Nabil la observó, aturdido.
—¿Odile?
—Lo siento, yo… Recordé algo…—sonrió, nerviosa—. No tiene importancia ahora. Podremos conversar sobre eso en otra ocasión.
—Si tiene algo que ver con nosotros, me gustaría conversar ahora —expuso él con suavidad—. Odile, sé que hay muchas cosas que debo decirte, pero no me gustaría que existiera algún malentendido entre nosotros.
—Descuida, no tiene que ver con nosotros — “Tiene que ver conmigo”, pensó ella—. Podemos hablarlo luego, ¿sí? No quiero arruinar nuestro primer día de novios.
Para Nabil aquella palabra fue como un interruptor que apagó todo lo demás. Sonrió, embobado.
— “Novios” —saboreó la palabra como si fuera una completa delicia—. Me gusta.
Odile sonrió, sonrojada.
Su teléfono comenzó a sonar repentinamente. Vio el nombre de Gretel en la pantalla.
—Hay muy buena señal aquí —comentó.
—Es porque ni siquiera estamos en los alrededores de la verdadera profundidad del bosque oscuro —repuso él, aproximándose a ella. Descansó la barbilla sobre el hombre de Odile e hizo un puchero—. No contestes. Es nuestro primer día juntos.
—Gretel no suele llamarme. Debe ser urgente —El puchero de Nabil se acentuó—. Seré rápida.
—Está bien. Me gustaría recoger muestras de hongos contigo. Quizás puedas estudiarlas en el laboratorio.
—¡Sí! —exclamó, emocionada.
Nabil dejó un beso en su mejilla y se apartó.
—Entonces no tardes.
Odile apenas y pudo asentir debido a la vergüenza.
—Ho-hola, Gretel —balbuceó, aún nerviosa por lo que acababa de ocurrir—. ¿Está todo bien?
—¡ME FUE INFIEL, ODILE! —Apartó su teléfono al oír el grito envuelto en llanto—. ¡HAMLEN ME FUE INFIEL!
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Nabil casi arrastraba los pies por la acera, completamente derrotado. Miró a Odile, devastado.
—¿Acaso ese matón no pudo escoger otro día para ser un imbécil?
—Nabil, no seas insensible.
El príncipe resopló—. No me malentiendas. Lo siento por Gretel, pero se suponía que pasaríamos todo el día juntos. Tenía planeado ver una película maravillosa contigo… —masculló.
Odile sonrió, enternecida—. Eso es muy lindo de tu parte, pero Gretel me ha acompañado desde que llegué aquí y pasar una noche con ella es lo menos que puedo hacer. El resto de las chicas también irá. Será en la casa de la profesora Peterse.
—Volveré a sonar como un completo insensible, pero que la pijamada sea en casa de la señora Peterse puede ser una oportunidad para que puedas intentar conseguir información de los libros que compilaba su padre —expuso.
—Vaya, no había pensado en eso. Intentaré conseguir algo.
Nabil asintió y se aproximó a ella. Habían vuelto a casa de Odile y se encontraban junto frente a la puerta. El príncipe le tendió las muestras de los hongos que habían recogido del laboratorio y tocó la punta de la nariz de Odile con su dedo.
—Aunque sé que es una pijamada, por favor intenta descansar. Y envíame la dirección. Mandaré unas golosinas para ti y las chicas. Nada mejor que el dulce para curar los corazones rotos. ¿Quieres algo en específico?
—Me gustan los dulces ácidos. Y Gretel ama el helado de maní. Eleanore come lo que sea y no se me cruza por la cabeza que podría preferir la profesora Peterse.
—Ya se me ocurrirá algo. Descansa —Nabil se inclinó para besarla, pero Odile se apartó, logrando que él frunciera el ceño—. Bretson…
—¿Puedo pedirte otro favor?
—Creo que sé lo que quieres y me niego rotundamente.
—Por favor, Nabil. ¿Podemos mantenerlo en secreto por ahora?
El rostro de Nabil se deformó, como si lo hubieran acuchillado.
—¿“Secreto”? —pronunció las palabras como si fuese un fruto lleno de espinas en su boca.
—Aunque la mayoría no lo sepa, existe un conflicto de intereses.
—¿Cuál conflicto de intereses? ¿Qué eres una Dríades y yo un Pendragón?
—Que el príncipe regente, quien es mi jefe de laboratorio, es tu tío —expuso ella—. El resto de mis compañeros pensará que conseguí el puesto como asistente solo porque eres mi novio.
—Por favor. Prefiero eso a que piensen que conseguiste ese puesto de asistente solo porque la alcaldesa sabe que le gustas a su hijo. Razón que sí es cierta—expuso molesto.
Los hombros de Odile recayeron.
—¿Entonces crees que no pude haberlo conseguido por mis propios méritos?
El príncipe suavizó sus facciones al escuchar el tono desanimado de Odile.
—No quise…—suspiró e intentó calmar sus celos—. Sabes que no es lo que quise decir. No está mal tener contactos, Odile. Y por supuesto que lo conseguiste por tus propios medios. La alcaldesa no te hubiera recomendado de no conocer lo trabajadora que eres y honestamente, los asistentes de mi tío no duran más de una semana. Tu permanencia allí habla por sí sola.
—¿Lo dices en serio?
—Por supuesto —respondió, rendido—. Pero me molesta que uses una excusa tan vana solo para ocultar que la verdadera razón por la que quieres mantener esto en secreto es por la rivalidad en nuestras familias.
—Eso no es—
—En cualquier caso, nadie sabe mi parentesco con el príncipe regente.
—El príncipe regente lo sabe.
—Entonces esto sí tiene que ver con las rivalidades de nuestros apellidos.
—Has sido tú quien me ha advertido del carácter de tu tío. ¿Qué crees que pasaría si se enterara de que estás saliendo con una Dríades? —cuestionó.
—Me encargaría personalmente de que nada ocurriera.
—Lo que menos deseo es que libren una guerra por mí. Creo que ya hemos tenido suficiente de esa historia en Barley —resopló con desgana—. Y luego…, está mi padre.
—¿Piensas que no voy a agradarle?
—A mi padre no le agrada nadie más que yo.
—Bueno, ya somos dos.
—Nabil —le reprochó.
—Que empatice con las emociones de los demás no significa que quiera convivir todo el tiempo con ellas —se excusó—. Pero entiendo tu punto. Aunque no lo comparta. —Suspiró fastidiado—. Hagamos un trato; una vez que descubramos la verdad sobre nuestros ancestros, le diremos a todos de nuestra relación.
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Editado: 10.10.2026