Bebé y Mamá de Conquista

Secuestro

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Mauricio

—¿Qué harás si ella te rechaza? —Le pregunto al sujeto rubio que va a mi lado en el asiento del copiloto. Es una pregunta necia porque sé de sobra la respuesta.

—Su rechazo no es opción para mí. Sé que es terca, pero aunque tenga que encerrarme con ella por toda una eternidad, hasta que entienda que no pienso renunciar a un nosotros juntos, lo haré. Ella es mi mujer y no permitiré que se case con nadie más, que no sea conmigo. —Responde seguro.

—Qué bien que estés tan decidido porque empieza la acción —comento, frenando en seco la camioneta, atravesándome en la mitad de la carretera para hacerle la encerrona a la limusina que trae en su interior a una novia que iba rumbo al altar.

Oliver, mi hermano, me mira por un breve momento, antes de abrir la puerta dispuesto a ir por lo suyo. De la nada, como si fuera una bendita cruz que cargó a todos lados, los gritos de cierta chica llegan a mis oídos, y eso es todo lo que necesita mi corazón para acelerarse. Mi sangre arde en mis venas cuando la recuerdo, tenso la mandíbula y cada vello de mi cuerpo se eriza en respuesta.

—¡Maldita sea! Estoy tan jodido por esa mujer que hasta empiezo a soñar con ella estando despierto. —Maldigo por lo bajo.

—Ey… No estás alucinando con ella. Nyss está en el auto acompañando a Emma, y está gritando como una loca porque no nos ha visto y piensa que somos unos delincuentes que las vamos a matar —aclara mi hermano, cuando se baja de la camioneta.

No tengo tiempo de preguntarle nada, porque a grandes zancadas se dirige al coche en busca de la mujer que ama. Emma Ferrer, la chica que pensó casarse hoy, estoy seguro, no se imaginaba que iba a ser raptada por el hombre que juró, que no la perdería.

Veo por el retrovisor donde Oliver se aproxima a la limusina, y sin poder controlarlos, mis ojos se inquietan por querer traspasar los vidrios oscuros para ver a quien ya no tengo permitido. No debo siquiera mirar a esa exnovia que un dia fue mi todo, y de repente, se apartó de mi vida llevandose un pedazo de mi alma con ella.

Intento frenar mi pensamiento y todas la emociones que me embriagan por saber que Nyssa Comvel está a solo unos pocos metros de mí. Mi corazón se revienta contra mi pecho, reiterando lo que ella despierta en mi ser, mientras mil recuerdos de nosotros juntos invaden mi memoria; al instante, mi piel arde, mi pecho se agita, y juro que me vuelvo loco. Literalmente, mi cerebro hace coro circuito cuando el pasado y todo lo que fuimos ella y yo, viene a mí.

—¡Al diablo, la prudencia! No puedo ser prudente cuando se trata de ella. Tanto tiempo sin verla para ahora tener que tragarme estas malditas ganas que me carcomen — Mis pensamientos salen en voz alta, y mando al carajo mi cordura, cuando sin analizar absolutamente nada también bajo de la camioneta, camino a toda prisa hacia la limusina, veo que Oliver ya está sacando a su mujer y se la sube sobre los hombros enredándose con el largo vestido blanco de encaje. Emma le grita y lo regaña por querer robársela, él hace caso omiso a sus reclamos, y sin importarle nada camina con ella a cuestas.

Mientras, yo… Estoy más jodido que mi hermano, porque… Nyssa Comvel ya es una mujer casada. Hace tiempo ella era mi vida, y se alejó de mí cuando más enamorado estaba para casarse con otro. Desde entonces juré odiarla, pero… Heme aquí, congelando mi odio por un momento, porque mi necesidad de tenerla, por lo menos una vez más, es más fuerte que todo.

Freno mis pasos cuando llego a mi destino, abro la otra puerta trasera del lujoso coche, y el chofer sale con las manos en alto, haciéndose el loco, porque es nuestro cómplice en este secuestro. Mi mirada se conecta de inmediato con los iris incrédulos de la dama de honor de la interrumpida boda.

—¿¡Tú!? —Esa sola sílaba es lo único que alcanza a decir, porque sin que se lo espere, la agarro por un pie, la jalo hacia mí, la saco del auto, y como si no fuera suficiente con que mi hermano se robe a la novia, yo secuestro a su mejor amiga.

—¡Mauricio! ¿Qué demonios haces? ¿Por qué me secuestras a mi tambien? Esto no tenía que suceder así, yo... — Mis oídos se hacen sordos con todo lo que va gritando la chica que llevo sobre mis hombros.

Apago mi cerebro para no escucharla, porque si lo hago, la rabia congelará mis ganas de tenerla cerca por lo menos un momento. No pido más que eso con ella, solo un momento, para ver si así me despido de este maldito recuerdo que me tiene enfermo. Solo deseo un momento a solas con ella para decirle adiós, porque ilusamente, siento que solo asi podré continuar con mi vida sin que me duela el alma.

Llego a la enorme camioneta negra de vidrios polarizados, abro la puerta trasera, y sin importarme sus gritos ni sus reclamos, meto sin tanto cuidado a la mujer que me mira sin poder creer que esté actuando así. Ni yo mismo puedo creer que esté haciendo esto.

Me apresuro a subir a mi puesto, pongo el seguro para niños para que no se nos escapen, aferro con más fuerza de la debida mis manos al volante. Mi hermano, despues de comerse a besos los labios de la novia furiosa, se sube al asiento del copiloto, y observa a Emma por el retrovisor. Ella va roja de la rabia, mientras él le sonríe con descaro porque juró impedir su matrimonio, y lo hizo.




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