I.
La primera sesión de entrenamiento en las pistas nuevas comenzó a las nueve de la mañana con todos los pilotos reunidos en la playa norte de Home Hud, que era la playa más ancha de la isla y la que tenía el acceso más directo al punto de entrada de la primera pista acuática.
Rez llegó con el traje de entrenador y el cuaderno en el bolsillo trasero y esa sensación específica de estar de pie frente a un grupo que conoce bien y que al mismo tiempo lo mira desde un ángulo diferente al habitual, que era exactamente la sensación que había descrito al escribir sobre la diferencia entre ser rival y ser entrenador.
Leilani estaba a su lado, igual que siempre en los últimos meses, con su propia tablet con los datos técnicos de cada pista y esa calma suya que en este contexto era el complemento correcto para lo que Rez traía.
Dieciséis pilotos más los cuatro nuevos: veinte en total. La temporada más grande en la historia de la Liga, que era coherente con el aniversario de treinta años y con lo que BaeSoft® había prometido en la carta del círculo azul cuando todo esto empezó.
Rez los miró.
Las caras conocidas: El Zipo con los brazos cruzados y la máscara y esa concentración de quien ya quiere estar en la pista antes de que nadie explique nada porque El Zipo aprende haciendo. Mikka al lado de Chicken Boy con el gorro de monstruo y la energía de siempre. Clutch con el casco negro y las gafas verdes y esa quietud del desierto que en la playa de Home Hud tenía un contraste visual que era completamente él. Leeta con los cascos verdes en las orejas procesando ya la información del ambiente. B'Zorp en su traje naranja espacial con los ojos enormes que captaban todo. McSkelly con el sombrero pirata y esa permanencia de siglos. Mr. Happy con la calabaza brillando suavemente en la mañana.
Y Mec. Leto al fondo del grupo.
Con la gorra hacia atrás y los ojos de fuego verde.
Mirando a Rez con esa atención que tenía algo diferente a la atención de los demás y que Rez seguía guardando sin poder nombrarlo todavía.
—Buenos días —dijo Rez.
El grupo respondió con la variedad de respuestas que produce un grupo de veinte personas de lugares distintos: algunas verbales, algunas gestuales, la barra del ecualizador de BeatBot en modo de saludo.
—Esta temporada es diferente —dijo Rez—. Todos lo saben ya por la app y por lo que les contó Ruby ayer. Pistas que no existían antes. Sistemas que no habían usado. Un aniversario que cambia el contexto de todo.
—¿Cuántas pistas nuevas? —dijo Rosita Fabor, desde el centro del grupo.
Rez la miró.
Mable.
Rosita Fabor.
Todavía le tomaba un momento acomodar las dos en el mismo espacio aunque lógicamente supiera que eran la misma persona.
—Varios tipos nuevos —dijo Rez—. Hoy empezamos con las acuáticas porque son las que requieren más adaptación. Mañana las de aire. Luego las mixtas. Las terrestres nuevas las conocerán en las primeras carreras oficiales.
—¿Qué requiere más adaptación de las acuáticas? —dijo Dra. Volt, con esa prontitud suya de quien ya tiene las preguntas preparadas.
—La lectura de la pista bajo el agua —dijo Leilani, antes de que Rez respondiera, con la precisión de quien ha pensado exactamente esto—. En tierra uno lee la pista con los ojos y con el cuerpo. En el agua la densidad cambia la información que el cuerpo recibe. Lo que parece una curva suave puede tener una corriente lateral que la hace diferente.
—¿Hay corrientes reales en el circuito? —dijo Kai, con ese interés específico de alguien que conoce el agua de otra manera.
—En algunos puntos sí —dijo Rez—. Las pistas acuáticas de BaeSoft® están diseñadas con el terreno natural del fondo marino. No se aplanó ni se modificó más de lo necesario. La topografía es real.
Kai asintió con ese reconocimiento del surfista que sabe que el agua real es siempre más compleja que el agua diseñada.
—¿Y los buggies? —dijo El Zipo.
—Los verán en un momento —dijo Rez—. El sistema de conversión es automático después de la activación. Presionan el botón en el punto designado y el buggy hace el resto. Lo que cambia es cómo manejan después de la transformación.
—¿Cuánto tarda la transformación? —dijo Leeta.
—Dos segundos —dijo Rez—. Durante esos dos segundos el vehículo no responde a los controles. Es el punto más vulnerable de la transición.
—¿Dos segundos en medio de una carrera? —dijo Roxie, con esa practicidad suya que siempre iba directo al problema real.
—Dos segundos en el punto de activación que está diseñado para que no haya rivales inmediatamente detrás —dijo Rez—. Pero en las eliminaciones cuando el pelotón está compacto, esos dos segundos pueden ser la diferencia. Por eso el mazo para las pistas acuáticas tiene consideraciones específicas.
Mec. Leto, desde el fondo del grupo, escuchaba con esa atención que tenía algo de orgullo en los bordes que Rez no supo leer todavía de la manera correcta.
—¿Empezamos? —dijo Rez.
El grupo se movió hacia los buggies que el equipo técnico había preparado en la línea de playa.
II.
La primera entrada al agua de veinte buggies de distintos tipos fue exactamente lo que Rez había anticipado y completamente lo que no podía haber anticipado completamente: la parte técnica fue como la habían ensayado él y Leilani en los días previos, con las transformaciones ocurriendo en los dos segundos correctos y los sistemas de propulsión acuática activándose con esa fluidez de la ingeniería bien hecha.
La parte humana fue otra cosa.
Mikka, bajo el agua, olvidó momentáneamente que el Mordisco Monstruoso no funcionaba en el agua de la misma manera que en tierra y lo activó en el primer grupo de burbujas acuáticas que encontró: las cabezas de monstruo verdes salieron y en la densidad del agua se movieron diferente, más lentas, con un radio de alcance reducido pero con un efecto visual que en el agua era considerablemente más dramático que en tierra. La cabeza de monstruo se detuvo a un metro de Chicken Boy que estaba justo delante de ella y que la miró a través del agua con esa expresión que era difícil de leer a través de los dos cascos y las burbujas.
Editado: 30.10.2026