solo uno ganará el campeonato de la segunda temporada.

Las pistas de las eliminaciones serán elegidas por sorteo. El mazo de potenciadores es libre: sin restricciones. Las habilidades especiales: sin restricciones.

Que gane el mejor.

Rez leyó la notificación en la cama de su habitación en Home Hud, con el cuaderno cerrado a su lado y el teléfono en la mano, a las seis de la mañana de un día que todavía no había decidido qué tipo de día quería ser.

Miró la tabla de clasificación que aparecía debajo de la notificación.

Primero: Rez. Segundo: Leilani. Tercero: El Zipo. Cuarto: Leeta. Quinto: Clutch. Sexto: Roxie. Séptimo: B'Zorp. Octavo: Mikka. Noveno: Oog-Oog. Décimo: Mr. Happy. Undécimo: Beach Bro. Duodécimo: Disco Jimmy. Decimotercero: BeatBot. Decimocuarto: McSkelly. Decimoquinto: Cmdr. Nova. Decimosexto: Benny.

Dieciséis pilotos. Ocho partidos en los octavos. Luego cuatro. Luego dos. Luego uno.

Rez miró su propio nombre en la parte superior de la tabla.

Lo había buscado durante toda la temporada no como destino sino como resultado: cada carrera corrida hacia la mejor versión de sí mismo había producido ese número, ese primer lugar en la tabla, y ahora ese número se convertía en el punto de partida de la fase que importaba más.

Guardó el teléfono.

Abrió el cuaderno.

Escribió: Eliminaciones. Octavos: dieciséis a ocho. Cuartos: ocho a cuatro. Semifinal: cuatro a dos. Final: dos a uno.

Y debajo, con la letra más pequeña que usaba para las cosas que eran verdad antes de que fueran plan: Quiero llegar a la final. Quiero correr la final. Y si la final es contra Leilani, que sea la mejor carrera que ambos hemos corrido.

Cerró el cuaderno.

Se levantó.

Fue a desayunar.

II.

Los octavos de final se corrieron en dos días: ocho partidos, uno a uno, en pistas elegidas por sorteo que la app reveló con la anticipación de cuarenta y ocho horas que la Liga había establecido como el tiempo justo para preparación sin que fuera suficiente para la preparación excesiva que paraliza.

El partido de Rez en los octavos fue contra Benny.

Decimosexto contra primero. Era el emparejamiento más desequilibrado en papel de todos los octavos, que era exactamente por lo que Rez lo miró con más atención que si hubiera sido contra un rival de clasificación más alta. Benny en la temporada regular había sido consistentemente más bajo en la tabla de lo que su talento justificaba, que era una observación que Rez había guardado durante meses sin saber exactamente qué hacer con ella.

La pista por sorteo: Scorching Sands.

El desierto de Egipto con sus pirámides y sus estatuas de faraones y sus alacranes normales y gigantes que Clutch conocía bien aunque por razones diferentes a las de los demás.

Rez pasó la tarde anterior al partido en la app revisando las notas de Scorching Sands que había acumulado: la arena suave que hacía que los derrapes funcionaran diferente que en el asfalto, la sombra de las pirámides que en ciertos tramos del circuito cambiaba la visibilidad, y los alacranes, que aparecían como el gusano de Dryptopia o el yeti de Blizzard Vale: en sus propios momentos, con sus propias reglas, independientes de la carrera pero parte de la pista.

El atajo de Scorching Sands pasaba por el interior de una de las pirámides menores: una entrada baja en el lado norte que llevaba por un corredor de piedra en oscuridad total durante seis segundos y que salía en la sección posterior del circuito, ganando dos posiciones si se tomaba en el momento correcto de la vuelta.

Seis segundos de oscuridad. Más que el atajo de Spooky Shores, más que la grieta de Gold Rush Ridge. Los seis segundos más largos en cualquier atajo que Rez había corrido.

Necesito el sistema de posición del panel, escribió en el cuaderno. Y necesito conocer el corredor antes de usarlo en velocidad de carrera.

Hizo la vuelta de reconocimiento de Scorching Sands al día siguiente con esa atención específica al atajo: entró despacio, sintió el corredor, contó los seis segundos en la oscuridad de la pirámide con la barra de posición como único instrumento, salió.

Era manejable.

No cómodo. Pero manejable.

La carrera contra Benny en Scorching Sands comenzó con esa particularidad de los partidos uno a uno en las eliminaciones: toda la intensidad de la competencia concentrada en dos personas sin el pelotón que la distribuye y la diluye.

Benny en Scorching Sands era diferente a Benny en las pistas de las islas o en las pistas del mundo. No de manera llamativa: no se volvió más rápido ni cambió su estilo de conducción. Pero había algo en su manera de estar en esa pista que era más presente que de costumbre, como si el desierto de Egipto con sus pirámides y sus estatuas de faraones resonara con algo en Benny que Rez no podía nombrar pero que registraba.

El Cañón de Zanahorias fue lo primero.

Salida de la carrera, primera curva, Benny activó la habilidad especial hacia adelante: las zanahorias gigantes saliendo del Grim Rod en dirección a Rez que iba delante con el impulso del segundo inicial.

Rez esquivó las primeras tres con el derrape hacia la derecha. La cuarta lo alcanzó en el lateral del buggy.



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Editado: 28.09.2026

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